¿CÓMO RESOLVER UN DILEMA TEÓRICO EN MAGIA? por Mariano Vílchez

Reunción con Varela y Dani

 

Compartirás conmigo en que uno de los momentos más interesantes a la hora de sesionar con otros magos es aquél donde nos hallas enfrentado a dos opciones posibles para construir un efecto y no sabes cuál de ellas es la mejor.

Seguro que reconoces alguna de estas expresiones:

¿Qué es mejor, revelar primero la carta o la predicción?

¿Y si reveláramos el triunfo cara arriba, no sería mejor que cara abajo?

¿Qué manejo es mejor para la tercera moneda, el falso depósito o el spider vanish?

¿Es prescindible esta última fase? ¿Pierde fuerza toda la rutina con este último efecto?

¿Qué versión del juego es mejor, la original o ésta en que se van encontrando cartas diferentes al principio?

 

El propósito de este artículo es darte un par de estrategias que te van a ayudar a escoger la mejor opción en estos casos.

Estos dos pasos los puedes aplicar cuando estés sesionando con otros magos o cuando estés solo ensayando en casa.

Además,  al final del artículo analizaremos juntos dos casos concretos de dilemas teóricos de cuya discusión puedas extrapolar estratagemas y formas de pensar para tus propias rutinas.

En el primer caso discutiremos juntos cuál es la mejor forma de revelar el triunfo clásico. Y el segundo, dilucidaremos cuál es la mejor versión de partida del juego El mago lo arregla todo. Estas reflexiones te servirán de modelo acerca de cómo reflexionar a la  hora de sopesar distintas opciones para tus propios juegos y rutinas.

¿Cómo hallar la mejor opción ante un dilema?

Lo ideal (y utópico) sería hacerle el efecto a un grupo de espectadores aplicando la opción A y tomar nota de su reacción. Luego habría que hipnotizar a estos espectadores para que olvidasen lo que han visto y a continuación hacerles el efecto aplicando la opción B, tomando nota igualmente de su reacción.

Como conclusión, la opción que provocase la mayor reacción sería la correcta.

Por desgracia, esta propuesta no es demasiado viable.

Bromas aparte, veamos los dos pasos a seguir, ya estés en una sesión con compañeros magos o solo, ensayando cómodamente en casa.

 

Paso nº1: Contempla las dos opciones realizadas y siente cuál es la mejor.

Imagina que estás en una sesión con compañeros y alguien dice algo así como:

¿Qué es mejor, revelar primero la carta o la predicción?

Entonces le dices que te hagas ambas opciones una detrás de otra, varias veces si hace falta. No hace falta que haga la rutina entera cada vez, sólo el final dudoso, revelando la carta primero y otras veces la predicción.

Llegará en momento en que sentirás  que una opción es mejor que la otra. Otros compañeros de sesión pueden también opinar. Al final, probablemente todos os inclinéis por un opción de forma mayoritaria.   En otras ocasiones menos frecuentes, habrá diversidad de opiniones pero esta situación la resolveremos con el paso nº 2.

Si estás en casa y no hay nadie con quien consultar tu duda. Grábate (o haz que te graben) con el móvil haciendo las dos opciones. En un caso revelando primero la carta y luego la predicción, y luego al revés. Cuando termines, mira una y otra vez cada vídeo. Al final, sentirás que una de las opciones es mejor que la otra.

 

Paso nº 2: Intenta verbalizar las razones de tus preferencias.

Una vez que sentimos cuál puede ser la mejor opción, procedemos a intentar dar un porqué a esta preferencia. Lo hacéis tú y todos tus compañeros de sesión.

¿Qué es mejor, revelar primero la carta o la predicción?

A ver, hazme los dos finales.

(Los hace.)

Házmelos otra vez.

(Los vuelve a hacer, pero ahora en un orden diferente).

Me gusta más cuando revelas la predicción al final.

¿Por qué?

No sé. Quizá por alejas el foco de la carta trucada, y siento que nadie va a tener la necesidad de examinarla si lo haces así.

