LA FRASE INICIAL por Mariano Vílchez

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Hoy vas a leer aquí un principio sencillo que puede poner patas arriba tu manera de presentar tus efectos de magia.

¿Qué es lo que hace que nos enganchemos con una buena novela desde el primer momento?

La trama? Los personajes? La ambientación? El estilo?

Todo eso y mucho más. Pero sobre todo una cosa que los escritores de éxito conocen muy bien.

La frase inicial.

La primera frase de una buena novela nos atrapa desde un primer momento y, a menudo, su efecto se prolonga durante toda la novela. Si no crees aún en la influencia de la primera frase, vuelve a leer el principio de este artículo. ¿Lo ves?

Y es que es difícil eludir una primera impresión. Su influencia dura mucho tiempo y se requieren muchos datos contrarios a ella para llegar a modificarla.

Si te presentan a alguien por ejemplo y durante ese encuentro inicial esta persona te suelta alguna grosería o hace algo que no te gusta, va a ser difícil que te caiga bien. Y además te va a seguir cayendo mal mucho tiempo. No te vas a quitar fácilmente esa primera impresión, salvo que la vida te dé la oportunidad de que sigas conociéndolo y poco a poco vayas corrigiendo la primera imprompta.

Con tu guión de magia pasa lo mismo. Lo primero que digas para introducir tu efecto va a configurar enormemente la percepción que van a tener los espectadores acerca del juego: el interés que despierte, su sentido profundo, la ficción que lo envuelve, así como la interpretación de sus efectos (o fenómenos en términos de Gabi Pareras).

Eugene Burger, por ejemplo, empieza uno de sus efectos preguntando:

¿Sabes qué diferencia hay entre imaginación y realidad?

Tras el titubeo del espectador que no sabe muy bien que contestar, Eugene le ofrece a elegir entre tres monedas imaginarias. El espectador coge una de ellas (forzaje psicológico). Entonces Eugene simula cogerla con los dedos de la mano derecha para colocarla en la palma izquierda, al tiempo que dice:

Esto es imaginación…

Finalmente, tras apretar el puño con fuerza y mostrar cierto esfuerzo visible en su rostro, abre tranquilamente la mano, mostrando que la moneda mentalmente elegida está dentro de ella, momento en el que dice:

…y esto, ¡realidad!

Como puedes apreciar, aparte de generar intriga, la frase inicial envuelve todo el efecto y no puede por menos que ejercer su poder seductor en los espectadores, y ello desde un primer momento.

De hecho, la frase inicial obliga a una interpretación determinada por los asistentes al efectos. No podemos evitar dar sentido a todo lo que percibimos y menos si se trata una frase de inicio seductora e intrigante. Necesitamos interpretarla y hacerla nuestra ya.

Aquí van unas frases de arranque sugerentes, algunas del propio Eugene Burger, maestro de este arte de la frase inicial:

A veces las apariencias engañan…

¿Sabéis qué diferencia hay entre truco y magia?

¿Sabéis cuál es la diferencia entre apariencia y realidad?

Algunas veces me han preguntado si escondo cosas en mi barba… y sí, las escondo (en este momento Eugene se extrae un cigarrillo de la barba).

¿Te consideras una persona con suerte?

Voy a haceros el juego más rápido del mundo…

¿Hasta qué punto sois compatibles tú y tu novio?

Es la última vez en mi vida que voy a hacer este efecto…

Los magos tenemos prohibido hacer el juego que os voy a hacer a continuación.

Sinceramente, ¿no te engancharía escuchar alguna de estas frase de inicio? ¿No estarías pendiente y absolutamente entregado a lo que viene a continuación?

 

Ventajas de usar una frase inicial

Vamos a conceptualizar un poco. (Al fin y al cabo éste es un blog sobre teoría mágica.) Te enumero pues, cuáles son las ventajas teóricas de arrancar con una frase inicial enigmática.

 

1. Te quitas los prejuicios iniciales de los espectadores ante la magia. Si abordas por ejemplo una mesa de comensales en un restaurante y lo primero que haces es sacar una baraja, cada persona va a desarrollar sus propios prejuicios respecto a lo que va a ver.

Vaya. Un mago, no me gusta la magia. A ver si acaba pronto.

Anda, un mago. Voy a ver si le pillo el truco. Menudo soy yo para esto.

Un mago. ¡Me encanta! (Sí. A veces tenemos la suerte de encontrar espectadores así).

Joder. Con lo a gusto que estábamos hablando de nuestras cosas. Y viene éste ahora.

En cambio, si te acercas a la mesa y, tras la presentación adecuada, sueltas alguna frase de introducción como las citadas anteriormente, de entrada vas a desmantelar gran parte de esos prejuicios iniciales, ya que les vas a dar a los comensales algo muy concreto en qué pensar.

Chicos, soy mago y voy a haceros el juego más rápido del mundo.

