CLARIDAD Y ELEMENTOS EN MAGIA

claridad y elementos en magia

La claridad lo es todo. La claridad es esencial.

Si no hay claridad, no hay efecto.

¿Pero cómo definiríamos la claridad?

La claridad es la característica de un efecto que se entiende y constata con facilidad.

Además, no sólo tiene que ser claro el efecto, sino también las condiciones que lo hacen imposible.

Normalmente, cuando un juego es claro, un persona que lo ha presenciado puede describírselo a otra en muy pocas palabras.

La claridad se puede estudiar a muchos niveles: en relación con los elementos, en relación con el espacio, en relación con el tiempo. También puede estudiarse en relación con la memoria, con la repetición y con la capacidad de atención de los espectadores.

En este artículo te voy a hablar de un aspecto esencial: claridad y elementos en magia.

Te voy a dar 8 consignas para optimizar la claridad en relación con los objetos o elementos que uses en tu sesión.

1. Máximo tamaño posible de los elementos.

No puede haber claridad si no se ven bien los elementos que se utilizan. Por ello es conveniente que uses siempre los elementos del máximo tamaño posible –dentro de lo que permita el efecto-, sobre todo si actúas en magia de salón o escenario.

Es preferible, por ejemplo, usar cartas jumbo o gigantes en un escenario a usar una baraja de tamaño poker, siempre que el efecto y los manejos lo permitan, claro.

El conocido efecto 3 Fly, donde tres monedas van viajando de la punta de los dedos de una mano a la otra, será mucho más claro si lo realizas con monedones de dólar que si utilizas monedas de medio dólar o euros. Y ello simplemente porque se puede seguir mejor la rutina al verse más las monedas.

Aunque este punto te pueda parecer una perogrullada, te aseguro que muchos magos siguen cometiendo errores básicos a este nivel. Realizan unas rutinas estupendas que no se aprecian lo suficiente por no usar los elementos del máximo tamaño permitido por la rutina, sobre todo en magia de salón y escenario.

 

2. Máxima exposición visual de los elementos.

Esta idea consiste simplemente en usar manejos donde se exponga la máxima extensión posible del objeto o elemente manipulado.

El principio se lo escuchado sobre todo a numismagos y es especialmente pertinente en contextos de salón o escenario. Y es lógico. Las monedas son pequeñas y, por más que se utilicen monedas de dólar, si no se manejan en la punta de los dedos (incluso con una ligera oscilación que provoque destellos de luz por reflejo), las rutinas a cierta distancia no se van a apreciar con la claridad requerida.

En cartomagia el principio es igualmente aplicable.

En palabras de Gea, es interesante, por ejemplo, -y siempre que sea posible- cambiar la cogida Biddle de la mano derecha (que tapa mucho las cartas) por un manejo en la punta de los dedos. Con esta cogida, si ensayas, te sorprenderás realizando técnicas que normalmente se suelen realizar en cogida biddle. Con la práctica podrás realizar en la punta de los dedos técnicas como la Cuenta Hamman o el  Cambio por extracción de Vernon.

Asimismo, es enriquecedor plantearse verticalizar ciertas técnicas que normalmente  se realizan palmas arriba cerca del tapete, sobre todo en situaciones donde no disponemos de proyector para que los espectadores vean los manejos desde arriba. El referido 3fly es un ejemplo de pasa pasa de monedas verticalizado.

En el dominio cartomágico, Eugene Burger sugiere verticalizar igualmente ciertas enseñadas como la cuenta Elmsley. Este manejo lo puedes encontrar en el misterioso efecto Last dream ubicado en el tercer DVD de sus Magical Voyages.

Si no lo tienes a mano, aquí tienes una breve indicación. Colócate ante un espejo sosteniendo las cartas verticalmente, con las caras enfrentando el espejo, pulgares por detrás (hacia ti) e índice y mayor por delante. En esta posición ve buscando los manejos hasta lograr cumplir el principio de la técnica: que se vean todas las cartas menos la tercera desde arriba.

