ENSAYO Y MEMORIA por Mariano Vílchez

Hubo en momento en la carrera de Filología inglesa donde estuve a punto de tirar la toalla. Algunas asignaturas requerían un gran trabajo de memorización y no estaba dispuesto a pagar el precio de semejante esfuerzo.

Tras un bachillerato de ciencias, había girado el rumbo hacia las letras pero nunca digerí muy bien el hecho de tener que memorizar por memorizar, sin entender ni verle lógica al material. Y en esa carrera había asignaturas de muchos quilates memorísticos, por lo que pensé que no iba a poder superarlas.

Entonces un libro me salvó (como ha ocurrido en otras ocasiones de mi vida).

Este libro se llamaba CÓMO DESARROLLAR UNA SUPERMEMORIA de un tal Harry Lorrayne.

(La verdad es que no me fijé en el nombre del autor hasta años después, cuando reparé en que se trataba del mismo Harry Lorrayne que era mago, creador y recopilador de excelentes efecto en libros como BEST OF FRIENDS, entre otros.)

Con ese libro aprendí a resumir, a retener y asimilar. Aprendí el poder del repaso, de las asociaciones mnemotécnicas (bendita técnica la de la palabra clave), el sistema fónico, que permitía transformar los números en palabras (y que luego propició que memorizase el orden tamariciano basándome en él).

Y como el libro me salvó, al final superé con creces aquellas pesadas asignaturas.

Últimamente he vuelto a repasar aquel material e incluso adquirido algún libro nuevo sobre técnicas memorísticas -la cosa no ha evolucionado mucho desde aquel libro de Harry, la verdad-, lo que me ha llevado a una serie de reflexiones, una de las cuáles ha desembocado en este artículo que relaciona ensayo (de juegos mágicos, claro) y memoria.

Si te cuesta recordar los manejos de los juegos, las ordenaciones de las cartas de los juegos que requieren preparación…

Si te gustaría conocer algunos principios que pueden volver tu ensayo más efectivo…

Si eres amateur y en ocasiones no se te ocurre qué juego hacer cuando te piden alguno…

Si hay juegos que no terminas de rodar porque siempre te lías en alguna parte por no recordar el manejo exacto…

Entonces es probable que encuentres en este artículo alguno principio o clave que te puede ayudar.

 

Cuanto antes ante público

Esto es mi primera recomendación. Cuando hayas aprendido el efecto, no le des muchas vueltas y ponlo a prueba cuanto antes. Pruébalo con tus colegas de magia, con tu novia, con tu mujer y luego con los amigos.

No vas a rodarlo ni vas a memorizar los manejos totalmente hasta que te enfrentes al fuego de la batalla. Cuanto antes lo pruebes con gente de confianza, antes empezarás a asimilarlo, a ver su carencias, a descubrir la fuerza de su engaño (o la falta del mismo) y hasta si va con tu estilo, o no.

Puedes ensayarlo a solas cientos de veces y no terminar de aprenderlo. En cambio, si los haces dos o tres veces ante personas de carne y hueso te harás con sus fundamentos muy rápidamente.

 

Ten el tapete a mano

Si tienes el tapete a mano es más fácil que encuentres la ocasión para ensayar.

Los momentos son innumerables: cuando llegas a casa, en las pausas publicitarias viendo la tele -sugerencia de Miguel Gómez– (o incluso viendo un programa no demasiado interesante).

Mi maestro Arza habla de tener, no sólo el tapete y la baraja a mano, sino también otro selementos con los que poner en práctica de inmediato alguna «inspiración» que te llegue en algún momento. Estoy hablando de cartas de doble cara, de doble dorso, blancas, monedas, cascarillas, etc, de modo que, en el momento en que te venga la idea, la puedes experimentar de inmediato.

De otro modo, la inspiración para ese efecto y manejo podría esfumarse para siempre y nunca más volver.

 

De tres en tres

Estudia secuencias de tres efectos consecutivos. Esto es muy ventajoso, sobre todo si no eres profesional y sueles ensayar varios efectos sin terminar de decidirte por alguno en serio, de modo que cuando te piden que hagas «algo», no se te ocurre ni un solo juego que hacer.

