LA TEORÍA DE LOS NUDOS EN MAGIA por Mariano Vílchez

adiviando un puñado de cartas_resizedEste artículo es la revisión y actualización de otro publicado en el blog Tertulias Mágicas Granadinas de Luis Arza en 2011.

La teoría de los nudos está relacionada con el concepto ascaniano de paréntesis de olvido, que consiste en establecer una distancia temporal (y a veces espacial) entre el momento de la trampa y el de la revelación del clímax.

De este modo se evita que el espectador establezca la conexión entre el manejo donde sucedió la acción tramposa y el efecto.

Sin embargo, los factores tiempo y espacio no son los únicos requeridos para la eficacia de un paréntesis de olvido.

Partamos de un ejemplo inmediato.

Tienes una moneda la borde de la mesa. La vas a hacer desaparecer. Tienes dos opciones:

a. Finges cogerla con la mano derecha pero en realidad la descargas al regazo. Ahora esperas unos segundos con el puño cerrado mientras hablas. Finalmente abres la mano mostrando que la moneda ha desaparecido.

b. Finges coger la moneda con la mano derecha pero en realidad la descargas al regazo.

A continuación la mano derecha realiza un falso depósito bluff de la supuesta moneda a la mano izquierda, la cual se cierra como si la contuviera. Entonces soplas sobre la mano izquierda, la abres y se ve que la moneda ha desaparecido.

¿Cuál de las dos opciones te parece más engañosa?

Coincidirás conmigo en que es la opción b. Incluso si el tiempo de espera fuese mayor en la opción a, la b sería siempre más ventajosa.

Y ello por varias razones:

1. Hemos añadido una distancia espacial: la moneda termina lejos del borde la mesa, supuestamente dentro de la mano izquierda.

2. Hemos añadido varios hitos o nudos dentro del paréntesis de olvido. El primer nudo añadido  fue el falso depósito bluff y el segundo, el soplido mágico. En total esta segunda secuencia contenía tres nudos (si sumamos el inicial de coger la moneda), mientras que en la primera opción sólo había uno (la falsa cogida).

Normalmente, cuando se produce el efecto mágico, el espectador analítico intenta rebobinar para entender en que momento sucedió el engaño o truco.

Este rebobinado no es ni perfecto ni cronológico, ya que el espectador no rebobina como lo haría un lector DVD. Se trata más bien de un salto hacia atrás hacia algún punto del juego a partir del cual se avanza hacia adelante para ver en qué momento pudo darse la trampa.

Si el espectador no consigue analizar nada durante ese tramo, entonces intenta rebobinar aún más lejos y, desde ese nuevo punto previo, vuelve a emprender el recorrido hacia delante.

Según esto, si conseguimos que la trampa suceda antes del nudo más remoto al cual pueda rebobinar el espectador, entonces éste será incapaz de analizar el efecto con éxito.

En nuestro ejemplo, en la primera opción el espectador tiene fácil el rebobinado, pues sólo se ha dato el nudo de la cogida. Con un poco de reflexión, podría llegar a la conclusión de que de algún modo nos hemos deshecho de la moneda al cogerla. Si conoce o sospecha del ardid de la descarga al regazo, entonces dará directamente con la solución. Si no, aun así habrá ciertas posibilidades de que dé con ella si se empeña en su análisis.

En cambio, en la segundo opción los diferentes nudos dificultan seriamente el análisis. El primer retroceso puede conducir al espectador hasta el soplido mágico, sin que nada explique el misterio. Quizá se vaya al falso depósito de la mano derecha a la izquierda, sin mucho éxito tampoco. Pero difícilmente retrocederá con sospechas hasta el momento de la cogida al borde de la mesa, ya que asumirá que realmente la mano derecha puso la moneda en la izquierda. Si la moneda ya no estuviera en ese punto, el mago mostraría su desaparición sin más, no necesitando la acción del falso depósito posterior.

Pero podríamos haber añadido otro nudo más. Por ejemplo, cuando supuestamente la moneda aterrizó en la mano izquierda, podríamos haber realizado un movimiento de reajuste de dedos como para recolocarla mejor dentro de la misma. Ése hubiera sido otro nudo al que habría podido rebobinar el espectador, un callejón sin salida más.

Llegados a este punto, definamos el término “nudo” como un posible momento del juego hacia el que el espectador es susceptible de rebobinar. Todo nudo será un poderoso punto atractor en su memoria, al que acudirá de forma natural para iniciar su análisis.

Según la teoría de los nudos, ¿cuáles son los posibles nudos a los que puedes recurrir para establecer paréntesis de olvido más eficaces y construir mejor tus rutinas?