El recurso de verticalizar aplicado a esta técnica –y a otras que se te ocurran- puede serte útil para algún efecto de escenario o de cerca, donde las condiciones de visibilidad no sean las más adecuadas.

 

3. Colores: visualidad y contraste

También es útil cuestionarte los colores usados, tanto en los elementos (incluido el tapete) como en tu ropa.

Para unas bolas de esponja el rojo es un color muy visible. Sin embargo el amarillo también puede ser ofrecer un contraste interesante con un tapete negro o con la ropa oscura del mago.

Evidentemente una cuerda blanca se verá mejor sobre una camisa negra, también por cuestión de contraste.

Si transformas una carta por otra, el contraste será mayor si son de distinto color, en especial de negro a rojo -por ser éste el más visual de los dos. Recuerda que en nuestro ejemplo previo pasábamos de un diez negro a un as rojo.

Ten en cuenta siempre este punto: colores visibles que ofrezcan el máximo contraste. Visualidad es claridad.

 

4. Introducción paulatina de los elementos

Este punto está relacionado con la atención y la capacidad mental del espectador para asimilar nuevos datos de información.

La idea es que cada elemento que se va introduciendo en la rutina tiene que ser procesado y entendido perfectamente antes de introducir el siguiente, sino ambos supondrán una carga demasiado pesada para la atención del espectador y se perderá claridad.

Por ello, es conveniente introducir los elementos de un modo paulatino, de uno en uno, para no saturar la mente del espectador. Además, es importante plantearse qué orden de presentación de los elementos favorece la máxima claridad.

Para esclarecer el punto, te pongo el ejemplo de un efecto de Jay Sankey.

Tres espectadores eligen tres cartas (una cada uno) y las echan en una bolsa de papel. A continuación, Sankey muestra el ojo de una muñeca que introduce también en la bolsa. Acto seguido se tapa el ojo con una mano y con la otra remueve la bolsa cerrada, al tiempo que va revelando cada una de las tres cartas que hay en su interior. Es una situación muy divertida basada en la ficción de que el ojo de plástico actúa ahora como si fuera su propio ojo dentro de la bolsa, permitiéndole ver las cartas a través de él.

No vamos a detenernos en el método para el que se podría optar por una baraja marcada, ordenada,  o simplemente por un forzaje. Vamos a centrarnos más bien en el modo y orden de introducción de cada uno de los elementos presentes en la rutina.

Antes de tomar una decisión, ponderaremos ciertas opciones:

a. Sacar a la vez –o muy seguidos- la baraja y el ojo sería demasiado cargante para la mente del espectador, ya que supondría digerir de golpe dos elementos claves en la rutina.

b. Sacar primero la baraja para dar a elegir las tres cartas (y luego meterlas en la bolsa) e introducir a continuación el ojo mermaría la claridad, ya que se produciría una especie de paréntesis anticontraste en relación al recuerdo de las cartas elegidas. En efecto, si doy a  elegir las cartas, las guardan en la bolsa y luego muestro el ojo, comentando algo sobre él, para cuando lo introduzca en la bolsa a lo mejor la gente ya no recuerda con claridad qué cartas se eligieron ni en qué condiciones.

Tras estas consideraciones, he aquí un posible orden:

1. En primer lugar sacar al espectador –elemento clave de la rutina-, preguntarle su nombre e interaccionar con él para permitir que el público asimile su presencia en primer lugar.

Dicho sea de paso, si estuviéramos ante nuestro primer efecto, no habríamos elegido este juego, ya que al presentarnos al público, tenemos que darle tiempo de que asimile el elemento principal de la sesión: nosotros mismos.

Ésta es, de hecho, la razón principal por la que la teoría recomienda realizar el primer efecto de presentación sin la ayuda de espectador alguno, de modo que el público sólo tenga que pensar en nosotros, y pueda hacerse tranquilamente una idea de cómo somos y de cuál va ser el estilo de magia que le espera durante la sesión.

