EL SÍNDROME YA LA TIENE ARRIBA (2ª PARTE):

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Vamos hoy con la segunda parte del artículo El síndrome “ya la tiene arriba”. La primera parte consiguió un récord inusitado de lecturas, lo que me anima a completarlo con esta segunda parte que espero disfrutes tanto como la primera.

En la primera parte, vimos la problemática que surgía de realizar un control demasiado inmediato al devolver una carta a la baraja, lo que podía dar lugar a la sospecha que da nombre al síndrome.

Vimos y desarrollamos los siguientes puntos.

1. Coloca un paréntesis de olvido cuando devuelvan la carta elegida a la baraja.

2. Controla la carta posición TOP 2 o TOP3.

3. Retorna a la bendita carta guía.

 

Prosigamos desde aquí:

4. Recurre a los desusados vistazos.

El vistazo es una técnica muy poderosa aunque poco usada, a pesar del amplio abanico de manejos de la misma, quizá porque priman otras opciones más valoradas (control, forzaje, etc).

Recordemos que un vistazo es ver secretamente la carta que se ha elegido o –a veces nos anticipamos-  la que se va a elegir. También podemos considerar vistazo el echarle un ojo discreto a la carta que va a hacer de carta guía para localizar la carta elegida.

Te invito a revisar las técnicas de vistazo y a atreverte a probarlas en alguna de tus rutinas. Encontrarás algunas de ellas en el libro Cartomagia Fundamental de Vicente Canuto o los manuales de Giobbi.

Para terminar esto punto, voy a compartir contigo un par de vistazos que están entre mis favoritos.

Vistazo latigazo

Esta técnica la aprendí en los noventa en un vídeo sobre vistazos de un francés llamado David Roth (sí, igual que el maestro de monedas).

El espectador mezcla la baraja y te la entrega de dorso, colocándola sobre la mesa. Entonces, con la mano derecha empiezas a coger cartas de la baraja y a echarlas una a una -y de dorso- en otro lugar de la mesa formando un paquetito.

Le dices al espectador que te pare cuando quiera. Cuando lo hace, levantas la carta para que tome nota, sujetándola por la esquina superior derecha, índice y mayor delante y pulgar detrás.  Al tiempo que le pides que se fije en la carta, colocas el dedo mayor detrás de la carta y das un par de golpes con él a la carta, de atrás adelante.  El impacto combará hacia arriba la parta inferior de la carta hacia adelante por un instante, lo que te permitirá una visión fantasma de la carta.  Pruébalo y verás. Son dos golpes secos, como un par de latigazos, el dedo golpea y rebasa la carta.

La única pega de este vistazo es que si hay demasiada luz delante de ti, la imagen de la carta se hace difícil de distinguir. Procura, pues, no estar frente a una ventana por ejemplo. En cuando hagas unas cuantas pruebas, entenderás cuál es la iluminación máxima que te puedes tolerar.

Retomando la secuencia, vas echando cartas hasta que te paran. Levantas la carta y pides que se fijen en ella (dando los golpecitos del vistazo para enfatizar la frase). En cuanto has tomado nota de la carta, giras la cabeza a un lado como para dar a entender que no quieres mirar. Entonces, con la cabeza aún girada, echas la carta de dorso sobre el paquete de cartas echadas y luego encima el resto de la baraja, empujándola hacia el espectador para que mezcle.

El mantener la cabeza girada desde el momento del vistazo contribuye a crear la sensación de que estuvo vuelta en todo momento. Independientemente de este detalle, el vistazo es demoledor en sí. Pruébalo ante un espejo, comprobarás que es inimaginable que pueda avistarse una carta con ese par de golpecitos.

Vistazo por hojeo

Este vistazo te va a parecer de entrada de mucho morro pero te aseguro que es muy efectivo. Pruébalo con gente de confianza y comprobarás su eficacia y capacidad de engaño. Lo aprendí de un vídeo de Richard Osterlind, aunque no te puedo corroborar que sea el autor del mismo.

Tras recoger una baraja mezclada por los espectadores, te la colocas en la mano izquierda, en vertical y con los dorsos hacia ti, sujetándola por la parte inferior. La mano izquierda abraza la baraja. Los dedos pulgar, índice y mayor cierran el abrazo –sin llegar a tocarse, salvo que tu mano sea muy grande- por detrás, viéndolos sólo tú. El espectador no ve dedos, tan sólo el dorso de tu mano y media baraja asomando de cara.