 

 

Al final, siempre se encuentra alguna razón para la preferencia.  Para facilitarte el proceso, te invito a que te plantees los que son para mí los cuatro fundamentos de una buena construcción.

1. Claridad

¿Cuál de las dos opciones aporta mayor claridad?

¿Cuál de ellas se entiende mejor?

¿Cuál piensas que se recordará por más tiempo?

¿Cuál es menos confusa?

2. Limpieza

La verdad es que la limpieza es un valor absoluto. Es necesaria sí o sí. Una opción que no sea limpia no es digna de ser considerada siquiera, salvo que se busque un modo de resolver este problema de limpieza.

En cualquier caso, si una opción puede generar cierto resquemor o sospecha, descártala, por más que aventaje a la otra en otros factores. Y si realmente merece la pena luchar por ella, encuentro el modo de pulir la falta de limpieza.

3. Resistencia al análisis

Este criterio es uno de los más interesantes a la hora de sopesar opciones.

¿Cuál de las dos opciones es más engañosa?

¿Cuál de ellas contribuye más a que la rutina sea más difícil de analizar en su conjunto?

¿Cuál de ellas evitará que se rebobine hasta el momento de la trampa?

¿Cuál de ellas impedirá dar con el método, aún cuando el espectador logre rebobinar hasta el principio?

4. Potencia del clímax

Los factores que favorecen la fuerza de un clímax son diversos. Además de los propios factores anteriores (claridad, limpieza y resistencia al análisis), se dan otros muchos, como por ejemplo evitar que se anticipen al efecto, no frustrar expectativas (Dani Daortiz), generar atisbo (Ascanio), generar melacorto (Tamariz), sorprender, cuidar la reserva del nivel de información (Darwin Ortiz), etc.

Algunas de las preguntas que puedes hacerte con respecto al clímax son:

¿Qué opción contribuye a que el impacto sea mayor al final?

¿Cuál supone una mayor sorpresa?

¿Cuál permite propiciar un mayor atisbo, si es hay alguna?

Pericia teórica

Evidentemente, cuanto más dominio teórico y más conceptos teóricos manejéis (tú y tus compañeros de sesión), más fácil os va a resultar argumentar a favor de vuestra preferencia.

Si lo haces así, generas un paréntesis de olvido muy interesante.

Esta opción no me gusta, da una pista sobre el método de la fase previa.

Si añades este efecto, generas un anticlímax al efecto previo, que es mucho mayor.

Esta opción supone una falsa continuidad psicológica muy interesante.

Si quitas este efecto, te beneficias del principio de reserva del nivel de información.

Si lo haces en este orden, aprovechas el concepto de restricción liberada.

 

Dilemas teóricos

A veces incluso se producen exquisitos dilemas.

Puede ocurrir por ejemplo, que una opción sea más clara que otra y, sin embargo, tenga un clímax menos fuerte que la segunda porque el efecto de esta última se produce de un modo muy sorprendente.

O puede ocurrir que una opción suponga dos efectos muy buenos frente a otra con sólo un efecto, pero que la primera sea más fácil de analizar en una reflexión posterior que la versión con un solo efecto.

Puede ocurrir también que la opción más fácil de analizar sea la que propicie un clímax más emotivo y transmita mejor el mensaje que quieres imprimirle al juego.

En estos casos, lo más probable es que no os pongáis de acuerdo porque aquí entra en juego el estilo de cada uno, lo que valoramos y no valoramos tanto de un juego de magia o de la magia en general. Lo bueno de estas discusiones es que se aprende muchísimo acerca de nuestras prioridades y de la de los demás.

Para muestra, un botón. Vamos al análisis de dos casos concretos.

 

Caso concreto nº 1: Revelación del triunfo. ¿Qué es mejor extender las cartas cara arriba o cara abajo?

La tendencia clásica del triunfo es revelarlo extendiendo las cartas de dorso y viéndose de cara la carta elegida dentro de la extensión.

Pero también se puede extender las cartas cara arriba y que se vea una única de dorso que, tras cierto suspense, se revela como la elegida.

