EL DOBLE LIFT COMO EFECTO: FACTORES TEÓRICOS PARA UNA MÁXIMA EFECTIVIDAD por Mariano Vílchez

INTRODUCCIÓN

Inspirado por la reciente conferencia de Paloma Bravo en Granada, que me ha puesto las pilas a la hora de pulir mis dobles lifts y de intentar adquirir alguno nuevo, y estimulado por la lectura de su libro El Secreto a la Vista, me lanzo a escribir un artículo sobre el doble lift como efecto, sus matices, justificaciones y detalles para su máxima efectividad.

A nivel técnico y de deconstrucción, así como de detalles psicológicos para transmitir la “unicidad” de la carta doble, te remito al citado trabajo de Paloma, así como a los textos fundamentales de Vicente Canuto o de Giobbi, entre otros.

Lo que voy a abordar son otros aspectos teóricos que también tienen su relevancia a la hora de garantizar que el uso del doble lift sea efectivo y engañoso para los profanos en rutinas concretas.

En primer lugar voy a exponer seis factores que son favorables a la eficacia del doble lift como efecto, siendo algunos de estos posibles efectos el hecho de que, por ejemplo, una carta cambie de identidad, que se intercambie por otra, que no parezca estar en un determinado lugar o que parezca estarlo sin que realmente sea así.

En la segunda parte del artículo, concretaré un poco más exponiendo nueve usos eficaces del doble lift como efecto en manejos y juegos concretos, algunos de mi propio repertorio.

Empecemos.

 

FACTORES FAVORABLES A LA EFICACIA DEL DOBLE LIFT COMO EFECTO.

Seis son los factores que, a mi juicio, pueden favorecer la eficacia del doble lift como efecto.

1. Paréntesis de olvido temporal y espacial.

A la hora de usar un doble lift para transformar una carta en otra, nos beneficiamos de un elemental paréntesis de un olvido si, tras mostrar la carta inicial con el primer doble, al devolver el doble de dorso sobre la baraja y coger la carta superior, tardamos un poco en mostrar dicha carta y/o, mejor aún, la revelamos lejos de la baraja (paréntesis de olvido espacial).

Supongamos que partimos del As de Rombos y el Diez de Picas en Top 1 y Top 2. Realizamos el doble y mostramos el Diez. A continuación volteamos de nuevo el doble sobre la baraja, cogemos la carta superior y la colocamos sobre el tapete, a una distancia prudencial de la baraja. Contamos hasta tres, chasqueamos los dedos y mostramos la carta, girándola cara arriba.

Se ve que se ha transformado en el As de Rombos.

Al margen de otros factores que citaremos luego y que volverán más efectivo este manejo, lo cierto es que, de primeras, podemos decir que es un manejo bastante correcto.

La carta se ve transformada lejos de la baraja, y además unos instantes después de que sucediera la técnica secreta. Estamos lejos tanto del tiempo como del lugar donde sucedió la trampa, lo que, en principio no facilita el análisis a los espectadores más curiosos.

Si hubiéramos mostrado el diez y tras voltear el doble sobre el mazo hubiésemos girado directamente la carta superior sobre la baraja, mostrando el as, probablemente algún espectador habría sospechado de algún manejo raro, alguno quizás habría sospechado de la propia técnica. En cualquiera caso, bastantes espectadores habrían habido la tentación de voltear la carta superior del mazo en busca del desaparecido diez.

Y es que en este caso estaríamos demasiado cerca del lugar y del momento de la trampa cuando revelamos el efecto.

Es mejor esperar, realizar el manejo y alejarnos en tiempo y lugar.

En cuanto a este primer manejo –el de coger la carta superior, colocarla sobre el tapate y contar hasta tres antes de revelarla-, hay que señalar que existen otros factores que podemos aplicarles para que se vuelva aún más eficaz.

Si quieres conocerlos, sigue leyendo.

 

2. El efecto (de transformación) no se anuncia, sino que tiene más bien un cierto carácter sorpresivo.

Si realizamos un doble lift y anunciamos que la carta que se ve se va a transformar en otra, la técnica quedaría bastante expuesta.

Sabiendo lo que va a suceder, el espectador asistirá al doble volteo de vuelta y a la cogida de la carta superior con una atención especial que a lo mejor lo lleva a alguna sospecha fundada, y hasta a dar con el mecanismo.

Dependiendo de la técnica elegida, si su dominio técnico es elevada, lo mismo en alguna ocasión esta estrategia de anuncia podría colar y ser efectiva, sin sospecha.

Sin embargo, la experiencia y el estudio teórico de muchos juegos –así como la pillada de algunos espectadores cuando he jugado a lo contrario- me conducen a pensar que, en la mayoría de los casos, es más efectivo que el efecto (de transformación, en este caso) resultado de un doble sea sorpresivo y no de suspense anunciado.

Veremos ejemplos de este principio en la segunda parte del artículo.

