EL MAGO GREK Y LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

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A pesar de llevar muchísimos años obsesionado por la teoría mágica, han habido también momentos de desánimo, de duda, de preguntarme el porqué de esta pasión e incluso de dudar si realmente suponía tanta diferencia en el impacto de nuestra magia.

Hoy lo tengo clarísimo, tan meridiano como el sol del mediodía.

Sin embargo, hubo una época -hace unos diez años o así- en que entré en una especie de crisis donde incluso dejó de interesarme la magia, como un especie de hartazgo. En esta época me hacía preguntas como las que siguen:

¿Hasta qué punto la aplicación de ciertos detalles y sutilezas redundaba en el impacto de mi magia y de la de otros magos?

¿Si un concepto teórico era eficaz, cómo demostrar su eficacia científicamente?

Siguiendo la metodología de las ciencias sociales, habría que realizar un juego ante público sin aplicar el concepto y luego volverlo a realizar ante ese mismo público aplicándolo. Además, habría que de medir la diferencia de reacción del público en un caso y en otro para llegar a la conclusión de que la aplicación de que ese principio potencia definitivamente la reacción.

Asimismo las circunstancias y el momento habrían de ser similares. No es lo mismo, por ejemplo, ver magia durante una velada que asistir a ella durante la hora de la siesta.

El problema es que esta metodología no es viable por muchas razones.

En primer lugar, el público no podría ser el mismo, ya que, una vez que ha visto el juego, anticiparía su desenlace la segunda vez, con lo que su reacción caería en picado, y ello aún cuando el juego tuviera un método tan engañoso que permitiera la repetición sin que se detectase.

Además, aún cuando las condiciones y el público fueran similares, ¿cómo mediríamos exactamente el impacto de la reacción de los espectadores en ambos casos (tanto en el caso en que se realizara el juego sin aplicar el concepto como en el caso en que se sí se aplicara)?

¿Tendríamos en cuenta la fuerza o la duración de los aplausos? ¿Cómo mediríamos el asombro de las caras? ¿Sería, por ejemplo (y medio en broma), el número de tacos que se les escaparan a los espectadores un factor indicador de un cierto nivel de asombro?

En realidad los magos sacamos nuestras propias conclusiones por intuición y observación sistemática de lo que todo lo que nos sucede a la hora de actuar.

Con el tiempo -suponiendo que vayamos abriendo bien los ojos- vamos descubriendo lo que funciona y lo que no.

También asumimos los conceptos teóricos cuando un mago los aplica en la performance de una conferencia para a continuación desgranarlos en la explicación. Entonces entendemos en nuestra piel cómo funciona el concepto ya que a menudo recordamos haber sentido lo que se supone que debía habernos hecho sentir. Esta maravillosa sensación la experimentas al asistir -o ver grabadas- conferencias de Ascanio, Tamariz, Gabi, Miguel Gómez, por citar a los que más han impacto a mí personalmente. Pero hay otros muchos de los que ha aprendido -por sentirlos en mi piel y luego verlos conceptualizados- mil detalles y conceptos que tener en cuenta para hacer la mejor magia posible.

Pero incluso la idea anterior se ve mermada por el hecho de que, al ser magos, hemos perdido la percepción virginal del profano, por lo que a veces puede escapársenos algún concepto en su matiz o fuerza.

(De hecho uno de los objetivos de la teoría mágica es volver a entender a la perfección cómo funciona la mente del profano a la hora de percibir y entender un juego. Ese pretendido conocimiento nunca volverá a ser natural o interior, sino consciente y analítico ya que, por suerte o por desgracia, los magos vamos perdiendo poco a poco esa inocencia prístina de la ignorancia y -salvo cuando un colega nos hace el regalo de fundirnos bien los plomos- no podemos volver a recuperarla.)

El caso es que en esta época que te cuento, yo andaba con esta sensación de duda y desánimo. Necesitaba un pequeño revulsivo más concreto para sentir y comprobar de primera mano que todo este estudio y búsqueda personal mía no era en vano y que la divina teoría era efectiva en el mundo real y que merecía cualquier esfuerzo por conquistarla paso a paso.

Y ese pequeño revulsivo llegó.

Fue durante un fin de semana en Roquetas de Mar (Almería) donde amplio grupo de amigos nos animamos a pasar todo un finde al borde del mar.

Estábamos a la hora de la siesta. O mejor en presente, para que sientas la anécdota más cercana: Estamos en la hora de la siesta. Gregorio, un amigo que yo había iniciado hacía poco en el arte del ilusionismo, se anima a realizar, ante una parte de los amigos allí reunidos, una especie de transposición o Siguiendo al líder que yo le había enseñado de un libro de Santiago de la Riva y Tamariz.

Describo brevemente el juego. Es muy sencillo de entender si lo sigues cartas en mano.

Se muestran 16 cartas de cara (4 ases y 12 cartas indiferentes) ordenadas de cara del siguiente modo: indiferente, indiferente, indiferente, as, indiferente, indiferente, indiferente, as y así sucesivamente.