Si ensayas secuencias de tres juegos, tendrás siempre una mini-sesión a mano y podrás entretener un buen rato cuando surja la ocasión.

(Por otra parte, el número tres -y cualquier número impar, según el maestro Burger- es el más redondo y queda muy bien ante los espectadores. Si haces un efecto y paras ahí, quedas bien. En cambio si te lanzas a por el segundo, entonces se siente la necesidad de un tercero para que los espectadores tengan un sentido de «compleción» o redondez satisfactoria.)

Por eso, memoriza los efectos por tríadas. Por ejemplo puedes producir los ases (primer efecto), luego hacer un efecto con ellos (girando los ases o el último juego del doctor Daley, por ejemplo).Y luego perderlos en la baraja y que el espectador los encuentre.

¿Ves? Se trata de buscar tres efectos que sigan una secuencia lógica, fácil de memorizar.

O puedes producir cuatro monedas y que luego atraviesen la mesa para, finalmente, desaparecer y retornar a la nada.

También puedes buscarle la lógica a los tres efectos no sólo por la vida externa de lo que sucede, sino también por la vida interna o metodología de los mismos.

Por ejemplo puedes forzar una carta y encontrarla (primer efecto) aprovechando la búsqueda para separar la baraja en colores. Luego aprovechas esa ordenación para localizar dos o tres cartas elegidas (aprovechando el principio de esta separación) para rematar con un fuera de este mundo.

O simplemente enlaza tres efectos que vaya bien juntos según tu criterio, o que te gusten sin más. Y búscale tú la lógica a hacerlos juntos.

Y luego ensaya siempre la secuencia de tres. De modo que, cuando te pidan un juego, en cuanto recuerdes la secuencia en la que se éste encuentra, vas a poder realizar los tres juegos del tirón.

Y nunca más te quedarás sin saber qué juego hacer…

 

Falsa sesión profesional

Si eres profesional, no tienes problemas. Tienes tu sesión, ya sea de cerca o de salón, una secuencia de juegos pulida por ensayo, error y quizá años de reflexión. Dominas esos juegos que haces siempre y son ya una segunda naturaleza para ti.

Pero si eres amateur y te gusta, como yo, navegar entre múltiples efectos y posibilidades, no siempre con rumbo determinado, entonces te falta aterrizar y decir qué efectos vas a seleccionar y a hacer de verdad en tus actuaciones como aficionado.

Empieza recortando posibilidades. Quita efectos y decídete por los que de verdad te funcionan: ya sea porque su método engaña, porque entretienen, o son tu estilo y hablan de ti y de quién eres. Y luego pule esos efectos hasta la extenuación, haciéndolos una y otra vez en distintos contextos.

Puedes incluso currarte una falsa sesión profesional. Imagina que algún día vas a actuar de cerca en una sesión formal y pagada. Construye un repertorio para esa sesión, tal vez combinando tres o cuatro tríadas de las que hablábamos anteriormente.

El caso es llegar a una secuencia de juegos muy pulida y esos juegos los tendrás grabados a fuego.

(Además, si la ocasión se presenta, ya sea porque surja la oportunidad o te inviten a una gala serie, lánzate al ruedo y realiza en público, para eso te la has rodado.)

 

Evita interferencias

Si los efectos son similares, no los ensayes seguidos, pues te puedes liar entre uno y otro. Esto es un principio de la memoria: lo que se parezca, estúdialo separadamente para que no confundas datos de uno y otro elemento.

Por ejemplo, si tienes que ensayar dos efectos que requieren ordenaciones de cartas previas -y además son similares aunque no iguales- ensaya un efecto al principio del ensayo y el otro al final, separándolos claramente en tu mente.

Pongamos que ensayo GIRANDO LOS ASES de Vernon y luego TWISTER de Paul Gordon. Ambos efectos requieren una ordenación precisa de los ases al principio, pues empiezo la sesión de ensayo repasando GIRANDO LOS ASES, luego ensayo otros juegos y termino por TWISTER.

De esta forma tengo más clara la ordenación de cada efecto.

 

 

Prepárate la sesión con tus colegas

No seas flojo. Cuando vayas a sesionar con colegas no improvises en el sitio. Decide qué juegos vas a compartir y ensáyalos previamente en casa. La sesión no es un lugar de ensayo, sino de prueba de efectos que ya has estudiado.

