¿POR QUÉ TUS ESPECTADORES REACCIONAN MENOS DE LO ESPERADO? por Mariano Vílchez

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Este artículo está dedicado a la memoria de Thomas Edison, por su extraordinaria vida llena de invenciones increíbles que cambiaron nuestra forma de vivir y por sus magníficas máximas de vida.

Una de ellas -que podríamos relacionar de algún modo con el artículo que sigue- surgió cuando, tras muchísimos intentos de crear un filamento que alcanzara la incandescencia sin fundirse (en busca del perfeccionamiento de la futura bombilla), finalmente alcanzó su objetivo en 1879.

Cuando le preguntaron cómo se sentía al haber fracasado miles de veces en su intento de encontrar el filamento adecuado, él contestó lo siguiente.

Yo no he fracasado 10.000 veces antes de encontrar el filamento que funciona, he tenido éxito 10.000 veces al descubrir cuáles no funcionaban.

 

Hay dos momentos especialmente reveladores, dos momentos de verdad que no puedes dejar pasar.

El primero se da cuando esperabas una buena reacción de los espectadores ante un juego y resulta que no se da, sino que se quedan fríos, como no valorando el milagro que les has ofrecido.

El otro momento es precisamente lo contrario. No esperabas gran cosa del juego y, sin embargo, para tu sorpresa, el personal flipa con él.

En ambos momentos se ha producido uno disonancia entre tu conocimiento mágico acerca del posible impacto mágico de juego y la realidad de cómo lo percibe el espectador. En ambos casos tienes que aprender de la situación. No sólo hay algo que se te escapa, sino que te conviene coger el toro por los cuernos en ese mismo momento y averiguar qué diantres ha pasado.

La sabiduría que puedes sacar por este pequeño esfuerzo es impagable. Este artículo contiene claves que te ayudará a hacerlo mejor.

En primer lugar, hazte alguna de estas preguntas.

¿Qué se me escapa aquí?
¿Qué factor no he tenido en cuenta?
¿Qué han visto los espectadores que yo no he visto?
¿Qué factor han valorado que yo no he considerado?
¿Por qué no han reaccionado tanto como esperaba?
¿Por qué han reaccionado tanto, si el juego es una tontería?
¿Por qué se han quedado fríos, si el juego es la pera?

Hoy veremos el primero de los dos casos: esperabas una gran reacción y ésta no se ha producido.

Veamos siete factores que pueden explicar lo sucedido.

 

1. La trampa se ha visto o se puede deducir fácilmente.

Esto es básico. Por más que creas que tu magia engaña siempre, en realidad no es así. Hay ocasiones en que ciertos espectadores se percatan de nuestras trampas, bien por carencias en la construcción, bien porque estos espectadores tengan un cierto conocimiento de los métodos de nuestro arte, o bien simplemente porque flasheemos algo en algún momento de la rutina.

Y no es necesario que se entienda cómo funciona todo el juego. Basta que el espectador pille cualquier detalle, como un descuidado doble lift o el reflejo de una moneda empalmada, por ejemplo, para que todo el castillo de naipes se venga abajo.

Personalmente, cuando estoy en modo “laboratorio”, probando efectos nuevos con amigos y conocidos, siempre pregunto al final si saben cómo funciona el juego.

Lo curioso es que, incluso en este ambiente de confianza, ya sea por pudor o por respeto, el caso es que a menudo se cortan y se resisten a decir que han visto “algo” o que saben cómo va la rutina.

Para evitar esta actitud, recurro a una estratagema infalible: la técnica de la pregunta que presupone.

La técnica consiste en que no pregunto ¿Tenéis alguna sospecha de cómo va el juego?, sino ¿Hay algo del juego que canta, verdad?” o ¿Se nota mucho, verdad?, dando por supuesto que el juego es fácil de pillar. De este modo, indefectiblemente me cuentan todas sus sospechas con respecto al juego, sean acertadas o no.