2. Tras sacar el espectador, introducir el ojo de plástico. Es el elemento clave de la rutina. Su originalidad y protagonismo en relación con la ficción que se avecina –ver a través de él- aconsejan vívidamente presentarlo cuanto antes.

3. Introducir la baraja. Comentar algo de ella si es la primera vez que se utiliza, sobre todo si es una baraja de póker y sospechamos que el público no está familiarizado con ella.

4. Sacar la bolsa de papel y darla a examinar brevemente.

5. Finalmente dar a elegir las tres cartas, introducirlas en la bolsa, meter el ojo y proceder a la adivinación.

Esta secuencia es sólo una de las posibles, ya que aquí no hay absolutos. Cualquier otra opción sería posible, siempre que se haga en aras de la claridad y permita que cada elemento sea asimilado individualmente en su debido momento.

 

5. Eliminación adecuada de los elementos introducidos.

Lo mismo que vimos en el punto anterior que era conveniente introducir paulatinamente los elementos de la rutina, de un modo similar, en ocasiones útil ir retirando objetos ya utilizados en la rutina para no sobrecargar la mesa o escenario de elementos innecesarios, siempre –claro está- que su retirada no resulte sospechosa, lo que acarrearía un problema de limpieza, como veremos más adelante.

Esto es especialmente útil cuando hacia el final del juego retiramos algún elemento trucado no examinable, que podría despertar cierta sospecha tras la revelación del efecto.

En el citado ejemplo del Wow –que nos permitía una transformación muy visual del 10 al as-, cuando el espectador retira la carta de la carterita, podemos aprovechar el momento en que todos comprueban que la carta es realmente un as para guardárnosla tranquilamente, sin darle mayor importancia.

Si en cambio dejamos la carterita sobre el tapete tras el efecto, es probable que genere cierta suspicacia en algún espectador, quien podría requerir su examen. Y, aunque no lo solicitara, al albergar este espectador sus dudas sobre la inocuidad de la cartera, el efecto seguiría acarreando igualmente un problema de limpieza.

Finalmente, resta decir que este punto está relacionado con la idea de acabar limpios que estudiaremos en otro artículo o el libro.

 

6. Uso de objetos cotidianos o prestados

Los objetos cotidianos –y más aún si nos los prestan los propios espectadores- potencian la claridad por la sencilla razón de que la mente no se cuestiona su normalidad o su inocuidad. Al conocerlos y asumirlos desde un primer momento, nuestra atención queda libre para constatar, entender y disfrutar del efecto.

Sin embargo, un elemento que no sea familiar siempre va a requerir algún tipo de examen o explicación previa para que la mente no albergue dudas sobre su funcionamiento o inocuidad.

Si por ejemplo realizas un pasa pasa con monedas de dos euros, no es en principio necesario que des a examinar las monedas. Son suficientemente conocidas y los espectadores las van a asumir con naturalidad.

En cambio, si deseas realizar un pasa pasa a lo David Roth, con cascarilla y monedas de medio dólar, es preferible que al principio des a examinar las monedas (al tiempo que te guardas la cascarilla en el empalme de dedos, por ejemplo), para que los espectadores toquen las monedas y constaten su inocuidad.

Incluso, para una mayor limpieza y evitar sospechas innecesarias, es interesante justificar su uso, diciendo que por su peculiar brillo se ven mejor que las de euro, y que además suenan mejor cuando chocan entre ellas, lo cual, dicho sea de paso, es totalmente cierto.

Si al usar monedas de medio dólar obvias estos pasos e inicias la rutina sin más, inevitablemente se perderá claridad, al sentir los espectadores que no conocen ni entienden perfectamente el elemento manejado, pudiendo incluso llegar a sospechar de su carácter trucado, cuando en realidad no es así -lo que supone un problema añadido de limpieza, tal como veremos más adelante.

Igualmente, los espectadores que sólo hayan visto y manejado barajas españolas, al presenciar efectos con baraja de póker, pues van a necesitar tocarla, manipularla, y entender un poco sus palos (corazones, picas, tréboles y diamantes) para poder llegar a asumirla como elemento de la rutina. 