 

3. El doble lift no debería sobredemostrar (en dos sentidos).

El primero de los sentidos, lo cita Paloma en su conferencia y en el libro. No sobredemostrar la “unicartidad” de la carta. El manejo del doble como una es algo que debería asumirse como natural para que también los espectadores lo asimilen así. Insistir demasiado en la idea de que realmente hay una sola carta con muchas “pruebas” puede ser excesivo.

Un manejo fino del doble  y un detallito (chasquido, giro de la carta…) a lo sumo, y la cosa fluye y se asume.

Pero esta idea es de carácter técnico, y no es el objetivo que pretendemos aquí.

El segundo sentido de no sobredemostrar en el doble lift como efecto, es evitar usar el doble volteo para insistir en hacer ver a los espectadores la identidad concreta de una carta.

Si, por ejemplo, a la hora de realizar los Jazz Aces, realizamos una cuenta Elmsley que muestra cuatro cartas de puntos negros (ocultando el as en tercera posición), no siempre es necesario, cuando se coja la carta top del paquete ya vuelto de dorso, mostrar con un doble lift que se trata realmente de una carta negra antes de colocarla junto al as.

Ya se han mostrado las cuatro cartas negras mediante la cuenta. Si ahora se coge la carta top, ésta DEBE de ser negra.

Si en alguno de los tres manejos (uno por as) se realiza un doble lift para confirmar este hecho, no pasa nada. Pero no nos columpiemos y lo realicemos a cada vez porque, al final, podrían despertarse sospechas de lo contrario, amén de suponer un sobreuso de la técnica que nunca es recomendable.

 

4. El doble lift como efecto se beneficia del principio teórico de reserva del nivel de información.

Esto no es algo obligatorio, aunque sí interesante para reforzar a menudo la potencia del efecto creado por el doble.

Supongamos que transformo una carta cualquiera en mi carta favorita, el Siete de Corazones, por ejemplo.

Para ello tengo el Siete de Corazones en Top 1 y el dos de rombos, por ejemplo, en Top 2.

Le pido al espectador que corte y marco su corte para hacer el forzaje perpendicular o criss-cross. Tras un paréntesis de olvido, quito el paquete superior y realizo un doble lift con las dos cartas superiores del paquete inferior: se verá un dos de rombos.

A continuación vuelvo a hacer un doble volteo y coloco la carta superior en la mesa. Ahora anuncio que mi carta favorita es el Siete de Corazones. Soplo sobre la carta de la mesa y, al girarla, se ve que el dos de rombos se ha convertido en el siete de corazones.

No está nada mal. Sin embargo, en este caso, conozco la carta en la que se va transformar el dos, pues es mi favorita.

Imagina ahora que el espectador elige una carta y la pierde en la baraja, mezclando a su antojo. Ahora yo busco mi carta favorita de la baraja y, de pronto, se convierte en la elegida.

Esto es ya más fuerte porque nos estamos apoyando en el principio de la reserva del nivel de información (cuanto menos parezco saber, más impacta lo que hago).

En este caso mi carta favorita se transforma en una carta de la que, en principio, no tengo ni idea. Y esto, lógicamente, es mucho más fuerte que lo que sucede en el caso anterior.

(En mi caso, me gusta que la carta se sienta absolutamente perdida en la baraja. Para ello no uso controles, sino forzajes, vistazos o m., los cuales permiten una mezcla posterior del espectador que luego resultará demoledora para su intento de análisis.)

La mecánica aquí es sencilla. Una vez conocida la carta por alguno de los procedimientos citados, cojo la baraja mezclada por el espectador y la extiendo de cara hacia mí buscando la elegida. Entonces corto la baraja, de modo que esta carta quede en posición Top 1 o superior. Ahora realizo el doble y, sea cual sea la carta que se vea, anuncio que es mi favorita.

Ahora es sencillo realizar un nuevo doble volteo, coger la carta superior, colocarla en el tapete y, tras un chasquido, mostrar que se ha transformado en la  carta elegida por el espectador.

Para rizar el rizo, antes del chasquido, le pregunto:

¿Cuál era tu carta?

Y entonces, cuando me la dice, me quedo pensativo, como procesando la información.

(Fíjate que esto es echar leña al fuego al principio de reserva de la información. Realmente doy a entender que, llegados a este punto, desconozco la carta, lo cual parece confirmado por el manejo previo y la mezcla del espectador.)

Entonces doy un chasquido y giro la carta.

Cuando se ve que es la elegida, el impacto es mucho mayor.

Dicho sea de paso, el principio de reserva del nivel de información, a pesar de ser algo muy potente, es, a mi juicio, algo no plenamente aprovechado por los magos en este y otros ámbitos de la magia.

 

5. La construcción debería ser tal que la carta que se muestra debería dejar de tener foco al instante o al menos perder parte del mismo.

Es decir que debería sobreentenderse que no va a pasar nada especial con la carta que se muestra (esto está relacionado con el punto 1.)

Para ello, tras el doble lift se desvía el interés hacia otro lado, y aunque la carta mostrada siga con cierto foco, debe haber en la presentación algo que genere una misdirection temática que quite de la mente la posibilidad de que esa carta va a llegar a transformarse.