¿Por qué ha prevalecido la opción primera?

Antes de esgrimir conceptos teóricos, vayamos al sentir. Extiéndete tú las cartas de las dos maneras, a ver qué sientes y cuál prefieres.

Así lo hicimos en una de mis sesiones con Mago Voty y Mario Fernández. Hicimos las extensiones una y otra vez, a ver qué sentíamos.

Recuerda. Primero sentir y luego verbalizar.

Al final, nos quedamos con la opción clásica, o sea, la de extender las cartas de dorso viéndose inmediatamente la elegida cara arriba en medio de la extensión.

Al verbalizar el porqué de nuestra sensación, barajamos dos factores determinantes: la claridad y la necesidad de evitar un anticlímax.

1. Cuando extendíamos cara arriba, la aparente ventaja inmediata era que contábamos con dos efectos: la ordenación de la baraja de cara y luego el suspense de ver si esa carta de dorso era la elegida.

Sin embargo, esta ventaja era engañosa, ya que, en primer lugar, el ver las cartas de cara no permite ver con tanta claridad, y desde un primer momento, que todas están en el mismo sentido. Sientes la necesidad de recorrer toda la extensión. Además desde el punto de vista  atencional, cada carta se aprecia individualmente lo que supone un cúmulo de estímulos que ocupa parte de la energía mental, quedando menos espacio para apreciar el efecto.

Por otro lado, el vender el segundo clímax de que la carta de dorso era la elegida era anticlimático en relación al primer clímax de la ordenación. Evidentemente es mucho más fuerte como efecto que toda la baraja se coloque en el mismo sentido que una puñetera carta sea, o no, la elegida. Por tanto vender este mini-efecto mermaba la fuerza y el gozo del primero.

Para vender un segundo clímax, éste tiene que ser mayor que el anterior (como en la revelación de las frutas en los cubiletes, por ejemplo).

2. En cambio, la revelación clásica cara abajo es mucho más clara. Enseguida se aprecia que todas las cartas están de dorso. No hay que procesar cartas diferentes a nivel atencional, sino tan sólo dorsos.

Además, la carta elegida vuelta se aprecia enseguida, casi a la vez que el clímax principal (la reordenación de las cartas en el mismo sentido), lo que es correcto teóricamente.

Cuando un segundo clímax es más pequeño que el anterior, debe solaparse inmediatamente con el anterior, como un pequeña guinda añadida al momento, sin pretensiones de ninguna clase.

El triunfo de Daortiz

A lo mejor ahora estás pensando en el triunfo de Daortiz que se realiza con las cartas de cara.

Analicemos esta opción un momento.

Es cierto, no encaja, con lo establecido anteriormente, en que es mejor que se vean dorsos y la carta elegida.  ¿Pero entonces por qué es tan bueno e impactante?

Lo cortés no quita lo valiente.  Aunque es mejor una revelación por los dorsos, en este caso el juego tiene una ventaja que compensa la revelación por caras.

Y la ventaja que es que este triunfo goza de una extrema visibilidad.

La visibilidad es un factor de la potencia del clímax está relacionada con el intervalo crítico.

El intervalo crítico es el tiempo que pasa desde que se aprecia por última vez la situación inicial hasta que se revela la situación final.

Cuanto más corto es el intervalo crítico, más visibilidad tiene el efecto.

El triunfo de Daortiz es hipervisible por tener un intervalo crítico mínimo: abres el abanico, se ven cartas cara arriba y cara abajo, lo cierras y lo vuelves abrir inmediatamente, y ya están todas las carta de cara menos la elegida.

Esta vicisitud lo hace exclusivo.

Para conseguir el mismo efecto instantáneo con una revelación de dorso tendrías que recurrir a cartas trucadas de doble dorso.

Como puedes ver, al final, todo son opciones,  con sus ventajas e inconvenientes. Tú eliges, pero eliges mejor si sabes exactamente lo que ganas y lo pierdes en cada caso.

