ENTREVISTA A MIGUEL PUGA (MAGOMIGUE) por Mariano Vílchez

Entrevista a Miguel Puga por Mariano VílchezEntro en el piso y me recibe calurosamente. Nada más empezar a conversar se produce una extraña sincronicidad: Últimamente me estoy interesando por los juegos de mesa y, no sé cómo, pero sale el tema. Entonces se le enciende la mirada y me muestra estanterías enteras llenas de juegos de todos los tipos imaginables. He tocado sin saberlo otra de sus pasiones. Yo, que me quedé en el “Trivial” de los ochenta, de repente empiezo a familiarizarme con nombres hasta ahora desconocidos para mí -y muy sugerentes- como “Ikonikus”, “Jaipur” o “Patchwork”.

Seducido durante más de una hora por la charla apasionada de Migue sobre este tema, a duras penas consigo reconducir la entrevista hacia su propósito inicial, pero al final lo logramos.

Cuéntame algo de tus inicios. La primera imagen o recuerdo que te inspiró para empezar a convertirte en mago.

En relación a lo que me preguntas tengo dos recuerdos.

En primer lugar recuerdo de pequeño ir al circo con mi abuela María y obligarla varias tardes seguidas a llevarme a ver al mago que actuaba en él. Recuerdo  también perfectamente el olor de la pista de arena y de los animales.

¿En qué consistía la magia que viste?

Era el efecto de cremación: El mago metía a una señorita dentro de una caja y, tras trocearla y echarle gasolina, le prendía fuego. Recuerdo la impresión que me produjo la reaparición de la chica (viva) justo a mi lado.

El otro recuerdo que tengo es el de un tío lejano, primo de mi madre, que vivía en Barcelona y nos visitaba todos los veranos. Me hacía juegos de manos que no me explicaba hasta el verano siguiente. Imagina la deliciosa tortura que me procuraba esta anticipación de verano en verano.

¿Recuerdas los juegos?

Sí. Sobre todo dos de ellos. El primero era el efecto de “una moneda que desaparecía dentro de un papel de periódico”, y el otro era el del “lápiz que lloraba por no saber escribir poesía”.

El primero consistía en una bolsita oculta en un papel de periódico. Lo curioso es que, a pesar de mi corta edad, ya me cuestioné lo desproporcionada que resultaba la hoja de periódico para hacer desaparecer una moneda tan pequeña. Así que hice mi propia mejora del juego. Inspirado por los anuncios de bancos que venían en una determinada hoja de la publicación, se me ocurrió introducir la moneda, hacerla desaparecer y luego que reapareciese junto a algunas más, con la idea de la hoja como símbolo de un banco que luego te daba intereses…

Qué bueno. ¿Y lo del lápiz que lloraba por no saber escribir poesía?

Bueno. Éste era curioso, ya sabes el clásico efecto del algodón mojado que se oculta en la oreja y que, presionado sobre el lápiz, produce gotitas que caen de la punta. Le añadí una presentación curiosa. Mi tío me invitaba a escribir rimas de palabras. Cuando no encontraba la rima, iba y me cogía el lápiz… y entonces éste lloraba por no saber escribir poesía… Así lo hice (y hago) durante muchos años a todos mis amigos.

Fíjate que en estos juegos ya se ve un cierto interés por la construcción e incluso un planteamiento de ficción.

Pues sí. Ahora que lo dices, se puede ver así.

¿Algún recuerdo más de la infancia? ¿Un primer libro?

Sí. Una maravilla…

53054632(En esto, Migue se levanta hacia una estantería y me muestra un librito con ilustración de Walt Disney titulado: “El manual de Patomas», un libro iniciador de trucos de magia, entre otras lindezas).

Éste libro es una maravilla –me dice, mientras lo hojea-, algunos de estos juegos aún podría hacerlos hoy, son buenísimos. De hecho los hago.