Desde esta cogida, la mano derecha se dispone a hojear las cartas, pulgar arriba, sobre el canto superior de la baraja y dedos mayor y menor debajo (el índice queda doblado, apoyado sobre el dorso del mazo).

Desde esa posición, como digo, extiendes bien los brazos y empiezas a hojear el canto superior del mazo con el pulgar, procurando extender bien las cartas hacia atrás, de modo que veas (por poquito) el índice de las mismas. Tu mirada cae relajada sobre estos índices que van pasando. Si realizas la operación ante un espejo, con los brazos bien extendidos, verás que parece imposible que veas nada de las cartas. Mientras rifleas, le pides al espectador que te pare cuando quiera.

Cuando el espectador te para, tomas nota del último índice avistado y le pides al espectador que se fije en la carta que está a la vista (¡la misma que acabas de ver!). Igual que en el vistazo anterior, una vez que se has avistado la carta, tu cabeza se gira como en un resorte para acentuar la sensación de que en ningún momento has querido ver nada.

Una vez que el espectador ha tomado nota de la carta, sigues rifleando las cartas hasta el final y le entregas el mazo para que mezcle.

 

5. Simplifica tu vida con un forzaje.

Un forzaje siempre puede ser una alternativa al control, con la ventaja de que el espectador puede devolver la carta dónde y cómo quiere, así como mezclar inmediatamente después. Aquí no hay síndrome “Ya la tiene arriba” que quepa.

Un artículo viene de camino sobre el forzaje, por lo que no me voy a extender demasiado  en él por ahora. Tan sólo compartiré contigo un par de ideas.

1. De novatos sobrevaloramos los controles, nos encanta coleccionar todas estas variadas formas de tener localizada la carta que se acaba de elegir. En esa etapa, en cambio, desconfiamos un poco de los forzajes, dudando de su eficacia (¿obligar a alguien a coger una carta y que no se dé cuenta?). Con el tiempo, creo que se invierten las preferencias, ya que nada puede compararse con la libertad y la soltura que da un forzaje, una vez que la carta ha sido elegida (libertad de devolución y de mezcla inmediata).

2. Eso sí, la libertad que da un forzaje tiene una contrapartida y es que puede llegar a sospecharse si no cuidamos un poco nuestra actitud.

Si por ejemplo, realizamos un forzaje clásico y el espectador toma la carta prevista, es demasiado llamativo si le damos inmediatamente la baraja, invitándolo a que meta el mismo la carta en el mazo y mezcle directamente (y más si lo hacemos con cara de “sobraos”).  Por la teoría de lo demasiado obvio, podemos llevar al espectador a pensar que tanta facilidad sólo puede deberse a una cosa: ya sabemos la carta, bien porque usamos baraja marcada, bien porque de algún modo lo hemos obligado a coger la que queríamos  (aun cuando desconozca por completo el concepto de forzaje, máxime si es un espectador analítico o informado consciente de esa posibilidad gracias a Internet).

Es más sabio, una vez forzada la carta, pedirle que la introduzca en algún lugar del mazo, al tiempo que mantenemos cierta vigilancia (como preocupados por conocer su ubicación) y luego, como cambiando de idea, damos a cortar, y finalmente hasta a mezclar (como si nos liáramos la manta a la cabeza). Esta actitud actúa a modo de falsa pista tamariciana muy conveniente para disipar por completo –o al menos es la intención- cualquier idea de forzaje.

Antes de pasar al punto siguiente, necesito hacer una puntualización. Los controles te permiten tener localizada físicamente la carta. Sin embargo, tanto en el caso del vistazo, como en el del forzaje o como en el de la baraja marcada, sólo conocemos la identidad de la carta, no su ubicación. Si necesitamos acceder físicamente a ella de un modo disimulado una vez que recuperamos el mazo, tenemos varias estrategias posibles  a nuestro alcance, a saber:

1. Podemos fingir buscar la carta y no encontrarla, al tiempo que cortamos por ella o la culeamos secretamente para usarla más adelante.

2. Podemos extraer los comodines bajo el supuesto de que no son relevantes para el juego, acción que aprovechemos para situar la carta elegida (forzada) en una posición relevante.

3. Podemos buscar una(s) carta(s) ayudante (s), al tiempo que hacemos lo explicado en los puntos a y b.

En mi versión de La carta ciega, por ejemplo, fuerzo la carta que eligen y doy a mezclar.

