EL SÍNDROME DEL MAGO SOFISTICADO por Mariano Vílchez

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A pesar de que el artículo de hoy te pueda parecer una mera curiosidad en una primera impresión, el concepto que describe es capital para diferenciar la psicología del mago conocedor y la del espectador profano, que es, en última instancia, el objetivo final de nuestras construcciones mágicas.

¿Es más difícil de engañar a un mago, por ser conocedor de métodos y trampas, que a un espectador profano? 

Depende.

En primera instancia te diría que sí, que es más difícil engañar a un mago avezado que a un profano, por el conocimiento y formación del primero. Y sin embargo, a veces, este conocimiento específico del mago puede llevarlo a ser engañado impunemente en situaciones en las que al profano no lo vas en engañar.

Ser experto en algo puede llevarte a un pensamiento erróneo.

Cuentan que en una ocasión un camión se atascó en un túnel porque sobrepasaba la altura máxima permitida por el él. Reunidos unos cuantos expertos y peritos, estuvieron discutiendo unos instantes en torno a cual sería la mejor estrategia para sacar el camión de su difícil situación (¿marcha atrás, palancas al techo, marcha adelante lenta?, etc.).

Cuentan que en cierto momento pasó un chaval en monopatín que se detuvo un instante ante la problemática situación. Tras observar atentamente, le soltó a todos los expertos lo siguiente:

¡Que le desinflen las ruedas!

Y sí, el sentido común del chaval ofreció la solución más sencilla al problema.

Los expertos, armados de toda su experiencia y conocimiento, ignoraron en los primeros instantes esta solución tan directa. No dudo que tarde o temprano hubieran dando con ella, pero su propio conocimiento -y tal vez la necesidad de demostrarlo- les impidió dar con tan sencilla clave.

Según explica Darwin Ortiz, con muy buen criterio, la psicología del mago es bastante diferente a la del profano a la hora de intentar adivinar el método de un juego:

El mago busca la clave del método en su banco de datos de conocimientos sobre el arte mágico. Si no encuentra solución alguna en su banco de datos, se da por engañado. Además busca métodos indirectos y contraintuitivos, como los que está acostumbrado a usar para lograr un engaño efectivo ante profanos (y a veces magos), obviando los métodos más directos e intuitivos.

El profano, en cambio, recurre en primer lugar al sentido común y busca algún método lógico, directo e intuitivo. De no encontrarlo, ajeno a la existencia de otros posibles métodos (sólo accesibles a quien ha estudiado los mecanismos de la magia), nuestro profano percibirá el efecto como un misterio sin solución, al menos en un primer momento.

Otra idea afín a la anterior, es que el mago suele sentir un cierto desprecio por ciertos juegos y principios “menores” que aprendió en los manuales más básicos de sus comienzos. La sofisticación de sus años de aprendizaje pueden hacerle sentir que aquello que aprendió en sus inicios tiene ahora poco valor, cuando en realidad no tiene el porqué ser así.

Síndrome del mago sofisticado: definición

Definimos síndrome del mago sofisticado como el hecho a través del cual, en ocasiones, un mago puede ser engañado por un juego (al menos momentáneamente), debido a que la solución del mismo es demasiado directa e intuitiva para su sofisticado paladar, o debido a que el método lo aprendió en sus comienzos, y siente un cierto desprecio consciente (o inconsciente) hacia él.

A continuación de te voy a cuatro ejemplos de padecimiento de este síndrome, al final de los cuales -sólo si sigues enganchado a la lectura hasta el final-, te expondré 10 conclusiones que sacar de los mismos.

Allá vamos.

 

1. En una ocasión, un colega del círculo mágico me hizo un efectito donde un cigarrillo colocado sobre la mesa se animaba y empezaba a rodar por ella sin contacto alguno. Ninguno de los presentes (todos magos) encontró solución alguna al misterio. Sólo al cabo de un rato, algunos colegas fueron cayendo poco a poco en la cuenta del ardid.

Yo fui el último en caer.

Mi colega soplaba sobre el cigarrillo de forma imperceptible.

Lo curioso es que ésta fue la primera solución que contemplé al ver el efecto, pero la descarté en el acto por considerarla demasiado primitiva, directa e infantil, amén de que el soplo de mi colega era realmente imperceptible.

Lo que hice fue buscar casi inconscientemente un método más sofisticado para explicar el efecto, actitud que hizo mi colega se divirtiera un buen rato a mi costa, instantes en lo que secretamente gocé de una animación imposible.

Un profano no habría descartado tan fácilmente la idea del soplo como solución.

 

2. Darwin Ortiz cuenta que Fred kaps realizó en un programa de televisión un juego en el que un cigarrillo encendido atravesaba milagrosamente un pañuelo. Parece ser que la mayoría de los magos que vieron el programa desde el propio estudio (y fuera de él) sospecharon del uso del FP, aunque no lograron atisbarlo en las manos del maestro Kaps.

