LOS CUATRO FACTORES DEL MELACORTO TAMARICIANO por Mariano Vílchez

El melacorto expresa la sensación de imposibilidad total experimentada por el espectador cuando, tras vislumbrar o atisbar el efecto que se avecina, sabe que no ha podido ocurrir, al que tiempo que, en su fuero interno, de algún modo sabe que el mago ha conseguido llevarlo a cabo.

 

¡No jodas que la carta ahora está ahí!

¡No puede ser!

¡Como esté en mi bolsillo, me la corto!

¡No way! (Recordemos a John de los vídeos de L&L).

 

En un determinado juego con carta firmada, nada más empezar la rutina, sacamos nuestra cartera y la dejamos sobre la mesa.

A continuación realizamos varios efectos con la carta firmada.

En la fase final, extendemos la baraja sobre la mesa y se muestra que la carta firmada ha desaparecido, encontrándose un billete de 50 euros en su lugar.

En este momento los espectadores pasan por las dos fases de atisbo y melacorto, y ello en un brevísimo intervalo de tiempo:

1. En primer lugar experimentan el lógico atisbo  (si ahora hay un billete en lugar de la carta, entonces la carta tiene que estar… en la cartera).

2. Y a continuación disfrutaban de un melacorto (¡Pero es que no puede ser que esté ahí! ¡Si no la ha tocado y ha estado a la vista desde el principio del juego!).

 

El melacorto es un enorme potenciador del clímax, suscitando una enorme reacción en los espectadores y facilitando además la expresión de su asombro compartido, lo que suele redundar en un aplauso enérgico cargado de emoción.

La pregunta ahora es cuáles son los factores que propician el melacorto y cómo podemos intentar provocar adrede esta sensación en los espectadores a la hora de construir y presentar nuestros efectos.

 

FACTORES QUE PROPICIAN EL MELACORTO

Después de reflexionar largo y tendido sobre el tema, mi conclusión es la siguiente: Para que suceda un melacorto genuino, tienen que darse obligatoriamente  cuatro factores.

Vamos con ellos.

 

1. En primer lugar, el melacorto rara vez es un primer o único efecto, sino que suele ser el efecto final de una rutina compuesta por varias fases.

En el ejemplo previo, veíamos la posibilidad del viaje de una carta firmada a la cartera como culminación de una rutina de carta ambiciosa.

Si el efecto hubiese sido directamente el de hacer viajar la carta a la cartera -y además hubiésemos conseguido que el espectador atisbara esa posibilidad- entonces el espectador nos hubiera soltado un “venga ya” o “eso quiero verlo yo”. La actitud habría sido de reto y de cierta incredulidad, lo cual es lógico, ya que se trataría de un primer efecto a bocajarro, sin calentamiento previo.

Sin embargo, el melacorto aparte de este duda ante lo imposible, requiere al mismo tiempo confianza en las capacidades del mago, lo cual no sucede si el espectador no han asistido aún a ningún efecto que pruebe la capacidad del mago.

En cambio, si el efecto de viaje a la cartera es la culminación de una rutina de ambiciosa, entonces, en vez de un “venga ya”, el espectador probablemente nos soltará un “no jodas” que ya no será de reto, sino de resistencia a creer lo que se avecina, al tiempo que se teme que vaya a ser una realidad, dada la credibilidad que el mago se ha ido construyendo a través de los efectos de las fases previas.

 

2. El melacorto supone una sorpresa en cuanto al modo en que sucede el efecto en la última fase. A menudo, la sorpresa consiste en una ubicación inesperada del clímax final. El efecto ha sucedido en varias ocasiones, pero en la última sucede en un lugar que los espectadores no se esperan ni por asomo.

Es el caso de la ambiciosa con final a la cartera. La carta firmada ha cambiado de lugar en sucesivas ocasiones, subiendo una y otra vez encima del mazo tras haberse introducido en él reiteradas veces.

Como colofón final, la carta aparece en otro lugar menos accesible aún, la cartera que en todo momento ha estado a la vista.

Y ahora fíjate en el ejemplo Chicago Opener (La dama que se ruboriza). Observa que la segunda carta no enrojece dentro de la baraja, sino fuera de ella. De nuevo el clímax ha sucedido en un lugar inesperado, ya que la primera carta que enrojeció y se descartó ahora resulta que es la segunda elegida.

Un último ejemplo que ilustra este principio es mi rutina de carta sándwich con varias fases, en la última de las cuales realizo el juego Among the discards de Simon Aronson. Este sándwich tiene la peculiaridad de que, en vez de suceder dentro de la baraja, como ha venido teniendo lugar durante toda la rutina, resulta que ocurre fuera de la baraja, en una esquina de la mesa.