A continuación, cuando me devuelven el mazo, digo que me voy a buscar dos ayudantes. Entonces saco dos cartas cualesquiera, al tiempo que coloco secretamente la carta elegida (forzada) en posición superior o inferior, según el manejo con el que quiera producirla luego.

En ese momento, les pregunto a los espectadores si alguna de las dos cartas ayudantes es la carta elegida, a lo que me contestan que no. Yo ya conozco este hecho, pero esta pregunta mía los lleva al autoconvencimiento de que realmente ignoro cuál es la carta elegida (eliminando de paso la posibilidad de forzaje, vistazo o carta marcada). Aquí estoy aplicando el concepto acuñado por Darwin Ortiz de reserva de información que también trataremos en un próximo artículo.

Finalmente coloco ambas cartas en mis gafas, tapándome de un modo bastante cómico la visión, y en tales condiciones cojo la baraja y, tras una serie de falsos cortes en mano, produzco la elegida. La mezcla de los espectadores y mi ceguera temporal potencia enormemente la fuerza de esta producción.

6. Usa con tacto y sabiduría una baraja marcada.

El uso de baraja marcada es bastante controvertido, ya que tal método –lo mismo que el espectador compinche- es reprobado por los magos más puristas, y es lógico, pues los magos nos tomamos muchas molestias para no tener que recurrir a este lugar común de los espectadores profanos. En este artículo y en su primera parte te he ofrecido una gran muestra de recursos alternativos (controles, forzajes, vistazos, etc.).

Personalmente, sí que apruebo el uso de cartas marcadas pero, de acuerdo con la teoría de lo demasiado obvio de Rick Johnsson, no usándolas de un modo directo, ya que algunos espectadores podrían dar con (o dar por supuesta) a esta solución, lo que no beneficia la reputación de la magia con cartas en general.

Imagina un espectador que coge la baraja, saca una carta y la coloca en la mesa de dorso. Entonces el mago se fija en la carta y va y la adivina. ¿Qué solución le queda al profano? Pues eso, que las cartas están marcadas.

Ahora bien, imagina este uso indirecto. El espectador mezcla la baraja, la deja en la mesa, corta un paquete y se fija en la carta inferior del mismo. Luego, vuelve a poner el paquete en la baraja y completa y corta un par de veces. Ahora vamos nosotros, cogemos la baraja y encontramos la carta.

¿Solución a este misterio? Baraja marcada. Sí, difícil de sospechar por parte de profanos (y hasta de algunos magos), ya que el espectador se fijó en la carta inferior de un paquete, cuyo dorso estaba cubierto por otras cuantas cartas.

¿Entonces cómo? Muy sencillo, cuando el espectador corta el paquete y mira la carta inferior, aprovechamos ese momento para echar un vistazo a la marca de la carta superior del mazo tras cortar. Una vez que devuelva el paquete a su sitio, la carta avistada por el espectador quedará justo encima de la carta cuya marca hemos leído, con lo que nos ésta nos va a servir de carta guía. Para rematar la faena, invitamos al espectador a que corte un par de veces o tres, lo que no alterará la posición relativa de las dos cartas. Sin embargo, como ya sabes, para los espectadores profanos no conocedores los cortes son mezcla legítima.

7. Realiza efectos en los que no haya que controlar ninguna carta.

Finalmente tengo que decirlo. La mejor forma de prevenir el síndrome Ya la tiene arriba es la de realizar efectos que NO se basen en elegir una carta.

Y es que en la cartomagia, una de las áreas más desarrolladas de la magia, existe muchísimo material, con efectos extraordinarios que no requieren elegir o encontrar carta alguna.

No te limites por tanto a este tipo de efectos que parten de elegir una carta. Descubre y trabaja efectos como La carta ambiciosa (aquí la carta sube arriba, pero lo hace en contra de las expectativas del espectador), el Fuera de este mundo, la Predicción abierta, la Asamblea McDonald o la insuperable Baraja invisible.

Algún día compartiré contigo una lista de mis efectos preferidos con cartas, junto al porqué de mis preferencias.

 

¡Y AHORA TE TOCA A TI!

Deja algún comentario, contestando a alguna de las siguientes preguntas:

1. Cuéntame cuál de estas técnicas alternativas al control utilizas.

2. ¿Cuál es la forma concreta que usas para realizar vistazos o forzajes?

3. ¿Cuál es tu opinión del uso de la baraja marcada en magia?

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