Sin embargo, varios profanos que llamaron al programa argumentaban que seguramente el pañuelo tendría un agujero.

¡Y ésta era la solución verdadera!

Kaps había introducido el cigarrillo en el agujerito y luego había manejado hábilmente el pañuelo, ocultando el orificio, de modo que éste pareciese absolutamente intacto.

Éste es un ejemplo perfecto. Los magos buscaron el método en su banco de datos y lo encontraron (FP), equivocándose en su análisis. Sin embargo los profanos usaron su sentido común y fueron por la solución más directa y lógica, y la encontraron (un agujero oculto) .

 

3. En un momento de la magnífica rutina del anillo de Garrett Thomas, éste se extrae el anillo de un dedo. A continuación, la mano que lo ha extraído hace ademán de lanzarlo hacia el dedo de la otra mano, donde se encontraba originalmente. Entonces se produce la instantánea reaparición del anillo en ese dedo.

Sin desvelar el modus operandi exacto del efecto, te diré simplemente que el método radica en un sutil cambio de dedos muy visual y engañoso.

Lo curioso es que recuerdo que una tarde les hice este efecto a unos sobrinos  (de edad comprendida entre los 7 y los 10 años) y dieron con el método en el acto.

Todo hay que decirlo, me contaron que pocos días antes en el colegio habían practicado un juego similar -aunque más básico- para practicar el nombre de los dedos, en el cual un anillo cambiaba de un dedo a otro. En este conocido efecto, el anillo se coloca en el dedo mayor y se cierran los demás dedos, salvo el índice y el anular que se extienden y cierran alternativamente para dar la sensación de que el anillo se va de un lado a otro.

En realidad esto no quitó hierro alguno a mi frustración, ya que el efecto de Garrett era muy superior y mis sobrinos niños de muy corta edad.

El caso es que un par de día después llegué al Círculo Mágico Granadino (recuerdo que había una conferencia de Richard Turner, el gran tahuromago ciego) y les mostré el efecto a los colegas magos como curiosidad, dando por hecho que atinarían con el método en el acto.

¡Cuál no fue mi sorpresa cuando vi que el efecto engañaba a la mayoría de ellos!

Algunos incluso conocían el citado juego infantil en el que el anillo cambia de dedo y me confesaron que, por un instante, la solución del cambio de dedo pasó por su mente pero que la descartaron por dos razones.

a. La posición de la mano con el dedo extendido del efecto de Garrett Thomas era muy engañosa en sí misma (a leguas del juego infantil original).

b. Había descartado el método por considerarlo demasiado obvio e infantil, arguyendo que un mago “sofisticado” como yo no iba a utilizar semejante ardid. Esta idea se les habría cruzado un instante por la cabeza, casi a un nivel inconsciente (como a mí lo del soplido al cigarrillo).

Obviamente el engaño duró unos instantes, tras un par de lanzamientos o tres, empezaban a caer en la cuenta de lo que realmente sucedía (a alguno ni así, hubo que darle la explicación al completo).

 

4. Un último ejemplo muy ilustrativo. En un vídeo grabado para la EMC (Essential Magical Conference), Peter Lamont realiza un curioso experimento ante un público mixto de magos y profanos.

Lo que es hace es una peculiar rutina de carta ambiciosa. En ella, la carta no se firma y el método usado es descarado: ¡Todas las cartas con iguales!

A pesar de ello, durante la rutina Lamont realiza pases típicos de ambiciosa bien conocidos por los magos.

Hay también un par de ocasiones en que la carta se introduce limpiamente en el centro de la baraja y, sin manejo alguno, ésta sube directamente. Un manejo clarísimo permitido por el peculiar método.

El caso es que, al finalizar la rutina, Lamont les preguntaba a los profanos sobre el posible método. Todos sin excepción sospechaban que la baraja tenía cartas repetidas.

Lo curioso es que, cuando se les preguntó a los magos, al haberse usado manejos similares a los que se habitualmente se realizan con la típica rutina de ambiciosa, la mayoría de ellos no dieron con la solución real de cartas repetidas, sino que se limitan a describir los pases de ambiciosa que habían reconocido.

¡Y lo más divertido es que confesaban que habían sido engañados en un par de ocasiones en las que el mago había introducido claramente la carta en el centro del mazo y, sin manejo alguno, ésta había subido arriba a pesar de todo!

 

10 conclusiones que sacar de todo esto 

1. Si vas a hacer magia para magos y quieres fundirles los plomos, échale morro y diviértete usando recursos que no se esperan de un mago purista o sofisticado (cartas repetidas, baraja svengali, marcada, etc.). Sé malvado e introduce incluso alguna falsa pista que les haga pensar en un método conocido pero que en realidad no utilizas.