 

Caso concreto nº2: Dos versiones del juego El mago lo arregla todo. ¿Cuál es mejor: encontrar al principio tres cartas iguales o encontrar tres cartas distintas?

Te recuerdo la premisa del juego El mago lo arregla todo.

En la versión original, das a elegir una carta a un espectador que se la guarda de dorso, sin verla. A continuación te comprometes a producir las otras tres cartas del mismo número que la elegida.  Si, por ejemplo,  ha elegido un diez, tú te comprometes a encontrar los otros tres dieces.

Entonces, mediante una serie de cortes produces tres dieces. Sin embargo, al girar la carta del espectador resulta que no es un diez, sino un rey. Entonces, tras un pase mágico, giras tus supuestos dieces y se han convertido en tres reyes.

Este juego basa en una preparación inicial, en forzar la carta del espectador y en una serie de dobles volteos estratégicos. Si no lo conoces, investiga un poco y practícalo, pues es un efecto muy fuerte para los espectadores.

En el libro El placer de la magia de Miguel Gómez puedes encontrar una versión del juego ligeramente diferente en su desarrollo. Y es que, a pesar de que el mago anuncia que va a encontrar tres cartas del mismo tipo que la elegida, al final no lo logra, sino que va produciendo cartas de número diferente, dando la sensación de fallo desde el primer momento. Por ejemplo, anuncia que la carta elegida en un siete y que va a encontrar los otros siete. Entonces produce, un cinco, un as y un diez.

Al final, como en la versión anterior, estas tres cartas indiferentes se convierten en los tres reyes, complementando la carta elegida que también es un rey.

Esta versión es muy divertida, pues parece que el mago la está cagando desde el primer momento.

La cuestión ahora es la siguiente: ¿cuál de estas versiones es más fuerte?

No es sencillo contestar a esta pregunta. Ambas versiones producen una gran reacción en los profanos la primera vez que presencian el efecto. La sorpresa final de que el mago, tras haber fallado aparentemente, pueda a pesar de todo salvar la situación, contribuye a un clímax potente y demoledor.

Veamos de nuevo una comparativa en relación a los cuatro aspectos:

Limpieza

Si los manejos de producir las cartas y los dobles lift son fluidos, en principios ambas versiones serán igual de limpias. Quizá la versión 1 de producir cartas iguales requiera más cuidado en este sentido, ya que, en cuanto se empiezan a producir cartas del mismo número, la atención de los espectadores hacia el manejo sube ligeramente. En la versión 2 estamos fallando desde el principios, con lo cual los primeros manejos no llaman tanto la atención.

Estamos prácticamente ante un empate técnico.

Resistencia al análisis

Tampoco aquí destacaría una versión en especial. Ambas versiones fundirán los plomos a los espectadores, en el sentido en que vamos en contra de nosotros mismos. Hemos forzado una carta diferente a las sucesivas producciones y eso relajará las defensas de los espectadores que son sorprenderán muchísimo del giro que toman los acontecimientos al final de la rutina.

Como en el caso de la limpieza, en la versión 1, una vez que empecemos a producir cartas del mismo número,  el escrutinio de los espectadores será ligeramente mayor en la primera parte de la rutina, pero si realizamos los manejos con la fluidez técnica necesaria, no tiene por qué haber problema.

De nuevo un empate.

Claridad

En este caso la versión 1 es superior a la 2.

En la versión 1 todo encaja a la perfección. Damos a elegir una carta y empezamos a producir sucesivamente cartas del mismo número, como prometimos. Se ve claramente hacia donde nos dirigimos. El espectador se puede anticipar a la sucesivas producciones de los dieses (o del número que sea) y su frustración (o alegría) es muy clara en el momento en que se gira la carta elegida y es patente que no coincide.

Cuando el mago realiza el pase mágico y voltea los dieses, mostrando que se han transformado en los reyes, también se aprecia una transformación clarísima en que se recuerda con intensidad la situación inicial de los tres dieses.

En cambio, en la versión 2 todo no es tan cristalino. Al producir cartas distintas, es más confuso el deducir adónde nos dirigimos. Al principio, parece que vamos por los cinco, luego por los ases y al final sale un diez.