(Me sorprendente gratamente esta afirmación, pues a menudo los magos despreciamos los libros de nuestros comienzos por cierto orgullo de sofisticación, como si ya los tuviéramos superados, cuando en realidad siguen conteniendo joyitas que no valoramos, al habernos acostumbrado a ellas con el tiempo, y al haberlas, además, aprendido en nuestra época de neófitos).

¿Qué aprendiste de tus años televisivos en Antena 3 con tu programa La merienda?

Pues imagina. Nada menos que tres años en antena, a diario, tres horas al día. Me dieron experiencia, crecimiento, seguridad… y fama, con la parte positiva y negativa que eso entraña. Hice mucha magia en esa época en televisión. Fue un gran aprendizaje a todos los niveles.

¿Te ayudó esta experiencia a creer en ti, te dio confianza?

Hombre, supongo que sí. Pero, si te digo la verdad, la confianza siempre la he tenido de alguna manera. Siempre he sabido lo que quería, ser mago por ejemplo, y que, costase lo que costase (dentro de un orden), iba a luchar hasta alcanzar mis sueños.

¿Estaba ya latente la idea de un posible festival de magia en Granada en tu época de Madrid? Cuéntame algo de cómo surgió.

Pues sí. La idea llevaba bastante tiempo latente. Y desde mi regreso a Granada en el año 2.000 se va terminando de fraguar poco a poco. Pero la idea era anterior a mi regreso a mi ciudad natal. Siempre he pensado que nuestro arte necesita más visibilidad y cambiar algunos conceptos, sobre todo en cómo se muestra socialmente. Tenía algunos buenos referentes como el festival de Vitoria (el más antiguo de nuestro país) o el de Coimbra en Portugal. Sin embargo, cuando empecé a mover piezas, me encontré con muchos obstáculos. De hecho, fueron seis años de noes y más noes, hasta que al final hubo un sí… Y hasta ahora. Quince años se cumplen la próxima edición. Ha sido y es una experiencia con un recorrido muy satisfactorio para mí.

¿Qué te ha dado el festival?

Muchas satisfacciones (y algún que otro dolor de cabeza). Recibir a grandes personalidades de la magia como Tommy Wonder, René Lavand, Tamariz, Tomsoni, Pavel o Colombini, Miguel Aparicio, Pierre Edernac, Pavel, Patrick Page… por citar unos pocos.

Y además, potenciar la afición por la magia en los magos de la ciudad y, sobre todo, con el paso del tiempo y lo más importante para mi, el hecho de crear un público aficionado que va a los teatros a ver magia. Y no sólo espectáculos con varios magos en cartel, sino espectáculos unipersonales, de un solo artista, cuyo nombre a lo mejor ni siquiera conocen pero que van a ver porque viene refrendado por la marca del festival.  Es el  primer festival que se enmarca en una agenda cultural, por cierto al nivel de otros eventos culturales. Hasta entonces otros festivales eran más “sólo para magos”.

Al final, como dice Migue, ir creando y construyendo la idea de GranHada.

En tu época de Madrid tuviste el privilegio de tratar directamente con maestros como Ascanio, Tamariz y otras personalidades destacadas de la Escuela Mágica de Madrid, un marco ideal para el aprendizaje. Hoy día, riges tú mismo una escuela de magia en Granada.

Dame tu opinión sobre el tradicional dilema vídeo/libro a la hora de aprender magia. ¿Cuál es para ti la mejor forma de aprender?

Fue una época muy intensa y maravillosa la etapa madrileña. Pertenecer al selecto grupo de las Escuela Mágica de Madrid fue y es un honor. Pero en esta idea hay que entender la palabra “escuela” como sistema filosófico, no como Academia.

El proyecto que inicié hace ya casi 6 años en Granada, mantiene el espíritu de lo aprendido pero aporta una metodología para el aprendizaje de este arte. NO es una escuela para formar a profesionales, si no para abrir puertas a nuestro arte. La acogida es buena y como en el colegio “progresamos adecuadamente”.

Respondiendo a la segunda cuestión te diré que Nada puede compararse al tándem libro y maestro. Ésta es para mí la mejor combinación para aprender.