2. Cuando estés ante profanos, procura crear STOPS para eliminar de su mente las soluciones más obvias sacadas del sentido común y la lógica, que son las primeras que se les van a ocurrir.

3. Esto es especialmente urgente si vas a actuar para niños mayores, adolescentes y preadolescentes, que no se van a cortar un pelo en intentar desmontar verbalmente el chiringuito. Si vas a hacer por ejemplo una carta al techo, que miren primero que no hay nada en el techo antes de lanzar el mazo. Si no, te dirán que la carta estaba allí desde un principio (como lo corrobora en su libro Silly Billy).

4. Ten en cuenta todo esto si no quieres que tu colega mago te engañe con estas estrategias, aunque, en realidad, como lo que más no gusta a los magos es que “nos la meta” otro mago, no hagas caso de este consejo y disfruta del engaño.

5. No descartes el efecto de un libro hasta que no lo pruebes, por más básico y frágil que te parezca el método desde tu punto de vista de mago. El efecto está dirigido a un público profano, por lo que hasta que no lo pruebas no sabes si tiene potencial para engañar o no.

Si sesionas regularmente con otros colegas magos, trabajad un libro a medias. Repartiros los efectos a estudiar y en la sesión siguiente cada un realiza el efecto estudiado a los demás. Así experimentáis la sensación del efecto de forma virginal, antes de conocer el método.

De este modo, valoraréis mejor los juegos de libro que si los leyerais directamente sin más, con descripción y método.

6. Si un aparato eléctrico no te funciona, no te compliques la vida antes de tiempo y comprueba en primer lugar que está enchufado.

7.  Demos gracias al gran Darwin Ortiz por sus enseñanzas teorícas, tanto en sus libros de efectos (cualquiera de ellos merece la pena) como en los de teoría (La buena magia y Diseño de milagros).

8. Si ves una rutina de ambiciosa con carta sin firmar, ten la mosca detrás de la oreja.

9. ¡La rutina de anillo de Garrett Thomas es la caña!

10. Sigue haciendo juegos de tus libros de iniciación y comprueba con las reacciones del público que muchos sigue mereciendo la pena.

 

¡Y AHORA TE TOCA A TI!

¿Te ha ocurrido alguna anécdota en relación con la temática de este artículo?

Anímate y deja más abajo algún comentario sobre este tema o cualquiera otra cuestión (algún error mío que quieras matizar, algo que añadir, u otro tema que guarde relación con el artículo, o no). 

NOTA FINAL

La foto de cabecera está dedicada a Darwin Ortiz, uno de los magos que más a aportado en el campo teórico y en rutinas con temática tahuromágica. La foto está sacada de la web www.londoncardexpert.co.uk

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4 pensamientos en “EL SÍNDROME DEL MAGO SOFISTICADO por Mariano Vílchez

  1. Muy bueno el artículo, como todos realmente. Anima a hacer magia a magos, porque uno a veces se siente algo inhibido si hay un mago bueno y avanzado, pero el artículo ayuda para esos casos y anima a probar jaja.
    Una anécdota: Yo en mi país Uruguay, como periodista de investigación de presuntos fenómenos paranormales, me he dedicado a desenmascarar charlatanes que dicen tener poderes. Una vez, un amigo mago argentino, me contaba que en un Congreso al comentar con otros magos cómo él desenmascaró al famoso Sai Baiba son su supuesta ceniza “milagrosa”, los profesionales le decían cómo pensaban que hacía ese “milagro”, y se imaginaban métodos sofisticados, cuando en realidad era tan simple como un empalme italiano (al pulgar) de una pequeña bolita de material poroso que luego de dejaba deslizar hacia los dedos y se apretaba, y así surgía la “milagrosa” ceniza que tanto engañó al mundo; yo lo he hecho en programas radiales y televisivos en mi país. Los magos les costaba aceptar que era algo tan simple que hasta un niño de 5 años lo podía realizar; pero es así!
    Por eso muy bueno el artículo que refleja una realidad que nos pasa a quienes conocemos este arte. Otra vez, otro amigo mago uruguayo , pero radicado en EE.UU. Agustín Tash, me contaba cuando una vez un chico muy joven le hizo elegir de un mazo una cara cualquiera, y actuó un poco y le dijo cual era! Quedó de boca porque no podía ser firmada porque ni la miró de dorso! Le rogó para que le explicara el secreto, y al final le dijo: Todas las cartas eran iguales! pero actuó de una manera tan natural que nunca pensó el mocoso fuera tan atrevido de hacerle eso a un mago profesional! Es así como funciona realmente.

  2. Gracias Ángel por esta información que ilustra cómo opera el síndrome del mago sofisticado.

    El último ejemplo que has puesto es demoledor.

    Un fuerte abrazo.

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