EL EFECTO BLUFF por Mariano Vílchez

Pompas de jabón ⋆ ¡Cuál es, BENEFICIOS y propiedades!

El efecto bluff  (o farol) es un concepto que la mayoría de los magos hemos aplicado alguna vez pero quizá de una forma no consciente o intencionada.

Este hecho es frecuente en la mayoría de conceptos teóricos. No somos conscientes de la eficacia de los principios que aplicamos hasta que nos lo verbalizan y entonces entendemos cómo se aplican y cómo funcionan en nuestra magia, potenciándola. A partir de ese momento podemos usarlos con más eficacia y de forma consciente.

Este es el concepto. El efecto bluff es el efecto previo a otro mayor y distinto que vendrá luego. Además, este primer efecto se explica automáticamente al revelarse la situación que propicia el segundo efecto mayor.

Para que no nos liemos con las palabras, veamos un primer ejemplo.

Al fingir coger una moneda de la mesa con la mano derecha, la dejo caer en el regazo.

Ahora cierro el puño derecho y lo coloco al lado de la mano izquierda, que también se cierra en un puño.

A continuación extiendo los dos pulgares hasta que se tocan. Ahora hago un gesto mágico con la cabeza de derecha a izquierda, como si la moneda pasase del puño derecho al izquierdo.

Entonces, abro la mano derecha, está vacía. Se asumen que la moneda ha pasado a la izquierda.

(En realidad hace un rato que descansa en el regazo.).

Ahora vuelvo a cerrar el puño derecho, se vuelven a tocar los pulgares y realizo el gesto mágico con la cabeza de izquierda a derecha.

A continuación abro el puño izquierdo, se ve vacío (lógicamente) y se asume que la moneda de nuevo pasó a la mano derecha.

Para terminar, finjo depositar la moneda (inexistente) de la mano derecha a la mano izquierda. Soplo, y abro ambas manos.

La moneda se esfumó.

En este ejemplo los dos primeros (supuestos) viajes de la moneda de una mano otra son efectos bluff, porque se basan en una condición falsa: que la moneda sigue en juego, presente en alguna de las manos.

Sin embargo, cuando mostramos que ha desaparecido, hacemos patente de que la moneda ya no está y que está condición pudo existir previamente (es decir que la moneda no estuvo en ningún momento) cuando se pretendió que viajaba de una mano a otra, con lo cual se podrían explicar fácilmente los dos primeros viajes: se abrió una mano y luego la otra mostrándolas vacías porque en realidad ya no había moneda.

Pero no. La mente del espectador no funciona así.

Cuando suceden los dos primeros efectos faroles, el espectador (ajeno a la descarga de la moneda) disfruta de su misterio. Y cuando se muestra que la moneda ha desaparecido, disfruta de ese misterio mayor.

Los efectos primeros han sumado, creando dos momentos extra y no desmerecen cuando se revela el efecto mayor de la desaparición.

Es decir, el espectador, al ver desaparecer la moneda, no va a retroceder inmediatamente a los viajes anteriores diciendo “Vale, los viajes se explican porque ya no había moneda entonces.” Y aun cuando lo hiciera, seguirá siendo un misterio la desaparición de la moneda y habrá ganado esos dos momentos extra de diversión.

Otra cosa es que yo repitiese los viajes una y otra vez. Al final el espectador sospecharía de que no hay moneda, y al confirmarle su sospecha sonreiría divertido, pero aún gozaría del desconocimiento de cómo pudo ésta desaparecer.

Lo mismo que cuando vamos de farol apostamos con una jugada mala, dando la sensación de que la situación es otra (que tenemos un jugadón) y que, de ser pillados, se desinfla toda la apuesta y queda expuesta lo insustancial de la misma, así ocurre con de algún modo con este tipo de efecto, solo que cuando nos pillan (revelación del efecto mayor), no es tan grave, pues sigue quedando la emoción de la apuesta.

El efecto bluff o farol se vale de una condición falsa que se revela en el efecto final. Y esa condición falsa se puede haber creado durante el transcurso del juego o incluso haber existido desde el principio por indirection (término de Kenton Knepper) o autoconvencimiento (en terminología de Manu Montes) y haberse establecido mediante acciones sedales (concepto acuñado por Ascanio).

Lo potente de este principio es que permite que el espectador asuma una situación inicial falsa sin necesidad de enseñársela abiertamente.

En el caso de la moneda la condición falsa se crea al principio del juego con la temprana descarga al regazo.

Veamos ahora otro ejemplo en el que la condición falsa se asume desde el primer momento del juego.