El efecto final consiste en que se introduce la carta cazada de dorso en medio de la baraja extendida (también de dorso) y los ases negros, las cartas cazadoras, en los extremos de la extensión. Se cuadra la baraja y se anuncia que, una vez más, los ases negros van a atrapar la carta cazada (como ha sucedido en las fases previas).

Tras un gesto mágico, al extender las cartas caras arriba, ya no se ven ni los ases negros y ni la carta cazada. Parecen haber desaparecido de la extensión.

Entonces, sin mover la cabeza, miro de reojo las tres cartas que descarté y aparté a un extremo del tapete antes de que empezase la rutina. Tras un atisbo y un melacorto, muestro que estas tres cartas son ahora la cazada entre los dos ases negros.

¡Los ases han atrapado la carta cazada fuera de la extensión!

Por si te interesa, puedes encontrar el efecto Among the discards en el primero de los tres DVDs de Simon Aronson publicados en L&L Publishing.

 

3. El melacorto requiere atisbo. Para que el impacto de la imposibilidad anticipada sea máximo, el efecto tiene que ser vislumbrado por el propio espectador. El mago puede sugerir el efecto (atisbo) pero nunca anunciarlo directamente.

Si en la última fase del efecto de la ambiciosa con final de carta firmada a la cartera, simplemente anunciases que la carta no está en la baraja porque ha viajado a la cartera, te cargarías el posible melacorto.

Y es que el melacorto necesita el desequilibrio propiciado por el atisbo, ya que éste merma la sensación de control que el espectador tiene acerca de lo que va a ocurrir (y el modo en que lo hará), de modo que no puede evitar conceder visos de credibilidad al potente efecto que se insinúa, al tiempo que sigue conservando ciertas dudas al respecto.

Si el espectador fuese totalmente consciente del efecto con la suficiente anticipación (sin atisbo), podría anticipar su desenlace exitoso por completo, o bien dudaría con rotundidad del mismo. El caso es que al final el espectador tendría una clara expectativa de lo que va a suceder. Esta claridad de expectativa es contraria al melacorto, ya que éste requiere cierta confusión y duda.

En cambio, gracias al atisbo, por un lado, el espectador comienza a caer en la cuenta de lo que se avecina (viendo que es claramente imposible) y, por otro, dado lo que el mago ha hecho hasta ahora, no puede evitar plantearse seriamente la posibilidad de que lo vaya a lograr.

Más aún, el espectador puede también cuestionarse si ese efecto atisbado es realmente el que va a suceder, y no otro.

En este maremágnum mental de descubrimiento, duda, recelo, fastidio y dulce expectativa es donde reside esta exquisita sensación del melacorto.

 

4. El último factor que vamos a considerar es que el melacorto tiene que guardar cierta coherencia con los efectos previos.

En la ambiciosa que culmina con el viaje de la carta firmada en la cartera, el melacorto no funcionaría igual si al final el mago tuviera que sacarse la cartera del bolsillo para mostrar que la carta efectivamente ha viajado a ella.

La razón es que la cartera no habría estado presente durante toda la rutina, por lo que su introducción en el último momento se percibiría como algo extraño, poco coherente con el resto de la rutina.

Por otro lado, en este caso tampoco habría atisbo, ya que sacar la cartera del bolsillo es una pista demasiada directa para los espectadores de que la carta ha podido viajar a ella.

Por tanto, aunque en este ejemplo se cumplen las premisas de existencia de fase(s) previa(s) y de variación de clímax relacionada con la ubicación, al no cumplirse las premisas de atisbo y coherencia, el sacar al final la cartera del bolsillo no daría lugar a un melacorto en toda regla, como sí se produciría si la cartera hubiera estado a la vista durante toda la rutina con algún propósito justificado.

Una vez más, tengo que alabar en este punto la magnífica estructura del  Chicago opener, ya que cumple perfectamente con los cuatros puntos del melacorto, incluido éste último.

¿Qué mayor coherencia con el efecto previo que el hecho de que la segunda carta enrojezca como la primera? Eso sí, lo hace con un giro inesperado, inimaginable para la mayoría de los espectadores: ¡ocupando su lugar!

 

 

NOTA FINAL

La foto de cabecera fue tomada en una cena de San Juan Bosco de Círculo Mágico Granadino. Durante toda la cena Tamariz fue amenizando las mesas con magia de cerca. Huela decir que disfruté muchísimo de una de las pocas ocasiones en las que pude ver directamente al maestro en acción.

 

 

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2 pensamientos en “LOS CUATRO FACTORES DEL MELACORTO TAMARICIANO por Mariano Vílchez

    • Pues dímelos tú mismo, Maxi. Busca ejemplo de rutinas multifásicas (agua y aceite, rutinas de ambiciosa, cazadoras…) en efectos de Tamariz y otros magos. Cuando escuches un “no way” en tu mente, que se te ericen las antenillas porque quizá estés ante uno de ellos.

      Un abrazo.

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