 

1. Una foto mental de un momento del juego

Te puedes detener en algún momento clave de la rutina (o varios) para permitir que el espectador tome nota de la situación, la asimile mejor y realice una foto mental de la misma.

Por ejemplo has podido mostrar las manos vacías antes de alguna aparición o quizás inclinar un vaso con una moneda en su interior para dejar claro que, en el primer caso, las manos estaban vacías y, en el segundo,  que había una moneda dentro del vaso.

Si estos gestos se ralentizan o enfatizan, sus imágenes quedan grabadas en la memoria inmediata del espectador, constituyendo nudos a los que acudirá cuando intente recordar la rutina.

 

2. Una falsa continuidad (o acción de continuidad aparente)

La falsa continuidad es un concepto que permite a los espectadores  corroborar (falsamente) que la situación inicial no ha cambiado tras la trampa.

Éste es un nudo muy poderoso, ya que si el espectador rebobina hasta él, partirá de una falsa situación inicial –en la que ya ha sucedido la trampa-, lo que imposibilita seriamente su intento de análisis, si éste se produce.

En nuestro ejemplo hay dos acciones de continuidad aparente, ambas psicológicas.

Tras fingir coger la moneda de la mesa (y descargarla al regazo), la mano derecha fingió depositarla -en realidad ya no llevaba nada- a la mano izquierda. La mayoría de los espectadores asumirá en este gesto que la moneda sigue presente.

Como hemos dicho antes, ¿para qué va a tomarse el mago la molestia de realizar este gesto, si  pudiera a estas alturas mostrar que la moneda ha desaparecido? Hay que hacer constar que no es que el espectador haga esta reflexión de forma consciente, sino que la asume de forma inconsciente por la costumbre y su experiencia previa.

En segundo lugar, los dedos de la mano izquierda recolocaron la moneda convenientemente, instantes previos a su desaparición (idea de Joaquín Navajas). ¿Quién va a reajustar los dedos para recolocar una moneda si ya no está en la mano? Ésta sería la segunda acción de continuidad aparente, también de índole psicológica, ya que tampoco hay registro sensorial de la moneda durante el gesto (la moneda nunca se llega a ver).

Si el espectador rebobina hasta este momento, también se estrellará en su análisis, ya que estará muy lejos de donde sucedió la trampa real.

 

3. Una falsa pista tamariciana

Cualquier acción que despierte a propósito una sospecha en el espectador para luego mostrarla como falsa, constituirá un poderoso nudo atractor en la memoria, máxime si se trata de un espectador analítico que va a la caza del truco.

En el caso anterior, tras el falso depósito bluff, podríamos añadir otro nudo más, dejando los dedos índice y mayor de la mano derecha ligeramente unidos, como si siguieran sosteniendo la moneda.

A continuación separaríamos sutilmente los dedos –sin intención, como si no nos diéramos cuenta- para desmentir la sospecha.

Esta imagen constituiría otro nudo que el espectador recordaría tras finalizar la rutina.

Dicho sea de paso, en muchos casos las falsas pistas constituyen una falsa continuidad para los espectadores analíticos, ya que asumen como cierta una situación inicial que ha cambiado.

En nuestro caso, la unión sospechosa de los dedos permite asumir al espectador analítico que la moneda aún sigue en nuestro poder. Su propia sospecha lo aleja definitivamente de la solución verdadera: la moneda descansa desde hace un rato en nuestro bendito regazo.

 

4. Una salida de tono enérgica e inesperada

Si saltas de repente y sueltas de forma enérgica una afirmación que rompe con la línea discursiva del momento, tu salido de tono establecerá un nudo muy potente que, en muchos casos, propiciará el olvido de lo que sucedió inmediatamente antes.

Tamariz es maestro en esta técnica.

A menudo le pide a un espectador que nombre una carta y de pronto se gira hacia otro, pidiéndole a gritos que mezcle con energía.

El primer espectador le ha dicho la carta a Tamariz pero para el resto de los espectadores no ha sucedido nada, en primer lugar porque el maestro no hace acuse de recibo de dicha información, al girarse inmediatamente al otro espectador, y, en segundo lugar, porque esa petición de mezclar enérgica al otro espectador rompe la línea discursiva previa, de modo que los espectadores se olvidan incluso de que el maestro le pidió al primer espectador que nombrara una carta.

Es como cuando te dispones a realizar alguna tarea en casa y de pronto suena el teléfono.

El tono de llamada rompe el patrón de tu línea discursiva interior. Por ello, tras contestar el teléfono, a menudo te quedas un rato “pillado” sin saber lo que ibas a hacer.