Hola me llamo Andrés, soy mago y el juego que voy a haceros, los magos lo tenemos prohibido.

¿Sois pareja? ¿Queréis saber en tal sólo un minuto vuestro grado de compatibilidad tenéis?

Esto es también ventajoso para los magos noveles a los que tiemblan aún un poco las manos cuando van a hacer magia. Si sacan primero el elemento (baraja, moneda o cuerda), todos los ojos se van a clavar en él y van a notar su nerviosismo, lo que va repercutir en más nervios aún.

En cambio, si el mago novel suelta una buena frase inicial, los espectadores quedarán atrapados por ella y seguirán estándolo cuando al fin saque y ponga en juego su elemento. Además, la propia frase de inicio que acaba de soltar también lo seducirá parcialmente a él, desviando su atención de los propios manejos y aliviando así en gran parte su nerviosismo.

 

2. Ganas en claridad. Si mezclas charla y manejos, obligas a los espectadores a dividir su atención, lo que da lugar a cierta confusión. En cambio, si sueltas la frase inicial antes de iniciar ningún manejo -o de sacar siquiera el elemento- vas a conseguir una mayor claridad tanto el guión que quieres comunicar como en los manejos que requieren el efecto, sin que uno distraiga de los otros o viceversa.

 

3. La primera frase es ideal para iniciar un enfoque ficcional a lo Gabi Pareras. La frase inicial es la idea moduladora o principal que va a regir el efecto y sus sucesivos fenómenos (que son, en términos de Gabi, efectos coherentes con la ficción sugerida).

La idea rectora que planea sobre toda la obra está presente también en obras de teatro, en novelas y en películas, sobre todo las de autor. En su libro El guión, Robert Mckee se refiere a esta idea predominante (y a veces oculta) con el nombre de idea controladora.

 

4. Como consecuencia de lo anterior, la frase inicial potencia igualmente la resistencia al análisis del efecto. Todo buena ficción es el fondo una enorme misdirection temática que envuelve el efecto principio a fin. Si la idea inicial seduce al espectador y configura su interpretación de los efectos mágicos que se suceden a continuación, entonces es mucho menos probable que la parte analítica del espectador se active, ya que la mente se encuentra muy cómoda en ese viaje imaginario que la ficción le va procurando, donde todos los fenómenos y el mundo creado encajan con su propia coherencia en un mundo ajeno al cotidiano o racional.

 

5. La frase inicial puede propiciar además un abordaje subrepticio (término de mi amigo Vicente Mustieles).

Esto es algo exquisito. Algo que puede ser muy impactante para tus espectadores.

Te cuento.

Empiezas soltando tu frase inicial pero en un contexto donde no nadie se puede imaginar que te dispones a hacer magia. Es más, puede incluso que el personal ni siquiera sepas que eres mago.

Te pongo un ejemplo personal. Alguna vez he ido al gimnasio con la baraja Mental Photographic en el bolsillo. Por si no la conoces, es un baraja que se puede mostrar como normal, por sus caras y por sus dorsos, ¡y luego blanca por ambas caras!

Entonces me he acercado a algún compañero del gym y le he soltado algo así como:

Joder. Estoy cabreado, me han timado.

Cuando me pregunta por la razón, saco la baraja diciendo algo así como:

Me han vendido esta baraja y está mal impresa.

Al mostrarla como normal, mi compañero se muestra reticente, diciendo que él la ve bien. Entonces, de repente, la muestro blanca por caras y dorsos mientras que digo algo así como:

Sí. Pero a la que te descuidas, mira cómo se queda.

La cara de asombro y descuadre que se le queda al tipo no tiene parangón. En primer lugar no tiene defensa alguna. Él no sabe que le vas a hacer magia. Es más, a lo mejor ni siquiera sabe que eres mago, por lo que el impacto que le puede llegar a producir el efecto puede ser demoledor, de esos impactos a lo Paul Harris que te quedas en suspenso, colgado unos segundos sin saber dónde te encuentras…

Entenderás que, por su planteamiento, el abordaje subrepticio requiere condiciones especiales y no es lógicamente adecuado para un actuación formal, ya que en ella se sabe que eres mago y se anticipa, lógicamente, que vas a hacer magia. Pero si tienes ocasión, pruébalo alguna vez y sorpréndete con los resultados. Es, cuanto menos, muy muy divertido.

 

Un efectillo de regalo: la diferencia entre magia y truco

A mí me gusta realizar esta versión de un juego clásico especialmente efectivo para desactivar espectadores especialmente analíticos e impertinentes, de ésos que te interrumpen, te tocan el material sin permiso y no pestañean mirando a las manos.

Tras el desenlace de este juego, se acciona como un click en ellos, a partir del cual suelen relajarse y empiezan a disfrutar de la sesión.

Te lo explico a la vez que te lo describo, a lo Harry Lorayne.

Empiezo con mi frase inicial:

¿Sabéis la diferencia entre magia y truco?