La transformación no será tan patente, ya que la situación inicial no está tan clara.

Un juego es claro si un espectador puede describirlo acertadamente y de forma breve inmediatamente después de presenciarlo.

En la versión 1, si preguntamos a un espectador tras el juego seguro que nos describe en pocas palabras y claramente lo que ha ocurrido: que se eligió una carta, que el mago fue sacando reyes pero que como al final la carta elegida era un as, al final los reyes ya no era reyes, sino ases.

En cambio en la versión 2, la explicación no sería tan clara. ¿Cómo la describirías tú? Probablemente convengas conmigo no es tan fácil de explicar, que se requieren más palabras y no se puede hacer de un modo tan sintético.

Punto para la versión 1.

No cantemos victoria aún. Todavía falta un factor.

Potencia del clímax

Tanto la claridad, como la resistencia al análisis como la limpieza suman a la hora de alcanzar un clímax potente.

Pero hay otros factores.

En la versión 2, empezamos fallando y produciendo cartas sin ton ni son. Ello contribuye a la bajada de expectativas  del espectador. No somos capaces de encontrar cartas del mismo número y nuestra habilidad brilla por su ausencia (a diferencia de la versión 1 donde se establece muy pronto).

Esto hace que cuando esas tres cartas indiferentes se transforman en los cuatro reyes, el impacto es muy grande, ya que ningún efecto se ha producido hasta ese momento (mientras que en la versión 2 la producción de los dieses ya es un efecto) y nada hacía presagiar lo que al final sucede.

Por tanto la fuerza del clímax propiciada por la claridad de la versión 1 puede ver compensada –o incluso superada- por la fuerza del clímax de la versión 2.

Cuestión de estilo

Al final, en este caso todo es cuestión de estilo, sabiendo lo que nos jugamos, claros.

Si te gusta la tahuromagia, mostrar tu habilidad y/o prefieres la máxima cantidad de efectos en tus rutinas, probablemente te convenga la versión 1.

Si, como yo, eres más sobrio, te gusta bajar las expectativas al principio de la rutina y/o eres más parco en efecto, prefiriendo menos efectos en la rutina, sin por escasos son más potentes y redondos, entonces tal vez te inclines por la opción 2.

 

Confío en que al leer –y releer- el artículo, encontrarás mecanismos y estrategias útiles para elegir mejor tus opciones en el futuro, disfrutando además con más regusto de los dilemas teóricos que se crucen en tu camino.

 

Y AHORA TE TOCA A TI

1. ¿Cuáles son tus criterios a la hora de inclinarte por una opción u otra cuando te encuentras ante un dilema como los que hemos visto aquí?

 2. ¿Sueles sesionar? ¿Cómo funcionas en tus sesiones con otros magos? ¿Qué estrategias soléis utilizar para solucionar problemas como los vistos aquí?

 3. ¿Con qué opción te quedas del juego El mago lo arregla todo, con la 1 (versión clásica donde al principio se producen cartas del mismo número) o con la 2 (versión donde se producen cartas distintas, como la que viene en el libro El placer de la magia de Miguel Gómez?

Coméntame algo de estas preguntas o acerca de otras cuestiones que te preocupen o interesen en el apartado de comentarios que viene más abajo.

 

NOTA

Buscando una foto donde apareciese junto a Dani Daortiz, citado dos veces en este artículo, he encontrado esta muy curiosa, con ocasión de una conferencia de Juan Esteba Varela en el Círculo Mágico Granadino.

En ella aparezco unos años atrás junto con mi compañero de sesiones Mago Voty.

De izquierda a derecha está un servidor, Mago Voty (antes de adelgazar), Hugo González, Juan Esteba Varela, un chaval no identificado , Dani Daortiz, Paco Sánchez, Miguel Ángel Ruiz, Francisco García,  otro chaval no identificado y Juan Antonio Martín-Vivaldi.

La fota es una gentileza de Juan Antonio Martín-Vivaldi.

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