Supongamos que sacamos una baraja roja que tiene la carta superior de dorso azul y que, además, está dentro de un estuche azul.

Al sacar la baraja del estuche, el espectador, ante la vista del color del estuche y de la carta superior, asumirá sin ser consciente de ello (o a lo mejor sí) que la baraja es azul. A estos dos hechos se les denomina acciones sedales, pues recordemos que estas acciones pretenden convencer, sin decirlo, de un condición o estado falsos.

Seguimos con otra acción sedal (que hace Tamariz en una rutina de cambio de color de baraja). Cogemos la baraja cara arriba y hacemos una mezcla hindú donde se ven pasar caras. De vez en cuando la mano derecha se gira en tránsito para señalar la carta que acaba de caer de cara a la mano izquierda. Cada vez que lo hace, se muestra la misma carta azul de dorso, pero parece que se ven muchas cartas distintas.

Al hacerlo, comentamos que, «aparte del dorso azul de las cartas» (decimos la condición sutilmente, si lo hiciéramos abiertamente, se cuestionaría), las caras son negras, rojas y hasta amarillas (detalle de Tamariz), al mostrar detalles de las figuras.

Esta es una maravillosa idea obnubilante que entretiene la mente del espectador mientras que una y otra vez, se muestra el mismo dorso azul al señalar las cartas que van cayendo a la mano derecha a la izquierda en esta mezcla hindú.

Ahora extiendo la baraja cara arriba y le pido a un espectador que señale una carta de cara. Pongamos que señala el dos de trébol. La sacamos de la extensión, recogemos el mazo y lo colocamos de dorso cerca del estuche.

Giramos la carta. ¡Es roja!

Este es el efecto bluff. Claro que es roja, siempre lo ha sido.

Ahora el efecto mayor. Cogemos la baraja y, tras deshacernos de la carta superior (empalme, volteo si es una carta de doble dorso azul/rojo), extendemos la baraja completamente roja.

Un mazazo para los espectadores.

Claro que retrospectivamente se podría decir que el cambio de la primera carta no tiene mérito, ya que toda la baraja era roja desde un principio pero la realidad es que no es así, pues se aprecia este primer efecto y su sensación quedará, aun cuando se aprecie luego el efecto final.

Te citaré unos ejemplos más para que evalúes la aplicación del principio en cada uno de ellos.

1. El sobre de azúcar roto y recompuesto de Kenton Knepper en su libro Miracles of Suggestion que también realiza en su Penguin Live.

2. El atravesar una caja con espadas tras introducirse una persona dentro y luego abrir la caja mostrando que ya no hay nadie.

3. Todas las aproximaciones sucesivas al revelar algo en mentalismo o en cartomagia.

Si forzamos la carta o conocemos su identidad por vistazo, forzaje o marca, todas las pasos adivinatorios son efectos bluff, pues no son impresiones reales, sino que ya conocemos la carta desde un principio, como al final revelamos.

Pero al decir que es roja… de rombos… ya vamos impactando a los espectadores. Y ese impacto no desaparece cuando decimos la carta completa.

Lo mismo consigue Anthony Blake cuando, a partir de un centro roto, consigue extender la rutina adivinatorio con varias impresiones pertinentes e impactantes, en relación con el personaje elegido.

Otro caso es la revelación de una consonante dentro de la palabra cuando en realidad se sabe la palabra entera (Banachek).

4. Dos efectos de mi repertorio: Única y El Momento. El Momento se publicará en mi próximo Cuaderno Secreto (blanco).

En El Momento, el espectador nunca acierta el montón donde está su carta, solo por la condición (insospechada para los espectadores) de que la carta ya no está en el mazo. Y es condición se revela cuando se muestra que no es la última carta que queda y que en realidad la carta está en el estuche.

Un último apunte. En ocasiones quizá convenga quedarse con el efecto bluff y no revelar el efecto mayor por la teoría de lo demasiado perfecto.

Imagina por ejemplo que te ha llegado la información del cumpleaños de alguno de los espectadores del público. Fuerzas ese espectador de algún modo y lo sacas al escenario.

Entonces le adivinas detalles de su nacimiento, el horóscopo, el mes, si nació al principio o al final de este, etc.

Hasta ahí podría colar, sobre todo si luego le haces otro efecto y todo lo anterior queda en segundo plano.

Pero si de repente le revelas el día exacto del cumpleaños (o peor, lo tenías predicho) entonces, por la teoría de lo demasiado perfecto, a los espectadores no les va a quedar más remedio que considerar la posibilidad de que conocieses el cumpleaños de antemano.

Aun así las revelaciones previas habrían causado su impresión.

 

 

 

 

 

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