Es algo que debe sugerirse sutilmente, nunca afirmándolo directamente, pues si lo hiciésemos abiertamente invitaríamos a que los espectadores sospechasen de lo contrario.

Por ejemplo, tras elegirse una carta y perderse en la baraja, podría buscarse y “enseñarse” una carta policía que nos ayude a encontrar la carta perdida.

Ésta carta se pone en manos de un espectador (en realidad se hizo un doble lift y tiene en sus manos no la carta policía, sino la elegida):

Ahora se le pide que diga “basta” en cualquier momento mientras vamos echando cartas de dorso sobre la mesa, arguyendo que la carta policía  que tiene entre manos va a influenciarlo, de modo que nos va a detener precisamente en la carta elegida.

¡Cuando nos detiene, se ve que tenemos en las manos la propia carta policía y él, en las suyas, la elegida!

En este caso, cuyo manejo estudiaremos más tarde, hay una clara misdirection temática. La carta policía nos va a ayudar a encontrar la elegida. Esta idea, junto al ritual del efecto, quita de la mente del espectador la posibilidad de que la carta que tiene en sus manos llegue a transformarse en otra.

El efecto será sorpresivo (tal y como se indica en el punto a de la primera parte del artículo) y, dado el manejo, es poco probable que el espectador se cuestione identidad de la carta que tiene entre manos tras el doble. En principio asumirá que es la carta policía y que ésta le va a ayudar a detenernos en su carta.

Y es la finalidad teórica última de muchos de los puntos de este artículo es que el espectador nunca se cuestione la carta de dorso en la mesa (o en sus manos) tras el doble lift y evitar que nos pida corroborar la identidad de la carta. De este modo, la construcción debe ser tal que la identidad de la carta mostrada se siga asumiendo hasta llegue el momento del atisbo del cambio y/o de la sorpresa final.

Veremos más ejemplos de este principio en la segunda parte del artículo.

 

6. El manejo debería estar mínimamente justificado.

La vida externa debe cubrir perfectamente la vida interna.

¿Por qué girar una carta sobre la baraja, tras mostrarla, para luego ponerla de dorso sobre la mesa? ¿No sería más lógico colocarla directamente en la mesa tras mostrarla, o incluso dejarla de dorso en la palma de la propia mano que la coge?

En la segunda parte de este artículo que empieza a continuación voy a compartir contigo 10 ejemplos de usos eficaces del doble lift como efecto, algunos de los cuales consiguen perfectamente justificar el singular manejo que conlleva esta socorrida técnica.

 

9 USOS EFECTIVOS DEL DOBLE LIFT

1. Eliminar algo que estorbe a la hora de colocar la carta en el tapete.

Esta estrategia es clásica. Realizo el doble, me dispongo a poner la carta de cara sobre el tapete pero reparo en algún objeto (pelusilla, rotulador, estuche…) que me estorba. Para quitarlo de en medio, la mano derecha vuelve a voltear la(s) carta(s)  sobre la baraja y queda libre para apartar dicho objeto.

(Esto es una acción en tránsito, secundaria en relación al objetivo de apartar el objeto. Es decir, tienes que sentir que lo pretendes es apartar el objeto que estorba. Dejar la carta en la baraja es algo secundario, circunstancial para tu propósito primero).

A continuación, la mano derecha, tras apartar el objeto, coge la carta superior del mazo –que el pulgar izquierda ya ha desplazado ligeramente a la derecha- y la coloca sobre el tapete, de dorso, claro.

(También tienes la opción de que sea la propia mano izquierda, ayudada del empuje del pulgar izquierdo, la que deposite la carta en la mesa. Quizá esto sea más económico y fluido, ya que, a la vez que la mano derecha aparta el objeto, la izquierda deposita la carta en su lugar.)

Sea como fuera, es CLAVE que el objeto que estorba esté situado en el centro del tapete o en lugar relevante para la acción. Si el objeto estuviera muy alejado del centro o zona clave, apartarlo sería poco natural, ya que, en este caso, habría espacio suficiente en la zona central o principal para depositar la carta sin más historias.

(Otra cosa es que el objeto sea relevante para el efecto, cosa que veremos en el punto siguiente.)

 

2. Colocar la carta debajo del objeto

Esto es una opción mejor aún que la anterior.

Realizo el doble, me dispongo a poner la carta de cara sobre el tapete pero reparo en el objeto debajo del cual tengo la intención de colocarla. Para levantar el objeto, la mano derecha vuelve a voltear la(s) carta(s)  sobre la baraja y queda libre para levantarlo.

(Como apreciarás, de nuevo la dejada del doble sobre la baraja es una acción en tránsito en relación al objetivo de levantar el objeto.)

A continuación la mano izquierda, ayudada del empuje del pulgar izquierdo, deposita la carta en la mesa, todo esto mientras la derecha sostiene el objeto entre sus dedos. A continuación la mano derecha deja el objeto encima de la carta.