Si bien con el tiempo y la experiencia irás desarrollando tu propia intuición respecto a lo que puede engañar y lo que no, no descartes nunca del todo la posibilidad de que el método de tu efecto sea evidente para algunos espectadores. Por eso, en ambientes de confianza recurre a la técnica de la pregunta que presupone.

 

2. El espectador imagina una trampa o explicación que no es cierta.

Cuando, estando en modo “laboratorio”, pregunto a los espectadores sobre sus sospechas acerca del modo operandi del juego, a veces me dan soluciones falsas, totalmente desatinadas.

Esto es igual de malo que si te pillan el método verdadero. El castillo de naipes del misterio se viene abajo igualmente.

Si el espectador imagina soluciones falsas, es porque la construcción del juego no las desmiente en algún momento. Es lamentable que se dé esta situación, ya que nos tomamos muchas molestias para encontrar un método sutil e indetectable como para que ahora el espectador se escape del asombro por imaginarse soluciones no utilizadas.

Por ello conviene probar sutilmente a lo largo de la estructura del juego que NO se usan dichas soluciones. Éste es el propósito del concepto tamariciano de STOP que el maestro desarrolla en su libro La vía mágica.

Para saber cuáles son estas sospechas falsas, una vez más, recurre a la pregunta que presupone en ambientes de confianza (magos, familia, amigos y conocidos).

 

3. El efecto es una versión demasiado confusa y rebuscada del juego clásico original.

A veces, por estar demasiado acostumbrados a los efectos clásicos que conocemos, a los magos nos gusta realizar versiones y variaciones de estos juegos, a menudo para sorprender a otros colegas magos. Por desgracia, estas modificaciones, si bien pueden suponer alguna sorpresa agradable para nuestros compañeros de afición, a menudo suponen un empeoramiento de la pureza del juego original, y una pérdida de claridad del efecto en general.

Por ello, en lo posible te recomiendo realizar a tus espectadores profanos versiones clásicas y originales de los efectos, ya que, precisamente por tratarse de clásicos, ha superado la prueba del paso del tiempo e impactarán con más seguridad en tu público.

Sólo si estás con amigos y conocidos para los que actúes regularmente y que ya te han visto los juegos originales, a lo mejor si que procede hacerles alguna variación para no repetirte y sorprenderlos de nuevo. Pero, aparte de este caso, ve a por el juego clásico y directo.

Como ejemplo rápido te diría, por ejemplo, que nunca se me ocurriría, en ambiente de amigos, realizar el triunfo de Bannon Play it straight, juego estupendo por otra parte, si no he me han visto previamente o en alguna otra ocasión el efecto original del triunfo.

A veces es posible presentar en secuencia el juego clásico original y, a continuación, la variación, tal y como una vez le presencié al sevillano Jovi que combinaba magistralmente una versión clásica del triunfo y a continuación la de Banon.

Pero insisto, el problema de muchas de estas variaciones es que a mundo suponen una pérdida de claridad en relación con el efecto original. Incluso el triunfo de Bannon – que es una auténtica maravilla- es mucho menos claro que el triunfo original.

Es más fácil apreciar y que quede en la memoria que todas las cartas mezcladas cara arriba y cara abajo se ponen en el mismo sentido (salvo la elegida) que el hecho que queden todas cara abajo, salvo la secuencia del mismo palo en orden, excepto la carta elegida y en posesión del espectador (la propia descripción de este último efecto resulta ya de por sí confusa en una primera lectura, no así la versión clásica primera).

 

4. Ha habido algún fallo de claridad.

La falta de claridad puede ser otra de las razones por las que los espectadores no hayan reaccionado tanto como esperabas. Es frecuente que este fallo se dé más en principiantes apresurados por terminar el juego cuanto antes por culpa de los nervios. Aun así, ni los magos más experimentados están libres de cometer algún descuido en relación a la claridad.