Se constata, pues, claramente que cada tres cartas indiferentes hay un as. Se cuadra la extensión y se vuelve el paquete de dorso. Se coloca en posición de dar de la mano izquierda y se reparte con la derecha una fila de cuatro cartas de izquierda a derecha dorso arriba mientras se dice: “indiferente, indiferente, indiferente, as”.

Se sigue el procedimiento repartiendo otras cuatro cartas sobre las anteriores y así sucesivamente, como si se repartiesen cuatro manos de póker.

Ahora se supone que tenemos una fila formada por cuatro montones de cuatro cartas y que el montón de la derecha está formado por los cuatro ases.

El espectador elige entonces uno de los otros tres  montones de cartas indiferentes. Ahora coges la carta superior de ese montón, así como la carta superior del montón de los ases.

Cambias las dos cartas de sitio, es decir que colocas cada una encima del montón donde estaba la otra: el as sobre las indiferentes y la indiferente sobre los ases.

Realizas un pase mágico. Se vuelven los dos montones cara arriba y se comprueba que un montón está los cuatro ases y en el otro las cuatro cartas indiferentes.

¡Los ases han seguido a su as y las cartas indiferentes han hecho lo propio!

El método del juego es de lo más sencillo. Una vez que se han distribuido las primeras cuatro cartas de dorso, se coge la quinta carta del paquete con que se está repartiendo con la mano derecha como para seguir el reparto.

En ese momento se supone que en la mesa hay de izquierda a derecha tres cartas indiferentes y un as. Se le pregunta al espectador si está conforme y, para corroborar la situación, se giran las cuatro cartas cara arriba con la mano derecha. La trampa radica en que, para voltear las cartas, la mano derecha deja su carta (la quinta carta) DEBAJO del paquete de la mano izquierda y no encima, como sería lo lógico.

Una vez corroborada la situación, se vuelven a voltear las cartas del tapete de dorso y se continúa el reparto de izquierda a derecha hasta agotar las cartas. Parece que el cuarto paquete (el de la derecha) está compuesto por los cuatro ases. En realidad está compuesto por un as y tres cartas indiferentes. Los otros tres ases están en el tercer paquete.

Ahora se realiza el forzaje del mago para que el espectador seleccione precisamente este tercer paquete.

Entonces el mago pregunta cuántas cartas tiene dicho paquete. El espectador responde que cuatro, hecho que el mago corrobora contando las cartas una a una invirtiéndolas en un montón, con lo que la única carta indiferente queda arriba. El mago deja ver como sin pretenderlo esta última carta, lo que corrobora que se trata de un paquete de cartas indiferentes.

Entonces el mago hace lo propio con el paquete de los ases: los cuenta invirtiéndolos dejando ver al final el último (y único) as. Esta acción ayuda a asumir que realmente el paquete está constituido por los cuatro ases.

Ya está todo hecho. Se cogen las cartas superiores de los dos paquetes, se intercambian y se muestra que se ha producido la transposición.

Un juego de arte menor, como diría Ascanio, pero no carente de interés de interés porque permite la aplicación de varios conceptos teóricos.

Volvamos a la historia. Estamos en la hora de la siesta y mi amigo Gregorio acaba de realizar el juego ante una parte del grupo de amigos que lo han seguido con mirada somnolienta.

La reacción es tibia. El impacto es mínimo. Algunos asienten con la cabeza. Otros sueltan el típico y educado “muy bien”. Ese “muy bien” que en realidad significa:

Lo has hecho bien pero te lo vi todo y sé como va

o

Está bien pero el juego no es nada del otro mundo.

El grupo se marcha. Me quedo a solas con mi “discípulo” y le pido que realice el juego de nuevo. Lo invito a aplicar tres conceptos teóricos relevantes para el efecto. Sólo tres detallitos muy fáciles de recordar.

 

1. Le sugiero que, cuando coloque la carta debajo del paquete,  no lo haga abiertamente, sino que convierta dicha acción en secundaria en relación con la acción principal de voltear las cuatro cartas para corroborar la situación inicial.

Le explico que tiene que sentir que lo importante es su intención de mostrar las cartas del tapete y que la carta se coloca debajo del paquete por que le estorba a la mano derecha en su intención de voltear estas cartas. (En realidad lo estoy invitando a aplicar el concepto de acción en tránsito acuñado por Ascanio.)

 

2. Le propongo, además, una misdirection extra para la dicha acción de colocar la carta debajo del paquete. Y es que le pregunte al espectador cuáles son esas cuatro primeras cartas que se han distribuido. El espectador contestará que tres cartas indiferentes y un as. Apenas le conteste -o incluso durante la contestación- tiene que colocar inmediatamente -pero sin prisas- la carta debajo y voltear las cartas para demostrar que el espectador está en lo cierto. (Esta estrategia de preguntar algo para distraer la atención también fue acuñada por Ascanio con el término de pregunta obnubilante.)

Si combinas las dos estrategias anteriores, la sencilla acción de colocar la carta debajo se vuelve literalmente invisible.

 

3. Finalmente a la hora de revelar la transposición, invito a mi amigo Gregorio a que voltee primero el paquete de las cartas indiferentes y luego el de los ases.