En esta opción la ubicación del objeto en el tapete es irrelevante, ya que, esté donde esté, nuestro objetivo es colocar la carta debajo de él.

Observa cómo, entre otras ventajas de este manejo, la carta pierde parcialmente el foco de atención y lo comparte con el objeto en cuestión, lo que nos es beneficioso, tal y como hemos visto en la primera parte del artículo.

 

3. Colocar la carta entre las manos del espectador

Vamos a ver un ejemplo que tiene a su favores varios de los puntos vistos al comienzo del artículo (justificación de manejo, misdirection temática, falsa proximidad y reserva del nivel de información).

Supón que das a elegir una carta, la devuelven a la baraja y mezclan. En realidad conoces su identidad por forzaje, vistazo o m.

 

Ahora coges la baraja y la extiendes de cara hacia ti, localizando la carta. A continuación, cortas por ella, de modo que la carta quede en posición TOP o superior.

Ahora realizas el doble lift y se verá una carta cualquiera. Dices que es tu carta policía.

Coges el doble en la mano derecha viéndose dicha carta de cara y lo acercas al espectador. De repente dices:

Coloca la mano así.

Para ilustrar el modo en que tiene que colocar la mano, la mano derecha deja un momento –en tránsito- el doble de dorso sobre la baraja para, en seguida, colocarse palma arriba un momento delante del espectador, enseñándole así el modo en que tiene que colocar su propia mano.

En cuanto el espectador coloca su mano de esta guisa, el pulgar izquierdo empuja la carta superior y la mano derecha toma esta carta y la coloca –de dorso, claro- sobre la palma del espectador. Enseguida le pides que coloque la otra mano encima, quedando la carta emparedada entre sus palmas.

A continuación indicas que la carta policía va a guiar la intuición del espectador para encontrar la carta elegida.

(En realidad, el espectador ya tiene entre sus manos la carta elegida y en la carta policía está en la posición superior del mazo.)

Desde la misma posición de dar, el pulgar izquierdo empieza a riflear la esquina superior izquierda del mazo hasta que el espectador te detenga. Así se lo indicas.

Cuando te para, la mano derecha sujeta el mazo en posición biddle y el índice derecho realiza un corte deslizante del paquete superior, formado por las cartas que has liberado con el hojeo. Este paquete cae sobre la palma izquierda.

Enseguida el dedo mayor derecho –desde la propia posición biddle– empuja hacia adelante la carta superior de este paquete que ha caído a la mano izquierda para que, a continuación, la mano derecha deje su paquete sobre el de la izquierda, cuadrado con éste, de suerte que en la mano izquierda queda un único paquete con una carta sobresaliendo hacia adelante por el centro del mismo.

Esta cara parece que va a ser la elegida, cuando en realidad es la policía, pues la elegida ya están en manos del espectador.

(No recuerdo ahora mismo el autor de este exquisito forzaje, variante sutil del forzaje perpendicular o criss cross, pero puedes rastrearlo en la Enciclopedia del Forzaje de Tamariz.)

Ahora le aguarda la sorpresa final al espectador. ¡Agárrate, que vienen curvas!

Te dispones a girar la carta sobresaliente y, tras un instante de suspense, la giras. Se ve que es la carta policía. A continuación el espectador mira la carta que tiene entre manos.

¡Es la elegida!

NOTA:

A mí me gusta rizar el rizo, por lo que incluyo justo antes de la revelación una falsa proximidad.

Me explico, antes de extraer la carta sobresaliente, cojo el mazo con la mano derecha y lo acerco a las manos del espectador, de suerte que la carta que sobresale toca ligeramente  -y durante un instante- la piel de alguna de sus manos.

Inmediatamente me alejo y procedo con la revelación antes descrita.

Te aseguro que es sorprendente cómo algunos espectadores, en el análisis posterior, sostienen que he debido cambiar las cartas precisamente en ese momento de contacto.

 

4. Romper la carta antes de transformarla o reconstituirla.

Para romper una carta, es perfectamente lógico girarla cara abajo tras mostrarla para iniciar su rotura.

A continuación te describo un manejo de Dani DaOrtiz muy efectivo, en el que muestra una carta, la voltea para romperla, la rompe, tira los trozos hacia atrás y luego la recompone cogiéndola como del mismo sitio donde los tiró.

Realizas un doble, se ve la carta –puede firmarse previamente- y volteas el doble  para, inmediatamente, coger la carta superior y empezar a romperla sin mostrar su cara. Si lo haces, verás que resulta perfectamente natural este volteo previo a la ruptura.

A continuación, tiras los trozos por encima de tu hombro derecho. Y la mano derecha, en relajación, cae sobre la baraja, empalmando la carta superior (que es la que se vio con el doble lift).

Un instante después, la mano derecha –con la carta empalmada- vuelve por encima del hombre y simula recoger los trozos lanzados, mostrando la carta recompuesta.

¡Exquisito!