(Y digo esto también como forma de automotivarme, ya que también incurro en este error.)

Recuerda también que si explicas un efecto a tus colegas, eso contribuirá extraordinariamente a que lo recuerdes durante más tiempo. No hay cosa que ayuda más a aprender que enseñar a otros lo que has aprendido.

 

Me tomé tres copas en el pub Diamante

En la Alpujarra granadina hay un pub muy chulo con camas para echar la siesta en cualquier momento. Ese pub es el pub Diamante. Pregunta por él si vas a Capileira

Estoy de coña. En realidad no existe tal pub, aunque si recuerdo en una ocasión ir con amigos por la Alpujarra y que, ebrios de vino, llegamos a un sitio lleno de camastros… O quizá fue producto del cebollón que arrastraba…

Sea como fuere, esta frase me da la clave para recordar la ordenación inicial de los ases para realizar el maravilloso GIRANDO LOS ASES. De arriba a abajo: Tréboles, Corazones, Picas y Diamantes.

Me tomé TREs CO Pas en el pub DIAMANTE.

Busca tus propias conexiones y truquillos para memorizar secuencias así y recordar manejos. Si no tienes la costumbre de usar este tipo de triquiñuelas, no dudes en consultar el citado libro de Harry Lorrayne (que incluso incluye una metodología para memorizar una baraja entera al tirón, asociando cada carta a una imagen concreta):

 

Ensaya con palabras y contexto imaginario

Ensaya imaginándote delante de espectadores y di exactamente lo que dirías en esa situación. Cíñete al guión, lo tengas escrito o no. Al hablar y visualizarte en acción, recordarás mucho mejor los manejos del juego que si lo ensayas mecánicamente y en silencio.

(De esta forma te darás cuenta de muchos problemas que pueden presentarse y anticiparás salidas adecuadas para cada uno de ellos.)

 

La bendita pausa asimilatoria

SI TUVIERAS QUE QUEDARTE CON UNA SOLA IDEA DE ESTE ARTÍCULO, QUE SEA ÉSTA.

Cuando hacemos una pausa después de algo, ese algo se asimila mucho mejor y se recuerda mucho más tiempo después.

… … … … …

De ahí la conocida pausa asimilatoria ascaniana.

Lo contrario a esta idea es no dejar tiempo de asimilación y bombardear con otro estímulo inmediato tras el hecho que queremos que olviden.

Tamariz escucha la carta pensada que le dice un espectador con la pista del sordo, al tiempo que los espectadores aplauden, y luego pega una voz inesperada o hace algo repentino que contribuye, para más inri, a que se olviden lo que acaba de suceder.

El hecho de que Tamariz escuchó esa información no sólo no se percibió (por la situación, el momento post efecto y los aplausos), sino que además el sobresalto posterior borra del todo lo ocurrido anteriormente. Cuando el maestro encuentre luego la carta pensada, será un milagro absoluto.

Es como cuando vamos a una habitación por algo y de pronto suena el móvil. El sobresalto inmediato de la llamada corta de pronto nuestra decisión de recoger algún objeto en el otro sitio, de modo que, una vez acabada la llamada, nos quedamos en Babia unos instantes sin saber qué diantres íbamos a hacer antes de que sonara.

Al rato lo recordamos porque nos tomamos el tiempo necesario (algo que el espectador no tiene la oportunidad de hacer en el ejemplo de Tamariz).

No hubo pausa mínima tras la decisión de ir por el objeto, ya que estímulo del sonido del teléfono reventó de inmediato esa pausa.

Pero aquí se habla de lo contrario, de hacer una pausa asimilatoria.

Esta pausa la podemos hacer…

  • después de establecer las condiciones iniciales de un efecto… (para que se recuerden al final).
  • después de consumarse un efecto… (para dar la oportunidad de que quede en el recuerdo).
  • tras ensayar un juego donde te acordaste bien de toda la secuencia de manejos… (para consolidar este aprendizaje).
  • Cuando, leyendo cualquier libro, descubres una idea nueva y estimulante… (para dejar que cale en ti y dé sus frutos).
  • cuando te sale bien -o medio bien- una técnica por primera vez en mucho tiempo. (Para minimizar el tiempo de aprendizaje.)

