EMOCIÓN Y SÍMBOLO por Mariano Vílchez

 

¿Qué vale un anillo?

Un anillo en sí mismo no expresa nada. Todo lo más. puede ser bello, llamativo o ser deseable por su valor económico.

Pero no provocará ninguna emoción profunda en sí mismo.

En cambio, ese mismo anillo deslizado por el dedo de la amada tras una propuesta de matrimonio adquiere un nuevo significado y puede provocar en el hombre que lo pone y en la mujer que lo recibe una emoción muy profunda, así como un cambio en el estado de las cosas de ahí en adelante.

Sólo en el segundo caso, con la intención adecuada y dentro de un ritual establecido (arrodillarse, hallarse un entorno especial –viaje, naturaleza o típico restaurante-, haber vivido una relación durante cierto tiempo con alguien), se manifiesta en su esplendor el poder simbólico que el anillo encierra y que guardará para siempre (en algunos casos. En otra, podría convertirse en un símbolo de dolor, por ejemplo tras una ruptura).

Yo puedo deslizar ese mismo anillo en el dedo de un amigo o una amiga y, aunque entiendan el significado y la broma, no se desencadenará ninguna emoción especial.

Y eso es porque no lo he puesto con la intención adecuada, ni ha habido ritual y tampoco han habido circunstancias previas que le den sentido al acto.

 

La emoción provocada por rituales donde NO hay imposibilidad.

Hace unos días estuve en la boda de un sobrino. La ceremonia fue laica y sin embargo estuvo aderezada por varios gestos y rituales muy emotivos para los asistentes (y por ende para los propios novios).

Uno de ellos fue mi sobrino y su novia colocaron sendos tarros de arena de colores sobre una mesa (cada uno de un color) y luego procedieron a volcarlos en un tarro común y mayor, donde se apreciaba como los colores se mezclaban dando nuevos matices de coloración.

Ese momento me removió. El simbolismo estaba claro, mezclar y combinar las esencias de cada uno para crear una nueva combinación, el matrimonio o la entidad nueva de la pareja.

¡Y no hubo imposibilidad! Tan solo emoción y magia.

Eso sí. Hubo circunstancias adecuadas (un marco de significado previo), ritual e intención.

Yo puedo hacer el mismo ritual con un colega mago y no sentiremos lo mismo. A no ser que lo hagamos con un propósito previo, de forma intencional y con un toque ceremonial. Tal vez porque me voy a embarcar con él en algún proyecto compartido (libro, sesión de magia conjunta, etc.) y quiero que haya armonía entre nosotros.

En este caso a lo mejor interesaría hacer este pequeño ritual –u otro cualquiera- para facilitar la relación posterior entre los dos, que cada uno dé lo mejor de sí y combinar nuestras puntos fuertes con respeto y compresión, disolviéndose un poco el ego individual.

En este tampoco habría imposibilidad, pero quizá sí algo de magia. Podríamos sentir cierta emoción al mezclar nuestras arenas. Y a lo mejor –es muy probable- este pequeño ritual daría fruto para que la colaboración posterior fuese mejor.

El caso es que la emoción mágica no requiere imposibilidad. Los rituales de la magia blanca tradicional así lo demuestran. Se combinan elementos con potencial simbólico, con una intención (a veces en algún tipo de ceremonia pública donde se generan momentos de emoción durante el acto) a la espera de que surja algún de transformación o cambio a partir de ellos.

Y no sólo en rituales de magia tradicional, sino también en rituales sociales cotidianos que a lo mejor ni siquiera apreciamos.

Bodas llenas de momentos simbólicos muy emotivos.

Comer juntos con amigos, brindar, darse abrazos.

Dar y recibir los buenos días.

(A lo mejor está diluviando y se tiene un mal día, pero sí este saludo se expresa como deseo o intención, quien lo expresa o lo escucha puede experimentar alegría, esperanza y ánimo, aunque ni siquiera sea consciente de su influencia en el momento.)

El abrazo del padre y un hijo tras años sin hablarse. La emoción es enorme y su relación se sana de repente y empieza otra etapa.

En todos estos ejemplos puede haber emoción -e incluso transformación- tras el gesto o ritual.

Y sin embargo no ha habido imposibilidad.

 

La emoción en momentos de magia ilusionista donde SÍ hay imposibilidad

Lo imposible conlleva ciertas emociones inevitables: sorpresa, duda, descrédito, asombro, curiosidad, inestabilidad mental –difícil de llevar para algunas personas-, sensación de vacío de no estar apoyados, de flotar, risa, vuelta a la infancia, quedarse en Babia.