 

5. Usar el doble en el efecto de la carta ambiciosa, no solo para producir el efecto, sino también para establecer una falsa continuidad previa a él.

Te cuento mi manejo de inicio de la carta ambiciosa. Creo que es bastante efectivo.

1. Doy a firmar la carta. Entretanto, obtengo un break de las dos cartas inferiores y lo mantengo con el pulgar derecho. Cuando el espectador ha terminado, realizo un corte deslizante con mi índice derecho e invito al espectador a que deposite su carta en el paquete de la mano izquierda.

En cuanto lo hace, mi mano derecha coloca encima de este paquete el suyo propio (añadiéndole las dos cartas inferiores) para, a continuación,  realizar un doble corte a partir del break. De esta manera, la carta firmada se coloca automáticamente en tercer lugar desde arriba. Compruébalo al realizarlo.

(Nunca me ha gustado el doble corte en mano, prefiero la opción de Duvivier de realizarlo colocando los paquetes encima de la mesa, uno encima de otro.)

2. Ahora la mano derecha coge las dos cartas superiores y muestra a los espectadores que ninguna de ella es la elegida (y firmada). Mientras tanto, el pulgar izquierda empuja y retrae la carta superior del paquete izquierdo –la firmada- obteniendo un break con el meñique izquierdo bajo ella.

Ahora es sencillo volver a colocar ambas cartas sobre la baraja y mantener la separación de tres cartas.

 

3. A continuación realizo un triple lift a lo Stuart Gordon -fácil gracias al break- y muestro que la carta ha subido. Primer efecto. El doble lift se ha usado para mostrar el efecto de que la carta ha subido.

Volteo sobre la baraja este triple, cojo la corta superior y la pierdo en el centro, insertándola de dorso –y sin mostrarla, claro- por el extremo estrecho superior, el más cercano al espectador.

 

4. De nuevo muestro la carta superior, cogiéndola con la mano derecha. Se ve que la firmada no ha subido aún. Aprovecho esto de nuevo para que mi pulgar izquierda empuje y retraiga la carta top (la firmada), obteniendo un break bajo ella.

Como antes, al devolver la carta sobre la baraja, obtengo automáticamente la separación bajo –en este caso- dos cartas. Estoy listo para hacer de nuevo el doble lift de Stuart.

 

5. Ahora realizo un nuevo doble lift. Se ve que la carta ha subido.

Una vez más, volteo el doble sobre la baraja, tomo la carta superior de dorso y la inserto por el centro del extremo estrecho superior sin que se vea, pero dejándola medio salida.

 

6. Ahora voy a realizar una divertida secuencia muy visual y sorprendente para los espectadores que aprendí Martin Sanderson en su DVD Corporate close Up.

Comento que, al estar sobresaliendo, la carta aún no ha podido subir.

Como confirmación de estas palabras, realizo un doble volteo de las dos cartas superiores que muestra una carta indiferente. Inmediatamente levanto este doble con la mano derecha –viéndose la carta indiferente- y me dispongo a empujar con él la carta sobresaliente.

Un instante antes de empujarla, como arrepintiéndome, volteo el doble dorso abajo y cojo la carta superior de dorso, con la que ahora SÍ que empujo la carta sobresaliente. Tras empujar la carta sobresaliente con esta carta, la mano derecha vuelve a subir con ella unos centímetros por encima de la baraja y, tras una ligera sacudida de la mano para llamar la atención sobre la misma, la giro y muestro que es la firmada.

Esta secuencia no sólo es eficaz por el contraste –claro e inesperado- que se percibe entre la carta indiferente que se sostiene y luego carta firmada, sino también por la variación que supone, ya que la carta no se voltea desde la baraja para revelarla, sino de forma aislada, sostenida lejos de ella.

Prueba este manejo y te sorprenderás de su eficacia.

(Observa la múltiple funcionalidad del doble lift en las secuencias de ambiciosa. Un mismo doble volteo posibilita permite el efecto de mostrar que la carta ha subido y luego repetir el efecto mostrando una segunda subida, como puedes ver en el manejo descrito anteriormente.)

También puede establecer una falsa continuidad previa mostrando que la carta no ha subido para, a continuación, mostrar que sí ha subido, algo que también se ha explicado en los párrafos previos.)

 

 

6. Usar algo del dorso de la carta para la presentación.

El manejo del doble volteo también se presta a presentaciones que se basan en el dorso de las cartas, pues para mostrar el dorso de una carta tienes que girarla, algo que coincide con el segundo doble volteo, natural en el manejo del doble lift.

Un ejemplo. Doy a elegir una carta (forzaje, vistazo o m.), la devuelven a la baraja y mezclan. (Ya sabes que esta premisa me encanta.)

Ahora extiendo las cartas de cara hacia mí hasta localizar la elegida. Entonces corto la baraja por esta carta, de modo que quede arriba tras el corte.  Como quiero que el corte quede cubierto –y hasta oculto para el espectador-  lo que hago es lanzar a la mesa –y de cara- la carta contigua a la elegida.