En efecto, si se volteara (como lo hizo Gregorio) primero el de los ases, se crea un ANTICLÍMAX a la hora de revelar el paquete de cartas indiferentes, ya que, una vez revelados éstos, el contenido del paquete de cartas indiferentes se anticipa naturalmente y no tiene ningún interés.

En cambio, si se revela primero las cartas indiferentes, se produce un rápido atisbo de que los ases están juntos en el otro paquete por haber seguido a su líder. Y ahora espectador necesita ver esos ases para sentir que el juego ha finalizado.  Esto sucede, además, por ser precisamente los ases el punto focal del juego, lo que permite que su revelación al final no sea anticlimática como en el caso anterior en el que se revelaban  al final las cartas indiferentes, un punto no focal.

Es como si efecto consistiera principalmente en que los tres ases siguen a su líder. Sin embargo las tres cartas indiferentes viajan con la carta indiferente no porque sigan a su líder, sino porque se ven desplazadas por los ases, que son los verdaderos protagonistas.

(Eso sí, tampoco podemos alargarnos mucho a la hora de girarlos porque entonces sí se produciría igualmente un anticlímax. El ritmo ha de ser fluido: giramos las cartas indiferentes, las extendemos un poco y,  sin detenernos, giramos los ases. La práctica del juego -si te decides a hacerlo- te dará el timing adecuado.)

 

Tras explicarle estos tres detalles, le pido a Gregorio que me vuelva a hacer el juego aplicándolos. Me dice que ha tomado nota y que los aplicará en adelante, aunque se confiesa que incapaz de quedarse a la primera con todos esos nombrecitos técnicos.

Y entonces ocurrió.

A los diez minutos llega la otra mitad del grupo. Gregorio vuelve a hacer el juego. Aplica todos los principios, los tiene frescos en la memoria.

Es el mismo mago aprendiz.

Es el mismo juego. Los mismos pases.

Son los mismos espectadores (o similares).

La misma hora inoportuna de la siesta.

Y sin embargo tres detallitos lo cambian todo.

El aplauso es arrollador. La gente sonríe y felicita a mi amigo de corazón. Por un momento el juego ha ascendido a la categoría de arte mayor.

Mi amigo se queda mirándome, fascinado por lo que acaba de ocurrir. No puede entender que “esas tres tonterías” hayan potenciado el impacto del juego hasta tal punto.

Y fue en ese día cuando salí de aquella crisis gracias a un inesperado experimento que me confirmó definitivamente la fuerza de la teoría mágica.

 

NOTAS

1. Aparte de los tres puntos que le comenté a Gregorio, el juego puede ganar en impacto y claridad si se acentúa la separación física entre los dos paquetes antes de intercambiar las cartas superiores para que se produzca la transposición.

El hecho de que haya más distancia entre ellos no significa nada para nosotros como magos (ya que sabemos que el cambio ya ha tenido lugar por la trampa). Sin embargo, está condición hace que el efecto sea más fuerte e inexplicable para los espectadores profanos, pues para ellos, si no ha habido cercanía, no se pueden explicar en modo alguno la transposición. Conceptualmente esto sería evitar una proximidad sospechosa (un concepto negativo, a evitar, a diferencia del de falsa proximidad que sí es positivo y que viene explicado en el ebook que regalo por suscribirse al blog).

2. A diferencia del artículo previo sobre la acción sedal donde maquillé un poco la anécdota para explicar mejor el concepto, en este caso la anécdota es literal. Ocurrió tal y como la describo.

3. En la foto de cabecera sale mi amigo Gregorio en una de nuestros paseos nocturnos veraniegos en pareja por la mágica GranHada (que diría Migue).

 

¡Y AHORA TE TOCA A TI!

Cuéntame que te ha parecido la anécdota y si has tenido alguna experiencia similar o relacionada. 

Y, como siempre, si tienes alguna duda acerca de algunos de los concepto explicados o acerca de su aplicación en una rutina concreta, si hay algún punto con el que estés especialmente de acuerdo (o en desacuerdo) o si quieres matizar o aclarar algún punto, siéntete libre de realizar cualquier comentario más bajo o por privado (a mi correo potenciatumagia@gmail.com).

 

¡Y si te ha gustado especialmente el artículo, compártelo!

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2 pensamientos en “EL MAGO GREK Y LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

  1. Realmente excelente… He leído cada punto de tu blog y me parece fascinante…

    La verdad que no recuerdo haber tenido una experiencia así, pero si me sentí identificado con el sentimiento de hartazgo y las ganas de dejar la magia. Convivo con esos sentimientos casi todos los días, llevo una relación de amor y odio.

    Muchas Gracias por compartir tu sabiduría y experiencias.

    • Hola Gonzalo. Esta pasión es así. A veces se oculta para reaparecer luego con más fuerza. No hay que forzar las cosas. Cuando apetece de corazón, hay que entregarse. Cuando no, dejarlo como está y esperar que vuelva a surgir la chispa. Normalmente siempre surge… por Navidad, al leer algún libro que nos toque alguna tecla sensible o al asistir a alguna actuación o conferencia que nos remueva algo por dentro.

      Gracias por seguir el blog.

      Un fuerte abrazo!

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