La imposibilidad es algo maravilloso que a los magos nos mantiene enganchados, a veces de por vida. Nos encantar experimentarla y compartirla con otros.

Y a pesar de todo, tras años de experiencia y estudio he llegado a la siguiente conclusión:

Los momentos de mayor emoción para los espectadores en un juego o rutina de magia son aquellos que encierran un momento simbólico que resuena especialmente dentro de ellos, sean conscientes o no de esta conexión simbólica.

Estamos combinando la emoción de la imposibilidad con la emoción de lo simbólico vista en el apartado previo.

Y esto, chicos, es un cóctel muy muy potente.

La primera vez que vi Flying de Copperfield me sentí flotar durante todo el número. Pero dentro del coloque general había momentos donde se me removía algo por dentro (se me ponían los pelos de punta) y no sabía muy bien por qué.

Con los años llegué a entender la razón de estos de momentos de máxima emotividad.

Cada uno de estos momentos encierra un motivo simbólico, algo asociable con algo profundo y entrañable.

Te propongo que veas el vídeo antes de seguir leyendo. Disfrútalo de nuevo –o por primera vez, si no lo conoces- y al final pregúntate cuál ha sido –o cuáles han sido- los momentos del acto donde más te has emocionado, donde has sentido algo que te removía especialmente.

Después analizamos juntos lo que podía encerrar simbólicamente cada momento.

 

 

¿Lo has visto? Una maravilla, ¿verdad?

Vamos a analizar los contenidos simbólicos del número. Quizá te sorprendas, hay mucho más de lo que pudiera parecer en un principio.

  1. El comienzo muestra un ángel pintado. Una referencia directa. Antes de empezar incluso. Creo que sobran comentarios.
  2. Luego, el hombre y el ave. El deseo ancestral de volar.
  3. El ascenso desde la posición horizontal. La idea de resurrección. El ascenso del alma. Incluso la separación transitoria del cuerpo astral, según algunas creencias.

(El momento realista de los aros, eliminando la posibilidad de cables. Es un momento puntual que evita que nos acostumbremos a una imposibilidad continua y permite que continúe la fascinación.)

  1. El momento caja (mi favorito, los pelos de punta). (Aparte de ser otro potente momento realista,) la capacidad de volar, de ser nosotros mismos a pesar de condiciones limitantes. La libertad de ser humano por encima de cualquier tipo de sometimiento.
  2. La salida de la caja. La ascensión con los brazos en cruz, para mí una referencia directa a la ascensión de Cristo. Y además justo después la salida del encierro.
  3. El viaje con la chica. Superman. El hombre que se eleva y se supera, inspirado por el amor de una mujer y luego comparte los frutos de esta inspiración con ella. Ambos se elevan.
  4. Volando con el ave. Se cierra el ciclo. El deseo de volar como un pájaro se materializa. Y además de una forma suprema, ya que el hombre permite que el ave se apoye en él al volar, cuando lo contrario no sería posible.

¿Ha coincidido tu mayor momento de emoción con alguno de estos puntos?

Creo que este vídeo ilustra perfectamente mi planteamiento. La emoción de imposibilidad planea durante todo el número. Sin embargo los momentos de máximo emoción son debidos al plus que aporta el contenido simbólico.

 

El potencial simbólico inherente de los efectos mágicos

Todo efecto mágico -en sí mismo- expresa un cambio de estado o acción que puede tener cierta resonancia simbólica.

Si realizo una asamblea de ases, al final se produce una reunión y esta idea puede evocar varias cosas: reunión de amigos, de familiares, la suma de elementos para conseguir una totalidad superior, la armonía entre seres humanos, la paz y el entendimiento mundial…

Al final del Arco Iris Mágico, Tamariz hace un listado maravilloso de efectos con su resonancia simbólica o mitos asociados. Utiliza el término de fenómeno adherido para referirse al potencial simbólico de cada efecto.

Leer el listado te hace consciente de cuál puede ser el valor simbólico del efecto que tienes entre manos. Esto podría influirte a la hora de decidir qué presentación adoptar para subrayar, acentuar o destacar este aspecto simbólico, con el enfoque que te parezca más interesante para transmitirlo al público.