Para ello, la mano izquierda se mueve hacia adelante y empuja esta carta cara arriba con el pulgar. Ya en relajación esta mano, al regresar, coloca su paquete de cara ENCIMA del de la derecha (estando las cartas cara arriba hacia ti). La carta elegida ha quedado en posición superior.  Comprueba lo que digo realizando el manejo.

(Este manejo hará que el corte quede inadvertido por tres razones teóricas.

1. Por realizarse bajo la cobertura de una acción natura y legítima: lanzar una carta a la mesa.

2. Por realizar en relajación  y beneficiándonos de un cruce de miradas: la carta se desliza hacia el espectador y el movimiento de retroceso y corte se realiza hacia nosotros, en dirección opuesta.

3. Se ha creado una misdirection temática importante, pues la carta no es la elegida, algo por lo que protestarán los espectadores.)

Algún espectador protestará diciendo que ésa no es la carta. Entonces afirmo que mi intención no era encontrar la carta, sino mostrar algo de los dorsos.

A continuación cojo la carta lanzada y la giro de dorso, comentando algo de una mancha invisible que indica cuál es la carta por la posición de dicha mancha en el dorso. Señalo incluso esa mancha ficticia.

Entonces cojo la baraja y realizo un doble volteo mostrando otra carta indiferente (la que está en posición segunda, recuerda que la elegida está arriba por el corte). Vuelvo a voltear esa carta y cojo la carta de arriba para mostrar el dorso y la mancha ficticia.

Como ves, este segundo volteo está plenamente justificado, pues pretendo mostrar la mancha.

Ahora acerco la carta de dorso al tapete y comento que la mancha es móvil y mágica, y que, si la desplazo con un dedo, la carta cambia de identidad.

Entonces le pregunto al espectador qué carta eligió. Cuando me la dice, coloco el dedo en el dorso de la carta en el lugar de la supuesta mancha y finjo desplazarla hasta el lugar que corresponde a la identidad que me han indicado.

A continuación giro la carta para mostrar que se ha convertido en la elegida.

(Nota cómo me beneficio del principio de reserva del nivel de información. No puedo saber la carta, mezclaron. Y además pregunto por ella. Si la supiera, ¿para qué iba a preguntar?)

 

7. Realizar un efecto tipo sucker donde el espectador anticipe erróneamente nuestro fallo.

Si, por la estructura del efecto, el espectador anticipa un fallo nuestro en la consecución del clímax, ¿qué mejor misdirection temática para dejar de cuestionarse cualquier otro aspecto o manejo?

Te pongo un par de ejemplos.

1. El primero es un efecto de Dave Solomon muy efectivo que pretende ilustrar la diferencia entre suspense y sorpresa.

El espectador elige una carta, la devuelve al mazo y mezcla. Entonces el mago extiende la baraja en la mesa y selecciona una zona formada por cinco cartas entre las que sospecha se encuentra la elegida. El espectador así lo confirma.

Entonces el mago coge las cinco cartas, las enseña una a una y las va colocando en la palma del espectador, anunciando que, por su reacción, determinará cuál es la carta justo antes de colocarla en su mano.

Así lo va haciendo pero, al girar la carta elegida, la coloca en la palma del espectador como las demás. Al final le queda una carta y el espectador saber que no puede ser la elegida, ya que ésta ya salió y se encuentra en su palma.

Sin embargo, para sorpresa de todos, muestras la carta que tienes entre manos. ¡Es la elegida! El espectador no tarda en buscar entre sus cartas y no entiende qué ha pasado.

Para realizar este efecto hay que conocer la identidad de la carta (forzaje, vistazo o m.). Cuando extiendes la baraja cara arriba, seleccionas cinco cartas consecutivas entre las que se encuentre la elegida.

Extraes estas cinco cartas y le preguntas al espectador si la elegida se encuentra entre ellas (reserva del nivel de información). El espectador te dirá que sí.

Entonces coges las cartas y las recolocas –si hace falta- de modo que la elegida esté la cuarta desde arriba (estando las cartas de dorso).

Ahora procedes al juego del suspense, anunciando que te vas a detener justo en la carta elegida según el lenguaje no verbal del espectador.

Volteas la primera carta. Se ve una cara cualquiera. La vuelves a voltear de dorso sobre el paquete y la colocas en la palma del espectador diciendo que sabes que no es ésa.

Haces lo propio con la siguiente carta. Es otra carta indiferente. La volteas de nuevo de dorso y la colocas en la mano del espectador.

Ahora realizas un push off y haces un doble volteo. Se verá la carta elegida. Dices que notas algo en el espectador, pero que sospechas que está fingiendo. (Detalle nº1 al que luego nos referiremos.) Volteas de nuevo las dos cartas con otro push off y colocas la carta superior en la palma del espectador.

A continuación coges la carta de abajo y la volteas cara arriba sobre la carta superior. Se verá otra carta indiferente que vuelves a voltear y a colocar dorso arriba en la palma del espectador.