Hablando de libros, en casa de Migue llama mucho la atención la cantidad de tochos (de magia y otros temas) perfectamente colocados en estéticas estanterías repartidas por todo el ático.

El libro deja más espacio a la creatividad. No estás atrapado por la gestualidad del artista grabado, sino que tienes que imaginar tú mismo cómo realizar las acciones del libro, y las haces a tu manera y, de paso, estimulas tu imaginación, que es la herramienta principal para el arte.

Sólo contemplo el uso del vídeo para dos cosas. La primera es para entender con claridad ciertos manejos de cuerdas, monedas y otros elementos que pueden quedar ambiguos o poco claros en cuanto al timing si sólo se leen en un texto. El otro uso –y el fundamental para mí- es poder disfrutar de maestros desaparecidos como Frakson y Cardini, por ejemplo.

Y en cuanto a libros, no sólo libros de magia, sino de cualquier tema: cine, arte, filosofía… Leer educa.

Dicho esto, no reniego de las nuevas tecnologías, pero hay que medir bien la pedagogía, y esto escasea en Internet.

Siempre he pensado que el secreto último del mago es su conocimiento en los máximos campos posibles.

Háblame de tu veneración por el teatro.

El teatro es lo más grande. La interacción que se da en un teatro entre artista y público es única, grande y sagrada. Es algo que deja huella.

Es más, yo siempre he buscado para mí un posicionamiento teatral. La magia por sí sola no es respetada porque los magos a la hora de actuar no la tratan con la exquisitez que se merece como el arte que es, o al menos debería ser.

Pero para llegar a ello debemos formarnos y/o asesorarnos bien. Hay toda una generación muy potente de artistas ahora que, además de estar influenciados por los aspectos constructivistas de los grandes teóricos de nuestro país, lo están por los espectáculos distintos que vieron de, entre otros, servidor. Hablo de Jorge Blass, Yunke, etc…

Mi trabajo en el arte dramágico ha dado unos sabrosos frutos. No muy comerciales, pero muy míos, muy personales. El tiempo dirá.

Lo que tengo claro es que mi “competencia” (palabra que no me gusta pero que en esta ocasión es ilustrativa) NO es el resto de magos. Son las compañías de teatro. Me gustaría que me comparen con otros artistas de nivel teatral, gente como Rafael Álvarez “el brujo” o Nuria Espert, gente que admiro profundamente y de la que he aprendido tanto como de Tamariz. Y por soñar, me gustaría que cuando se piense en magia teatro en nuestro país se piense en Miguel Puga, un artista que pone en escenario un espectáculo de ilusionismo digno, a la altura de tan señalado marco. Para eso trabajo. Y algo se va logrando. Por eso creo absolutamente necesario que los festivales de magia programen sistemáticamente espectáculos unipersonales, no sólo el formato galas, que es mucho menos arriesgado.

Su compañera Ana entra en el salón  para ofrecernos gentilmente un piscolabis. Al marcharse, nos enciende un par de lámparas. No habíamos reparado que, con la caída del atardecer, estábamos ya prácticamente a oscuras. La charla nos absorbe. La luz y el tentempié me animan a entrar en materia con los que temas que más me apasionan. Tras la interesantísima conversación previa, ahora voy a lo mío. Mis dos pasiones: teoría mágica y trascendencia. Cada loco con su tema.

Migue, ya sabes el enfoque del blog.

Es tu entrevista, tú mandas…

¿Cómo funciona para ti la teoría a la hora de construir y mejorar efectos? ¿Procedes de forma intuitiva o eres especialmente consciente de los conceptos que vas manejando a la hora de construir o componer, como dices tú?

En realidad suceden ambas cosas. Los pensamientos van fluyendo mientras los términos teóricos van resonando de fondo. Siempre soy consciente de por qué hago cada  cosa. Pero para eso hay que estudiar y pensar las cosas. Y equivocarse.