O puedes ignorarlo o realizar el efecto sin más, dejando que sea el público y cada espectador quien experimente e interprete –consciente o inconscientemente- la resonancia simbólica según lo que desee o necesite. Dejas abierta la interpretación al espectador. O simplemente pasas del tema y la consecución del efecto puro en la mente del espectador es suficiente para.

Genial también.

Pero incluso en este último caso tu elección será más consciente al conocer las posibilidades simbólicas del efecto y tomar tu decisión al respecto.

 

Dirigir o no dirigir la interpretación simbólica, he ahí la cuestión.

A estas alturas se me habrá visto el plumero y habrás deducido que estoy a favor de dirigir y potenciar la posible resonancia simbólica de los efectos. Y lo estoy por varias razones.

  1. Como he expuesto en el apartado de rituales sin imposibilidad, la emoción –y la posible transformación- en estos rituales se da por la intención y el marco de significado previo. No veo por qué en la magia ilusionista este factor ha de ser diferente.
  2. El marco de interpretación simbólica de un efecto en sí mismo es demasiado abierto y difuso, a mi entender. Creo que es necesario afinar –al menos un poco- en lo queremos expresar con el efecto y en lo que queremos que les llegue a los espectadores.
  3. Las presentaciones que apoyen el potencial simbólico de efecto siempre serán especialmente potente y emotivas, ya que estarán alineadas con lo que el efecto expresa de por sí.

 

Formas de acentuar y dirigir el potencial simbólico de los efectos.

Si te interesa esta posibilidad –quizá ya la aplicas- o simplemente sientes curiosidad, he aquí algunas formas de potenciar la resonancia simbólica de los efectos.

  • Pensando en cómo afecta a tu vida este potencial simbólico antes del efecto.
  • Pensando en cómo podría afectar a la vida de tus espectadores.
  • Creando una presentación ad hoc explicitando mucho o poco este valor simbólico (Luis García).
  • Simplemente con una frase inicial vaga que crea un marco de significado seductor y que planea durante todo el juego (Kenton Knepper).
  • Sintiendo –y creyendo- que lo simbólico te afecta y mejora tu vida cada vez que realizas el efecto.
  • Sintiendo –y creyendo- que lo simbólico afecta y mejora la vida de tus espectadores cada vez que realizas el efecto.
  • Conociendo la problemática de un espectador concreto y usando  un efecto cuyo simbolismo pueda solucionar o mejorar la vida del espectador, al menos al nivel imaginario.
  • Con los elementos, posturas y gestos justos (Copperfield en Flying)
  • Sintiéndote y creyéndote mago al actuar (Arza)

Algunas de estas estrategias puede sonar algo metafísicas -y lo son-, pero la realidad es que funcionan.

Para aterrizar un poco, veamos un ejemplo concreto. El hilo roto y recompuesto.

Imaginad una versión “truquera” (en términos de mi maestro Arza) del efecto.

El mago coge el hilo sin más y lo rompe delante de unos colegas, hace el manejo y enseguida revela que está entero, sin más adornos. “Flipad chavales”.

En este caso puede haber asombro, curiosidad e intriga sobre “cómo lo has hecho” pero difícilmente se producirá una profunda emoción mágica.

Y es que este caso no se ha activado en absoluto el potencial simbólico del efecto. Es inherente al juego, de acuerdo. Pero para activarlo se requiere algo más que la mera realización del juego, como cuando se mete un anillo en el dedo de una amiga solo por jugar, como expresé en un ejemplo anterior. No hay intención ni marco de significado previo.

El gesto desnudo y descontextualizado no expresa nada.

Nada tiene que ver con el momento en el que el amante se declara e introduce -con toda la intención del mundo- en anillo en el dedo de su amada.

Recordemos ahora la versión de Eugene Burger del hilo roto y recompuesto. O veámosla de nuevo.

Creo que está más que claro.

Una intención fuerte.

Un ritual. Las velas. Los gestos expresando desgarro al principio y reconciliación al final.

Las palabras justas.

La expresión del rostro.

La voz profunda, marca de la casa.

Con estos factores, el potencial simbólico del hilo roto y recompuesto se activa al máximo y alcanza su esplendor.

Y nos llega, nos conmueve y hasta podríamos curarnos o aliviarnos por alguna sensación de desaforo o discordia personal.

En suma, el potencial simbólico del efecto siempre está, pero es misión y potestad del mago, conocerlo y activarlo.

Si así elige hacerlo, claro.

 

 

 

 

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