Finalmente te queda la carta elegida en la mano, aunque el espectador cree que se encuentra sobre su palma.

Entonces le preguntas cuál es su carta, a lo que él te contestará precisamente la carta que tienes en tu mano. Sin embargo, inmediatamente miras hacia su mano, como cayendo en la cuenta de que te equivocaste, la dejaste pasar y la colocaste allí. (Detalle nº2)

Sin sobreactuar, insistes: “No, me refiero a la carta que elegiste. ¿Cuál es?”. (Detalle nº3) De nuevo te nombrar su carta, la que tienes entre manos.

Para los espectadores la has cagado por completo, si has hecho las cosas bien. Entonces sueltas la frasecilla final.

“Lo de antes era suspense. Y esto, sorpresa.”

Al decir sorpresa, giras la carta que tienes entre manos. El mazazo en los espectadores será bastante fuerte, te lo aseguro.

(Observa cómo, a nivel teórico, del doble volteo en este juego funciona perfectamente.

  1. En primer lugar hay un paréntesis de olvido importante desde que se deja la supuesta carta en manos del espectador hasta que se revela al final en tus manos.
  2. Nos beneficiamos del principio de reserva del nivel de información, como ya hemos visto.
  3. La cara deja de tener foco inmediatamente, ya que, cuando la dejamos (supuestamente) en manos del espectador, enseguida procedemos a repartir la siguiente. El juego prosigue hasta que nos quedamos con la última carta.
  4. El manejo está justificado dado el ritual del juego, en el que se van volteando cartas y poniéndolas en la mano del espectador.
  5. Hay una poderosa misdirection temática, debido al supuesto fallo nuestro.

Este fallo será más creíble si aplicas los tres detalles psicológicos que vienen en la explicación. Una vez que tienes la perspectiva del juego completo, vuelve a leer la descripción del juego para tomar nota de ellos con más claridad.

 

2. Otro caso de efecto sucker podría ser una producción de cuatro ases que parece fallar al final y que, de modo inesperado y mágico, se arregla.

Supón que tienes los ases controlados o preparados encima de la baraja.

Empiezas produciendo, uno a uno, los tres primeros ases y los dejas cara arriba sobre la mesa.

Entonces, cuando te dispones a producir el último, realizas un doble volteo, con lo que se verá una carta indiferente.

Vuelve a realizar un doble volteo, coge la carta superior y colócala de dorso sobre el tapete junto a los tres ases cara arriba. En realidad esta carta ahora es el cuarto as, pero eso los espectadores lo ignoran. Enseguida coge la baraja y extiéndela cara arriba hacia ti, como si te pusieras a buscar el as que falta.

Es importante que dejes la carta de dorso sobre el tapete en tránsito para que esta carta deje de tener foco, un factor que, como sabes, es clave para la eficacia del doble lift como efecto.

Me explico, realizas el último falso corte y, al hacer el doble lift, se ve que has fallado en el último as, ya que has producido una carta indiferente. Entonces volteas esa carta de dorso y la apartas de la baraja para ponerte a buscar la carta en mazo. Es como si te estorbara para tu propósito final de localizar el cuarto as en la cinta de naipes.

Tras unos instantes de búsqueda, les preguntas a los espectadores qué pasaría si, ajenos a lo que acaba de suceder, hubiesen entrado en la sala en ese momento y viesen en el tapete tres ases de cara y una carta de dorso. ¿Qué carta supondrían que es la de dorso? Obviamente, por la composición, la lógica y la Gestalt de la situación, te dirán que probablemente pensarían que la carta de dorso es un as.

En ese momento chasqueas los dedos a la cara de los espectadores más cercanos, como si quisieras sugestionarles, y dices:

“Imaginad que acabáis de entrar. Efectivamente, sospecharías que esta carta… es… un as.” (Diciendo esto giras la carta de dorso que ahora, para asombro de todos, será el cuarto as.)

 

 

8. Efecto el mago lo arregla todo.

Una magnífica aplicación del doble volteo es el efecto El Mago lo arregla Todo.

Hay dos versiones de este efecto, cada una con su interés particular.

En la primera, el mago da a elegir una carta que el espectador se guarda sin verla. Entonces el mago anuncia que encontrará las otras tres cartas del número correspondiente a la elegida. Si la elegida fuese, por un ejemplo, un siete, el mago encontrará los otros tres sietes.

El mago procede y produce, por ejemplo, un ocho. Y así continúa, produciendo con florituras dos ochos más.

El problema surge cuando se gira la carta elegida y resulta ser, por ejemplo, un diez. Entonces el mago da un chasquido mágico y “arregla” mágicamente la situación, mostrando que los sietes se han convertido en dieses.

En la segunda versión, que aprendí del libro de Miguel Gómez El Placer de la Magia, el mago también pretende encontrar los otros tres números de la carta elegida. Sin embargo, va fallando, dando tumbos que parecen conducir a un callejón sin salida y a un fracaso anunciado.

En efecto, primero produce, por ejemplo, un siete. Entonces dice que la carta elegida será sin duda un siete, con lo cual anuncia que va a encontrar los otros dos sietes.