Trabajas los clásicos… Monedas al vaso, Homing card, baraja nudista, caníbales, la rutina de la ranita…

Entrevista de Mariano Vílchez a Miguel Puga (Magomigue)Evidentemente. Yo no me considero un creador de juegos, sino más bien un componedor, un recreador. No considero por tanto que haya creado juegos nuevos. Es muy complicado crear efectos nuevos que merezcan ese calificativo. En cambio, me gusta intentar mejorar la construcción, dar mi toque, mi forma de pensar, hacerlos míos.

Por ejemplo me gusta la mejora técnica de la rutina de Coponetro (Bob Kline, 1947) que hice y llamé “Prestigio en Plata”, con un diseño que, sinceramente, creo que potencia bastante el efecto. Pero además de mejorar sensiblemente la técnica, mejoré la secuencia, la rutina convirtiéndola en  una experiencia diferente para el público. Me enorgullece que buenos profesionales en nuestro país y fuera de él la hagan. Ése es el premio.

Tu versión de la homing card…

Bueno básicamente es la rutina de Carlyle con un par de detalles o tres que creo aportan un plus a la rutina. Uno es el viaje final de la baraja al bolsillo, inspirado por un efecto que aprendí de Alfredo Florensa en el que se dan a elegir tres cartas que se llevan a posición inferior por control múltiple. Entonces se cubren con un pañuelo y en un momento se guarda toda la baraja al bolsillo menos esas tres. Entonces finges buscar cada una de las tres cartas elegidas (en realidad sólo están esas tres bajo el pañuelo). Y al final muestras que la baraja ha desaparecido. Un pelotazo.

Joder. Qué bueno. Dos pasos por delante.

Ese efecto fue mi inspiración para incluir el viaje a la baraja al bolsillo final. Un detalle es que hojeo la baraja hasta el último momento para que el espectador que está a mi izquierda recuerde luego ese sonido, prueba fehaciente de que un instante antes tenía la baraja completa cerquita de él, en sus narices.

Otra sutileza que he incluido es la sujeción de las manos por parte de los espectadores. Eso lo aprendí de Vernon, quien lo cita a propósito del mago Larry Grey. Creo que le da más intensidad y dramatismo al momento.

En suma, creo que he convertido una rutina inicialmente pensada para cerca en una rutina que funciona muy teatralmente ante públicos grandes.

Al margen de una cuidada gradación, de lo que enseñas y reservas en cada fase para que suba el interés, he observado además que muchas de tus construcciones parten del final. A lo largo de la rutina se va trabajando para que ese final sea fuerte, coherente e impactante.

Recuerdo haberte visto una vez unas cazadoras con mnemónica donde un espectador atesoraba una baraja extra desde el principio. Esta baraja estaba en orden mnemónico. Entonces le pedías a un espectador que nombrase una carta cualquiera.

A continuación sacabas dos cartas que decías eran las cartas cazadoras (secretamente la anterior y posterior en el orden mnemónico de la nombrada). Tras realizar toda una rutina de cazadoras donde ambas cartas capturaban una y otra vez la carta pedida, al final comentabas que no sólo había ocurrido con la baraja que tenías entre manos, sino también con la que había permanecido en todo momento en las manos del otro espectador.

Y efectivamente, al extenderse esa baraja, oh milagro, las dos cazadoras atenazaban a la carta nombrada libremente al principio. Telita.

Sí, la verdad es que esa rutina es bastante fuerte. La llamo el “Sandwich del vago”. Pero no sólo trabajo desde el final en rutinas individuales, sino que trabajo para el final en todo el conjunto. Quiero decir que desde el principio estoy pensando en el final del espectáculo, en cómo potenciarlo y en cómo hacerlo memorable para el público, y que sea toda una experiencia emocional.

¿Y qué hay de la importancia del “opener», de ese juego de inicio con el que el mago se revela a los espectadores?

Creo que se exagera la importancia del “opener». El juego de apertura es importante pero no se puede comparar a la importancia de un final. Se puede empezar mal, pero luego a lo largo del el espectáculo se puede ir remontando hasta acabar con un final brillante, de modo que, cuando acaba el show, el principio ha quedado atrás, olvidado, y la impresión de los espectadores es óptima.

