CLARIDAD Y ELEMENTOS EN MAGIA

claridad y elementos en magia

La claridad lo es todo. La claridad es esencial.

Si no hay claridad, no hay efecto.

¿Pero cómo definiríamos la claridad?

La claridad es la característica de un efecto que se entiende y constata con facilidad.

Además, no sólo tiene que ser claro el efecto, sino también las condiciones que lo hacen imposible.

Normalmente, cuando un juego es claro, un persona que lo ha presenciado puede describírselo a otra en muy pocas palabras.

La claridad se puede estudiar a muchos niveles: en relación con los elementos, en relación con el espacio, en relación con el tiempo. También puede estudiarse en relación con la memoria, con la repetición y con la capacidad de atención de los espectadores.

En este artículo te voy a hablar de un aspecto esencial: claridad y elementos en magia.

Te voy a dar 8 consignas para optimizar la claridad en relación con los objetos o elementos que uses en tu sesión.

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10 FALLOS DE LIMPIEZA QUE TIENES QUE EVITAR por Mariano Vílchez

joaquín matas

La limpieza es uno de los pilares fundamentales de una buena construcción.

¿Pero qué es exactamente la limpieza?

Yo definiría la limpieza como la cualidad de un juego que, por su construcción y manejos, en ningún momento genera en el profano dudas ni sospechas no resueltas, de modo que el juego va fluyendo de principio a fin, sin que en ningún momento el espectador se cuestione nada de lo que el mago dice o hace (salvo por estrategia deliberada del mago).

Un fallo de limpieza puede acabar por completo con la atmósfera magia.

Y es muy fácil cagarla. No hace falta cometer un fallo garrafal. Un simple detalle puede echar por tierra todo el castillo de naipes.

Como diría Miguel Gómez:

Lo peor no es que se vea, lo peor es que se sienta.

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EL GESTO MÁGICO por Mariano Vílchez

el gesto mágico www.tarinda.net

El gesto mágico es un gran potenciador de impacto, pero normalmente no le damos la importancia que se merece. A menudo no consiste más que en un simple e intrascendente chasquido de dedos o, a lo sumo, en algún sonido bucal, del cual muchas veces el mago ni siquiera es consciente.

En un juego bien estructurado, el gesto mágico suele darse una vez que se ha realizado la trampa y (normalmente) tras haberse establecido algún tipo de falsa continuidad o acción de continuidad aparente (técnica, argucia o recurso psicológico que demuestra o sugiere que la situación inicial sigue siendo la misma a pesar de la trampa).

Imaginemos un juego en el que descargamos una moneda al regazo al ir a cogerla de la mesa con la mano derecha. Tras la descarga, dicha mano finge un falso depósito a la mano izquierda. En realidad este falso depósito es un bluff, ya que la mano derecha está vacía por la descarga previa y no tiene moneda alguna que depositar en la mano izquierda. A continuación reajustamos los dedos de la mano izquierda como recolocando la inexistente moneda (acción de continua aparente psicológica).

Finalmente llega el momento decisivo. Sabemos que la moneda ya no está en la mano, pero para el espectador –si hemos hecho bien las cosas-  sí que sigue estando en ella. Por lo tanto, para ser coherentes con la vida externa del efecto (o punto de vista del espectador), tenemos que generar una causa para que la situación cambie mágicamente para él.

Y esa causa es el gesto mágico.

Podemos por ejemplo soplar sobre la mano, imaginando que la moneda se deshace en humo con nuestro soplo. Sentimos su desaparición. Es el instante del ya referido punto g (momento en el que sucede la magia). Ahora abrimos la mano izquierda. Está vacía. En un gesto expresivo se muestran ambas manos vacías.

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