Como se dice coloquialmente, se te ha ido el santo al cielo.

En la vida real te tomas el tiempo necesario para recordar y, tras unos instantes de reflexión, caes en la cuenta y sigues con lo aquello en lo que andabas entre manos.

Sin embargo, en una rutina mágica, una vez rota su línea discursiva, no le damos tiempo al espectador para que la vuelva a retomar, sino que emprendemos una nueva cadena de acciones, olvidándose el eslabón previo.

Obviamente, Tamariz proseguirá con la rutina, ignorando durante un buen rato el espectador que le dio el dato clave, dato que aprovechará al final con gran impacto para el público.

 

5. Una falsa proximidad

El establecimiento de una falsa proximidad es otro nudo poderoso al que rebobinará el espectador al final de la rutina.

Por cierto, el concepto de falsa proximidad se desarrollará en el ebook que se entregará en breve a los suscriptores del blog.

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6. El gesto mágico

El gesto mágico es posiblemente el nudo más poderoso de todos. Si tiene gancho y coherencia, y si, además, se realiza con suficiente intensidad, constituirá un nudo atractor tan poderoso que el espectador quedará absolutamente ligado a su imagen y recuerdo.

En el mejor de los casos, el gesto mágico puede tener tanta fuerza que no sólo el efecto quede intrínsecamente asociado con él, sino que, en el mejor de los casos, el espectador analítico, seducido por él, va a tener seria dificultad de rebobinar más allá del mismo durante los instantes posteriores al clímax.

Pasados esos instantes, intentará, ahora sí, rebobinar hasta algún nudo previo al gesto. Pero al haber transcurrido cierto tiempo, le costará más recordar lo que sucedió antes, amén de que probablemente aterrice en algún otro nudo, posterior al momento de la trampa y previsto por nosotros, a partir del cual su análisis fracasará ineludiblemente.

 

7. La frase final

Las últimas palabras pronunciadas al revelar el efecto pueden constituir un poderoso nudo atractor de igual o superior magnitud a los demás nudos.

En un juego de apilamiento de dados de Miguel Aparicio, la frase final del maestro granadino aporta una dimensión mágica desconocida en este tipo de juegos, más propicios a despertar sensación de habilidad que de magia.

La frase es algo así como “En una tirada de dados hay muchas jugadas posibles, pero sólo una imposible…” Y en esto, el mago levanta el vaso mostrando el apilamiento.

La fuerza hipnótica de la frase, el breve paréntesis de olvido que proporciona –en relación a la sacudida y a la dejada del vaso en la mesa, rompiendo así sutilmente la conexión entre el manejo habilidoso y resultado-, y la sobriedad de no ir haciendo otros apilamientos previos convierten la hazaña “habilidosa” de apilar dados en un soberbio efecto mágico.

El “no se puede hacer más lento” o “y siempre tengo tres” de René Lavand constituyen otros ejemplos de frases nudo.

Uno no puede rebobinar el juego mientras la mente queda atrapada por la poética y rítmica sonoridad de la frase.

NOTA FINAL

Si te decidieras por probar la rutina de desaparición de la moneda, con sus correspondientes nudos (o los que tú quieras incluir), te recomiendo crear cierta misdirection en el momento en que finges coger la moneda al principio del juego.

Para conseguir tal misdirection en ese momento, podrías recurrir por ejemplo a alguna pregunta obnubilante.

La pregunta obnubilante es una técnica ascaniana que consiste en preguntar algo a los espectadores, al tiempo que se realiza alguna acción tramposa o no del todo limpia. La pregunta entretiene al espectador, ocupando toda su energía mental por un momento, lo que le impide cuestionar la acción que realizamos al mismo tiempo.

En nuestro caso, podría ser algo así como:

¿Sabéis lo que pasa cuando se sopla con intención sobre una moneda?

A partir de ahí procedes con los demás nudos –o los que veas convenientes-: falso depósito, ¿ligera falsa pista?, falso depósito bluff, recolocación de dedos y soplido mágico.

 

¡Y AHORA TE TOCA A TI!

1. Coge alguna de tus rutinas preferidas y detecta todos los posibles nudos que encuentres en ella. Escríbelos si hace falta.

2. ¿El hecho de ser consciente de estos nudos te sugiere realizar alguna modificación de la rutina?

No hace falta que sea un cambio significativo,  a lo mejor es simplemente cuestión de enfatizar o marcar alguno de estos nudos.

O incluso añadir alguno que no estaba presente y que podría dar más eficacia a la rutina.  

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