También tienes entre los magos la reputación de crear momentos de misdirection muy potentes. Me vienen a la mente ahora tu versión de la carta al pañuelo de Tamariz o tu carta al vaso. Yo me he comido más de una vez alguna de esas desviaciones de atención

Gracias por tu comentario.

Creo que se trata simplemente de buscar ese momento donde todos estén a otra cosa, donde no se contemple siquiera la posibilidad de trampa: cuando se saluda al espectador, cuando se le ofrece ayudarlo en algo (como en el caso de la carta al vaso) o cuando se reubica a algún otro lugar del escenario. Hay muchos momentos así. Para mí es algo natural y fundamental el hallar y aprovechar estos momentos. Convertir al espectador en parte del secreto es algo que hago mucho.

En los DVDs de Luis de Matos citas el concepto de potenciador de efecto que atribuyes a Donald B Lehn.

Sí, es una idea que le escuché a Donald y me quedé con ella. A lo hora de revelar cualquier efecto, siempre puedes realizar un detalle que lo realce o potencie. Pero es imposible establecer un potenciador genérico, sino que cada efecto requiere que le encontremos ese punto o toque especial.

Por ejemplo, en el efecto de la copa y el comodín incluido en los DVDs al pasar el pañuelo por la copa para transformar la carta le doy un golpe seco al pañuelo, como un latigazo, de modo que da la sensación de que realmente la carta se cambia gracias a él.

O por ejemplo en homing card, en la que hay un momento en el que hago amago de meter la carta en el bolsillo y, tras un gesto de la mano izquierda, es el propio espectador quien la introduce en él para sacarla. Otro detalle que potencia el efecto.

Me gusta la idea. Pensar que cualquier revelación puede requerir un potenciador de efecto que la realce. Una inspiración para intentar buscarlo.

Otra cosa que me gusta en tu magia es cuando recurres al pensamiento inverso. Ya sabes cuando haces un uso alternativo de un principio y le das una vuelta de tuerca. Por ejemplo cuando realizas un triunfo con la baraja invisible, un uso lógico si se para uno a pensarlo un momento. Además es un triunfo con carta pensada, ahí es nada.

Es lo que pasa, de hecho, con las buenas creaciones. Cuando algo se crea, resulta obvio. Se ve como evidente. Parece imposible no haberlo concebido antes.

En tus ases MacDonald pasa algo similar. Usas las cartas de doble cara para una reaparición progresiva en vez de una desaparición. ¿Y qué decir de las sencillas y potentes cartas al suelo?

Bueno. Creo que es cierto. Me gusta dar esa vuelta de tuerca como dices, ese toque personal, siempre que puedo. Por ejemplo, en relación a la homing card, el hecho de que sea la baraja entera (menos la carta firmada) la que viaje al bolsillo…

Se queda pensativo unos instantes.

O en la rutina de todo dorsos, donde utilizo realmente cartas de doble dorso, una sugerencia que me hizo Miguel Gómez.

Oye, qué bonita rutina. Y, una vez más, construida de atrás adelante, de modo que al final revelas primero la baraja como normal, luego los ases… ¡y por último las dos cartas nombradas libremente por el espectador al principio del juego!

Muchas gracias.

Migue, yo manejo el concepto de preparación inverosímil, que se me ocurrió escuchando algunas historias de Luis Arza. La idea sería la de que, para realizar un efecto, la preparación requerida sea tan loca, trabajosa o disparatada que el espectador no puede dar con el método de ninguna manera.

Por ejemplo cuando Luis me contaba que en los ochenta escondía cartas con esquinas rotas en diferentes lugares de ciertos bares y pubs de Granada. Entonces, cuando iba con amigos y alguien proponía ir a un determinado bar, tras llegar a él, Luis se escapa un momento al servicio y buscaba en un clasificador (que siempre llevaba consigo) la esquina correspondiente a la carta oculta en ese local en cuestión.