He aquí algunos de los más frecuentes.

a. Quizá no has establecido claramente la situación inicial, de modo que quedara absolutamente asumido por los espectadores. A lo mejor deberíamos haberla recalcado o haberla sugerido mejor, dependiente del esquema del efecto.

b. Tal vez el efecto ha transcurrido tan rápidamente que el espectador se lo ha perdido, por no estar del todo atento en ese momento o simplemente porque le ha sabido a poco.

c. A lo mejor el orden de presentación de los elementos no ha sido el adecuado como para que el espectador entienda y disfrute del efecto con total claridad.

d. Finalmente, a lo mejor tu efecto es uno de ésos que se saborearían  más y mejor si se repitiese en sucesivas fases, tal como ocurre con muchos efectos clásicos (agua y aceite, ambiciosa, cubiletes, etc.).

 

5. Ha habido algún fallo de limpieza.

Los fallos de limpieza también pueden ser fatales. Basta para que el espectador sospeche que hemos hecho “algo” o que perciba algún movimiento como raro, para que salga al tirón de la atmósfera mágica. Ni que decir tiene que esto contribuirá a que su reacción se verá bastante mermada al final de la rutina.

 

6. Ha habido algún fallo de expectativa.

Como señala Daortiz en sus conferencias, hay que tener cuidado con las expectativas que podemos ir creando a lo largo de nuestras rutinas. Una carta rota invita a ser recompuesta. Una carta elegida y perdida en el mazo hace presuponer a los espectadores que, de algún modo, la vamos a encontrar. Si hacemos que sólo miren o piensen una carta o si pedimos que se fijen en una palabra del diccionario, es normal que anticipen una adivinación.

Por tanto, si NO vamos a realizar más adelante algunos de estos efectos anticipados, más vale que lo dejemos claro desde el principio. Un fallo de expectativa puede minar incisivamente la reacción del espectador.

 

7. El clímax no se ha tratado de forma adecuada.

Cada clímax tiene su timing, su cadencia, su frase y ese detalle extra que lo potencia definitivamente. Es misión del mago ilusionista el optimizar todos estos factores por reflexión teórica y experimentación. Un clímax estropeado o no potenciado adecuadamente anula en gran parte la reacción de los espectadores.

En conclusión, cuando reaccionen menos de lo que esperabas, aprovecha una oportunidad única de aprender y averigua qué lo que ha podido fallar, faltar o sobrar.

 

¡OJO CON ESTO!

Cuando pruebes un juego, no te quedes con la primera reacción obtenida. Hazlo dos o tres veces antes de asumir que la reacción esperada no se produce, porque si lo pruebas una sola vez pueden darse factores extraños que van a falsear tu impresión acerca de él.

Recuerdo en una ocasión que un querido compañero de sesiones me invitó a cenar en compañía con otros amigos suyos. Después de cenar, realicé un efecto que acaba de componer y del que tenía muchas expectativas. Pues resulta que, tras el clímax, no tuve apenas reacciones del personal, tan sólo tímidas sonrisas y gestos de aquiescencia compasivos.

Tras el K.O. técnico, mi amigo de sesiones, con cara de circunstancias y cierto embarazo, me dio la explicación a lo que estaba pasando.

¡Yo le había explicado el juego en nuestra sesión del día anterior y resulta que él ya se lo había hecho a sus amigos momentos antes de que yo llegara a la cena!

 

Y AHORA TE TOCA A TI

En tu caso, cuando los espectadores no han reaccionado tanto como esperabas, ¿cuál crees que ha podido ser tu fallo más frecuente de los enumerados en el post?

 

NOTA

 La imagen de Edison está sacada del blog thomasedison903.blogspot.com

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4 pensamientos en “¿POR QUÉ TUS ESPECTADORES REACCIONAN MENOS DE LO ESPERADO? por Mariano Vílchez

    • Errar es humano, aprender de los errores es de sabios. Por mucho que pretendamos evitar los errores antes de actuar siempre tropezaremos en algo y aprenderemos de ellos. Aunque también es cierto, como bien dices Toni, que los consejos adecuados acortan el camino de aprendizaje y nos llevan antes hacia dónde queremos llegar.

      Gracias por tu comentario.

      Un fuerte abrazo.

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