Sin embargo, a continuación produce un diez. Entonces finge incomodidad y a anuncia que se había equivocado, que la carta elegida seguramente será un diez. Con lo cual va a producir los dieces que faltan.

Cuando la tercera carta producida es un rey, parece que el fracaso es total, sobre todo cuando se vuelve la elegida y se va que no es ninguna de las tres, siendo, por ejemplo, un as.

Entonces, como en la primera versión, el mago realiza un pase mágico y se ve cómo las tres cartas se han transformado en ases.

En ambas versiones, se usa repetidamente el doble lift para producir las cartas que luego se transformarán. Pero en este caso, el manejo del doble volteo es idóneo, pues el foco está en la producción de las cartas, la cual supone la suficiente misdirection temática como para no cuestionarse manejo alguno en este punto.

(El espectador no se puede imaginar, si no conoce el efecto, que estas cartas terminarán transformándose en la elegida que, además, no resultará ser la que se esperaba.)

Concretamente, en este efecto se reúnen varias de las características que enunciábamos al principio.

  1. Paréntesis de olvido amplio desde que se muestran las cartas producidas hasta que se revela su transformación final.
  2. Carácter sorpresivo de la transformación. El espectador no se espera que estas cartas vayan a transformarse, pues en principio se suponen que estamos coleccionando adecuadamente los números, sobre todo en la primera versión.
  3. Reserva del nivel de información. En la primera versión resulta que estábamos totalmente equivocados en cuanto a la carta y en la segunda versión parece que estamos dando palos de ciego y no tenemos ni idea de su identidad.
  4. El foco de la carta producida se pierde enseguida, pues en cuanto se produce y se muestra la carta, se voltea y se aparta de dorso EN TRÁNSITO PARA ENSEGUIDA PRODUCIR LA SIGUIENTE. Y el hilo conductor es seguir produciendo las cartas del mismo número.

Como último apunte, diré que cada una de las versiones tiene sus puntos teóricos fuertes.

La primera versión -la clásica- de producir realmente tres números iguales aunque diferentes de la elegida es fuerte por su claridad. Parece que íbamos a por los sietes y al final tuvimos que transformarlos en dieces. Cualquier espectador describirá fácilmente este efecto presenciado al final del mismo.

La segundo versión, la de Miguel Gómez, quizá no sea tan clara como la primera pero sí que puede ser mayor en su impacto dramático.

En efecto, el mago parece haber llegado a un callejón sin salida. Al final no ha dado ni una, produciendo tres cartas diferentes. Ante este caos y bajada de expectativas, el clímax final de la transformación uniformadora no puede sino brillar con luz propia.

 

9. El delicioso Chicago Opener

El Chicago Opener o la Dama que se ruboriza es otra obra maestra de la cartomagia en la que el doble volteo brilla por su uso múltiple y, yo diría, sublime.

Un solo doble volteo nos permite colorear el dorso de una carta y que luego esa carta se transforme en otra.

Dos efectos para una sola técnica. Ahí es nada.

Si no conoces este juego, ya puede estar buscándolo y estudiándolo a fondo, pues es una auténtica maravilla.

Si lo conoces, a lo mejor no te has planteado la economía que supone en él el único doble volteo presente.

Una carta se elige y se pierde en la baraja. Luego se extiende y se ve un dorso rojo. Al girar esta carta roja, (gracias al doble lift) se ve que es la elegida.

Ésta carta se aparta (ya es otra, gracias al propio carácter del doble lift) y se vuelve a elegir una segunda carta, que también se pierde en el mazo.

De nuevo se extiende la baraja, pero no se ve ahora ningún dorso rojo. El mago cuadra, vuelve a dar un pase mágico y extiende otra vez. Nada.

Entonces el mago  dice que sí que ve una carta roja. Lo espectadores se quedan en suspenso, sin entender las palabras del mago… hasta que reparan en la carta roja que se apartó.

Se gira esta carta y se ve que se ha transformado en la elegida.

¡Y todo con un único doble lift!

Si repasas las seis características de la primera parte del artículo, verás que la mayoría se aplican perfectamente en este efecto.

 

Pues nada, espero que este artículo te haya servido para valorar mejor la fuerza teórica del doble lift como efecto en cualquiera de los juegos de tu repertorio o en aquéllos que estéss estudiando y que podrían llegar a formar parte de él.

Como ejercicio, te propongo ahora que escojas uno de tus efectos que contenga uno o más dobles volteos y que analices cuántas de las seis características enunciadas en la primera parte puede llegar a cumplir.

Si observas que no cumple muchas de ellas, intenta modificar la construcción, la presentación o la interpretación del juego para que sí lo haga.

 

NOTA: La foto está sacada de la web www.robincarey.com

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2 pensamientos en “EL DOBLE LIFT COMO EFECTO: FACTORES TEÓRICOS PARA UNA MÁXIMA EFECTIVIDAD por Mariano Vílchez

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