A continuación forzaba la carta correspondiente y, tras córtale una esquinita, cambiaba secretamente ésta por la esquina preparada. Me imagino el pasmo de los acompañantes cuando, tras empalmar la carta y ver que ya no estaba en la baraja, ésta aparecía dentro de una botella olvidada o detrás de algún cuadro del local, y además se corroboraba que la esquina coincidía.

Además él nunca proponía ir al sitio, sino que esperaba que alguien lo propusiese…

Es cierto que Luis hacía cosas de éstas. Pero no sólo Luis. Yo creo que casi todos los grandes recurren a ese concepto. Yo lo llamo tamarizada porque en mis años en Madrid vi a Tamariz realizar hazañas de ese tipo en varias ocasiones… y dejaba a la gente con un K.O. técnico (e incluso a los magos que las presenciábamos). Pero no sólo Tamariz, también de Daortiz y de otros te podría contar jugadas de este tipo.

Lo digo porque tú también tienes reputación de aplicar ese concepto de preparación inverosímil. Así que cuéntame alguna tamarizada tuya, si es posible revelarla aquí.

Te voy a contar dos. Una corta, medio en broma, que impactaba bastante y otra un poco más elaborada.

Soy todo oídos.

Pues mira, la corta es que cuando estaba en Madrid, siempre llevaba un huevo duro en el bolsillo. Pocas veces sucedía pero cuando alguien soltaba la expresión Me importa un huevo (muy usada en aquella época), entonces yo producía el huevo de su oreja diciendo ¿Cómo éste? Parece una tontería pero la gente se quedaba de piedra.

Y la larga… Mira, en una ocasión yo regresaba de un viaje de avión y en el aeropuerto recibí la llamada de Jesús Bigorra, amigo y conocido periodista de Canal Sur Radio que estaba por Granada en ese momento. Me pidió que me fuese directamente a un conocido bar de la ciudad a echar unas cervezas con él y unos amigos. No sé por qué pero al hablar con él le dije que iba a tomar el vuelo, no que acaba de llegar.

Entonces se me ocurrió la idea. Recordé que en años anteriores Jesús me había comentado que su lugar de alojamiento favorito en Granada era el Hotel Saray. Y allá que me fui, aprovechando el tiempo en que, supuestamente, Jesús pensaba que me hallaba volando hacia Granada. Al llegar a recepción, hablando con el director, que conocía personalmente -y explicando que se trataba de una broma mágica-, conseguí que me permitieran entrar a su habitación. Entonces, bajo la almohada, coloqué una baraja de edición Hocus Pocus semiextendida. La baraja no tenía 4 de trébol y además el rey de corazones tenía una esquina doblada.

Una vez hecho esto, me fui directamente al bar donde estaban Jesús y los demás, siempre con la maleta en mano, como si acabase de llegar. Total, me encuentro con ellos, charlamos y cerveceamos como unas tres horas, desde las cinco de la tarde hasta las ocho, más o menos.

Yo no dije nada de hacer magia en ningún momento, me arriesgué a desaprovechar la oportunidad hasta que ocurrió lo esperado. Alguien me invitó a hacer un juego.

Entonces le pedí una baraja prestada al dueño del bar. Yo sabía que tenía una baraja de edición Hocus Pocus que le había regalado en otra ocasión y que guardaba como oro en paño. Cuando me la entregó hice varios juegos y, como efecto final, forcé el 4 de trébol, lo revelé como carta elegida e hice desaparecer la baraja (guardándomela secretamente en el bolsillo).

Al final, como es lógico, me preguntaron qué había sido de la baraja, entonces empecé a soltar vaguedades, como que la baraja estaría “en algún lugar vinculado a sus sueños”. Al final, le pregunté a Jesús donde se alojaba. Me dijo que en el hotel Saray. Total que al final, Jesús, incrédulo, se fue al hotel. Yo me quedé como “rehén” en el bar. Cuando regresó a la hora o así, llegó totalmente blanco.