Ante la falta de respuesta o el titubeo de los espectadores, sacas de algún bolsillo tres cartas de dorso. Los espectadores ignoran que son un tres de corazones y dos figuras negras cualesquiera. El tres se encuentra en medio de las figuras.

Voy a explicároslo con un juego.

A continuación realizas una ambiciosa con tres cartas, donde una carta (en este caso el 3 de corazones), tras colocarse debajo de los otras dos, sube una y otra vez.

Para ello haces un doble (preferentemente con el push-off de Vernon, aunque también puedes recurrir a un bucle de la carta inferior), mostrando el tres arriba (cuando en realidad estaba en segunda posición). Vuelves a voltear el doble por push-off y bajas la carta superior abajo. Giras de nuevo –ahora lícitamente- la carta de arriba. Se verá de nuevo el tres.

A continuación, volteas de nuevo individualmente el tres y finges colocarlo abajo otra vez. (En realidad haces otro push-off con las dos cartas superiores y colocas esas dos cartas debajo de la primera.) Ahora estás en disposición de mostrar de nuevo -con otro doble lift- que el tres ha vuelto a subir.

Ahora vas a hacer un detallito de Tamariz. Vuelves a voltear de dorso las dos cartas, coges la superior y haces el amago de introducirla en el centro para luego arrepentirte y colocarla claramente abajo, todo ello mientras dices:

Fijaros que no coloco el tres en el centro… sino abajo.

Ahora le pides a algún espectador que gire la carta superior. Para gran sorpresa de todos, de nuevo se verá el tres.

Lógicamente, al cabo de un rato, la mayoría de los espectadores -especialmente los más analíticos- estarán mirando con una sonrisilla que dará entender que sospechan algo obvio. Y es que las tres cartas son iguales.

¿Qué estáis pensado?

En ese momento espero que algún de los espectador me confirme la sospecha. Entonces me dispongo a colocar las cartas una a una en la palma de su mano realizando la siguiente cuenta múltiple. Parto de las tres cartas de dorso en mi mano izquierda (con el tres enmedio de las figuras). Primero realizo un doble lift, se ve un tres, vuelvo a voltear el doble y coloco la carta superior en la palma del espectador de dorso. Luego realizo un volteo normal, se ve otro tres, y, al ir voltear la última carta con la segunda como pala, aprovecho para hacer un enfile en el preciso momento en que la segunda carta (que acabo de volver de dorso) voltea la última carta cara arriba. Tras el cambio que propicia el enfile se ve de nuevo un tres. Realizo todo esto mientras digo:

Efectivamente, el truco sería que hubiera uno… dos… y tres treses de corazones iguales.

Entonces añado esta frase:

Pero esto no es un truco… sino magia.

Al decir esto, volteo las tres cartas en la mano del espectador mostrando que sólo hay un tres acompañado por dos reyes.

Cuatro ideas finales con respecto al juego:

1. El haber elegido un “tres” como carta ambiciosa contribuye subliminalmente a transmitir la idea de que hay “tres” cartas iguales.

2. En ocasiones aprovecho los momentos previos al juego para empalmar dos figuras negras que me guardo en algún bolsillo. Entonces extraigo el el tres de corazones de la baraja y a continuación saco de dorso las dos figuras negras del bolsillo . Al ver los espectadores que añado dos cartas extras a la baraja, estoy transmitiendo subliminalmente la idea de que éstas cartas no pertenecen a ella, propiciando sutilmente la sospecha posterior de que pueden ser duplicados del tres.

3. El elegir como cartas extra dos figuras negras es para asegurar el máximo contraste con la carta de puntos roja en la revelación final.

4. Nota como en la frase final se resuelve la pregunta planteada en la frase inicial, cerrándose cíclicamente el guión.

Si hay algún punto con el que estés especialmente de acuerdo (o en desacuerdo) o si quieres matizar o aclarar algún punto, siéntete libre de realizar cualquier comentario más bajo o por privado (a mi correo potenciatumagia@gmail.com).

1. Cuéntame por ejemplo la importancia que le das a la frase de inicio, si la usas alguna vez o si te parece que exagero en cuanto a su importancia.

2. ¿Has probado alguna vez el abordaje subrepticio? ¿Con qué resultado?

 

¡Y si te ha gustado especialmente el artículo, compártelo!

 

NOTA

La fota de cabecera del gran Eugene Burger está extraída de la web www.lovemagi.com

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8 pensamientos en “LA FRASE INICIAL por Mariano Vílchez

  1. Hola Mariano. No hay palabras para agradecer esta labor. Los artículos son de una calidad insuperable y de valor incalculable para la magia. Y personalmente este formato de compartir la teoría mágica está prácticamente pensado para mí. Artículos prácticos, concisos, donde citas a los maestros, donde aportas cosas nuevas, y en una sola lectura ya salgo con conocimiento nuevo listo para poner a trabajar. Otra vez: gracias.

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