Esta última idea ya aparece en el libro del ZEN EN EL ARTE DEL TIRO CON ARCO. En él Herrigel intenta aprender de un maestro el difícil arte del tiro con arco. Después de mucho tiempo de intentos infructuosos, un tiro le sale medio bien y entonces el maestro le ordene que pare la práctica durante el resto del día.

Recalco de nuevo la idea, si una técnica nueva, sobre todo de esas que salen o no salen del tirón (una faro, por ejemplo) se te resiste durante un tiempo y un día te sale -aunque sea de casualidad-, para ahí. Quédate con esa sensación de logro durante el resto del día y no la retomes hasta día siguiente.

Te aseguro que de este modo las probabilidades de que te vuelva a salir al día siguiente son mucho mayores.

 

Al hilo de

A menudo, al ver un DVD o leer un efecto en un libro, te vendrá a la memoria algún juego del mismo estilo y que, por alguna razón desconocida, has dejado de hacer aunque era buenísimo.

Pues bien, al hilo de este nuevo juego recién descubierto que te recuerda aquél, aprovecha y repasa el juego olvidado. A veces el efecto estudiado es superior al anterior pero, a menudo, el que estudiamos años atrás es sigue siendo mejor que el nuevo, con lo que ésta es una oportunidad estupenda de recuperarlo y volverlo a incorporar a tu, si es lo que las olvidado sin razón alguno, no, claro está, si renunciaste a él por alguna debilidad que no lograste superar.

Y lo mismo sucede cuando estás sesionando con colegas. A menudo alguien hace un efecto y otro recuerda uno similar olvidado y resulta que éste es la bomba y se recupera gracias a esta reunión de magos. (¿Se nota que soy pro sesiones?).

También puede suceder simplemente viendo a otro mago en vivo o en televisión. Puede que su efecto conecte con otro anterior nuestro y, al reactivarlo, consiga que lo reincorporemos de nuevo a nuestro repertorio.

 

La baraja repertorio

Esto es un instrumento que usé hace años para ir consolidando los juegos de un posible repertorio, cuando todavía no había aterrizado mucho en cuanto a mi estilo personal y al tipo de efectos que realmente me gustan. No obstante, creo que la idea puede ser útil en cualquier situación.

Se trata de escribir en cada una de las cartas de una baraja vieja el nombre de uno de los juegos de tu repertorio (o de las posibilidades de efecto que barajas en tu mente, aunque no las hayas concretado exactamente). Puede que sean 10 cartas, 15, 20 o 40, cartas, no importa. En una carta, por ejemplo, escribes FUERA DE ESTE MUNDO, en otra, por ejemplo, ASAMBLEA PARA PROFANOS y así…

Entonces llevas siempre esa baraja contigo y en los tiempos muertos (cola del banco, atascos del coche, café de media mañana…) la sacas, la mezclas y giras la carta que te haya quedado arriba o cualquier otra al azar.

Te saldrá un juego cualquiera.

Entonces visualizas el juego, repasas mentalmente los manejos, las claves que hay que recordar hasta que sientes que lo dominas un poco más en tu mente.

A continuación, cuando estás satisfecho con él, extraes otra carta al azar. De nuevo tienes otro efecto que consolidar a nivel mental. Y así.

Esto es muy estimulante por varias razones.

La primera es que estás ensayando todos tus efectos a nivel mental y, créeme, esto no es cualquier cosa. Cuando te pongas a hacerlos físicamente te sorprenderás de la mejora y de cuanto has aprendido sobre ellos. Y lo más sorprendente, a menudo te vendrán a la mente posibilidades de mejora del juego que, de otro modo, no se te habrían ocurrido.

Eso sí, ten cuidado si haces esto en el coche, pues más de una vez -a mí me ha sucedido- me he pasado varias leguas de la salida de la autovía que tenía prevista inicialmente.

Y alguna vez me ha pasado hasta tres veces seguidas.

Gracias Harry, porque tu libro me salvó.

 

NOTA

La estupendo de cabecera de Harry Lorrayne está extraída de la web www.magicana.com/news/blog/take-two-61-harry-lorayne.

 

 

 

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