Imagínate. Había encontrado la baraja a la que le faltaba el 4 de trébol. Pero es que había otro detalle más. En un momento de las rutinas previas a la desaparición yo había dejado caer a posta el rey de corazones y al cogerlo del suelo le había doblado “casualmente” una esquina. Yo no hice ningún comentario al respecto pero todos se dieron cuenta del hecho. Cuando Jesús mostró la esquina doblada de la baraja, aquello fue la guinda del pastel.

Yo no podía saber que iba a llegar Jesús, ni en qué hotel se iba a alojar. Además no había tenido tiempo de nada (por culpa del supuesto vuelo posterior a la llamada). Ni siquiera pedí hacer magia en ningún momento… ¿Magia? Han pasado años y aún me lo recuerda…

Pues sí, pienso, cualquiera escapa a todos esos supuestos. Tal vez a alguno… ¿pero a todos? Doy un sorbo a mi refresco, saboreando al tiempo la jugosa anécdota. De repente me viene a la mente uno de mis cuestiones favoritas en magia: la formación del repertorio.

¿Cómo has ido elaborando tu repertorio a lo largo de los años? ¿Cuál es el ciclo de los juegos que pruebas y ensayas? ¿Cómo los eliges? ¿Cómo los pruebas a nivel de aficionado? ¿Cómo seleccionas los que vas a usar profesionalmente? Háblame de todo eso.

Mira, yo te diría que los juegos son como los amigos. Hay amigos que conoces, cuya compañía disfrutas mientras los tienes cerca, y que un buen día, por vicisitudes de la vida, dejas de verlos para siempre. Hay otros amigos que se pierden años atrás y un día regresan a tu vida. Y otros, por lo que sea, que se quedan contigo a lo largo de todo el camino. Así es mi relación con los juegos de magia. Y es que la magia y la vida se parecen mucho…

¿Sigues teniendo, como muchos magos tenemos, la excitante expectativa de ese paquete que está por llegar?

¡Absolutamente! La misma pasión que un niño ante un regalo de reyes. Cuando me llega un libro o un juego, desenvuelvo el paquete, jugueteo con el efecto, huelo las páginas del libro…

En primer lugar ensayo los juegos. Disfruto aprendiéndolos y asimilándolos. A continuación, los hago en la intimidad, para amigos y conocidos. Muchos de ellos se quedan en este nivel amateur y nunca llegan a formar parte de mi repertorio profesional, la mayoría de hecho…

Otros, en cambio, entran en mis espectáculos puntualmente, o durante una temporada hasta desaparecer pasado un tiempo.

Y sólo unos pocos son los que se han quedado a lo largo de los años. Son mis rutinas clásicas, muchas de ellas vienen en los DVDs producidos por Luis de Matos: la homing card, las cartas nudistas, las monedas al vaso, los caníbales, etc.

Yo creo que las rutinas que se quedan con nosotros a lo largo de los años son precisamente aquéllas que más hablan de quienes a nivel inconsciente, las que expresan quienes realmente somos o quienes queremos llegar a ser. Es como esa película que puedes ver una y otra vez sin cansarte, y seguir disfrutándola aunque conozcas de memoria cada una de las escenas.

Es posible que sea así…

Ha llegado el momento de abordar otro de mis temas favoritos, mi enfoque preferido de la magia.

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Encuentro en Ardales alrededor de Luis García con Migue y amigos varios. Falta mi amigo Paco González, quien tira la foto.

Migue, compartimos interés por el enfoque trascendente en magia. La magia como vehículo de ideas que expresan quienes somos y que, de paso, pueden contribuir al crecimiento de nuestros espectadores, hacerlos más felices y avivar en ellos la esperanza, propósito último de toda magia como dijo el insigne Robert. E. Neale. De hecho, ambos participamos en unas jornadas organizadas por Manu Montes alrededor de Luis García y enfoques alternativos en magia.

Recuerdo también tu iniciativa de participar en las Jornadas Universitarias de Granada con el curso de Las Máscaras del Mago donde, por cierto, hicimos una ponencia juntos, en compañía de Vicente Mustieles, sobre el aparato metafórico en el ilusionismo y la obra de Luis García.

Y además, en ciertos espectáculos tuyos  (como “AluCine”, por ejemplo) no dudas en expresar tus pasiones, tu mundo interior, usando muy a menudo la metáfora como herramienta, sin olvidar efectos para mí de clara intención trascendente, como la burbuja o los amantes…

Es cierto que en algunos momentos de mis sesiones o en algún espectáculo podría decirse que soy consciente de querer transmitir algo más allá del efecto en sí. Sin embargo, he de decir que, de practicar en estas ocasiones el enfoque trascendente -como lo denominas- en ningún caso pretende ser un resultado, sino tan sólo una intención.

¿Compartes mi opinión de que la magia puede en ocasiones llegar calar profundamente en los espectadores hasta llegar a transformarlos?

Bueno. No sé si un efecto en particular puede “calar” hasta ese punto. Lo dudo. En cambio sí que creo que el arte de la magia en general, sí que puede remover algo dentro de nosotros y, con el tiempo, llegar a transformarnos. A mí me transformó, tanto que dedico mi vida a él. Espero el hecho de que presenciar un espectáculo teatral con una temática bien definida donde se remueve a los espectadores desde la alegría, el humor y, sobre todo, a través de un sentimiento muy poderoso para mí… la ternura, acabe calando en alguna persona y le haga tomar determinadas decisiones. Pero lo que ocurra, será independiente de mi intención. Pero, como todo está conectado, a veces ocurre.

Pero no sólo la magia, sino que el arte en general es transformador, canalizado a través de un verdadero artista.

Coincido totalmente con esa última afirmación.

Cambiando de tema, cuéntame algo sobre el próximo congreso nacional en Granada…

Sólo puedo decir una cosa: que todos los magos que les apetezca y puedan asistir al congreso, que lo hagan. Os necesitamos. Para que el Congreso Nacional viva necesita de vosotros, de los amantes del ilusionismo. Celebremos la fiesta de la magia que nos une en este singular evento.

Estamos trabajando muy duro para ofrecer un bello Congreso con una programación muy interesante. Consultad la web oficial para más detalles: www.congresomagiconacional.com

Tras estas palabras, y tras una pequeña sesión donde comentamos las posibilidades de una preciosas baraja de Tarot recién llegada de Alemania, me despido de Migue.

Al final, me alejo con la extraña sensación de haber compartido la tarde con una especie de alter ego. Y es que los dos somos más o menos de la misma edad (yo un año mayor), a ambos nos apasiona la magia, en su construcción y en lo que tiene de imposible. Él migró a Madrid, yo que me quedé con ganas de hacerlo a la misma edad que él pero no tuve el valor de superar las pegas de mi familia empeñada en que estudiara “una carrera como Dios manda”. Incluso de jóvenes los dos estuvimos enamorados de la misma chica (pero esto es otra historia, como diría aquel barman de la película Irma la dulce).

La diferencia es que él vivió y vive su sueño de hacer magia a profanos por el todo mundo. Un gran privilegio, un gran Don, tal como se lo expresó Arturo de Ascanio en un paseo que dieron ambos por el parque del Retiro:

Miguelillo, ¿eres consciente de la felicidad que vas a poder dar a las gentes que puedan disfrutar de tu magia?

Un Don divino para el que tenía la obligación de trabajar y estudiar, en justa correspondencia a lo recibido…

Yo me quedé en el aire, con mis ideas y esquemas conceptuales, viviendo la magia de un modo más teórico. Me resta el consuelo –y privilegio- de tejer con palabras mis textos y entrevistas como ésta para poder compartirlos luego contigo, amigo lector y suscriptor del blog, por la omnipresente magia de Internet.

Y a ti, Migue, gracias, por tu generosidad, porque –aunque no todo ha salido aquí- durante la entrevista no te guardaste absolutamente nada.

Como diría el maestro Yoda, que la magia te acompañe… ahora y por siempre.

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