Podemos, como en el caso de los medios dólares, hablar de la ventaja de usar tal baraja con vistas a realizar ciertos efectos de juego (en el ámbito de la tahuromagia) u otros que requieren distinguir entre los colores rojo y negro, como por ejemplo el Agua y el aceite o el Fuera de este mundo, efectos que no podríamos realizar con la baraja española.

Una vez más, como en el caso de los medios dólares, la justificación es genuina, por lo que si la hacemos sin darle importancia y sintiendo su verdad, la mayoría de los espectadores la asumirán sin problema.

 

7. Detalles cartomágicos

Cuando nuestro elemento es la baraja, hay una serie de detalles que podemos tener en cuenta para potenciar la claridad en nuestras rutinas. Ahí van unos cuantos pero seguro que tú puedes incluir alguno propio.

a. Cuando realices un transformación de carta, procura que las cartas contrasten, por ejemplo de número a figura, o de negra a roja.

b. Cuando fuerces una carta, procura, si lo permite la rutina, que ésta sea fácil de recordar.

Es más probable, por ejemplo, que un espectador no familiarizado con la baraja francesa recuerde una carta de corazones o de diamantes que una de picas. Asimismo, una carta de puntos es normalmente más clara que una jota o un rey –con la excepción de la conocida reina de corazones.

Si no puedes evitar forzar el palo de picas o tréboles, o una figura, antes de empezar la rutina dedica unos instantes a aclarar los palos y la numeración de la baraja, sobre todo cuando sospeches que algunos espectadores no están familiarizados con ella.

c. Si tienen que firmar una carta, procura forzar o dirigir la elección de cartas que tengan  suficiente espacio en el centro para que se distinga bien la firma o el dibujo, por ejemplo un dos o un cuatro (salvo que requieras cierta confusión sobre la legibilidad de la firma por el método, claro).

d. Si puedes, realiza de vez en cuando magia con baraja española. Te sorprenderás de la fuerza que adquieren ciertos efectos, simplemente por la claridad extra que supone trabajar con un elemento muy conocido por los espectadores.

Que se lo digan a Rubiales, si no.

 

8. Visibilidad y sonido

Aunque estos factores queden fuera del ámbito de este blog, que sólo trata de aspectos teóricos constructivos, no puedo dejar de citar estos dos aspectos en este apartado porque son determinantes para la claridad.

Si hay fallos de sonido (acoples, problemas de micro, mala calidad de los altavoces), los espectadores no van a escuchar bien al mago y, por muy bueno que sea el guión del efecto, no van a poder seguirlo bien en detrimento de la claridad.

Lo mismo pasa si no se ve bien el espectáculo por una mala iluminación o por estar los asientos demasiado bajos y lejos en una sesión de cerca que no dispone de proyector. Si no se nos ve bien, por excelente que sea nuestra actuación va a perder enteros por problemas de claridad.

Es triste que, después de haber trabajado a fondo complejos aspectos de la construcción de nuestras rutinas (incluyendo el guión de la mismas), al final la fastidiemos a ese nivel.

Aunque parezca  una perogrullada, recuérdalo: tienen que vernos y escucharnos bien.

 

Si hay algún punto con el que estés especialmente de acuerdo (o en desacuerdo) o si quieres matizar o aclarar algún punto, siéntete libre de realizar cualquier comentario más bajo o por privado (a mi correo potenciatumagia@gmail.com).

 

¡Y si te ha gustado especialmente el artículo, compártelo!

 

NOTAS

La foto de cabecera está sacada de la web www.jaysankey.com

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2 pensamientos en “CLARIDAD Y ELEMENTOS EN MAGIA

  1. EXCELENTE EL ARTÍCULO! A veces hay cosas que parecen de perogrullo como bien dices, pero que la olvidamos. Pongo un ejemplo de mi vida real:
    El año pasado estuve en un programa de radio en Halloween; como de costumbre pusieron cámara para que la audiencia pudiera ver por Internet los efectos que se relacionaban con algo de espiritismo y mentalismo. Yo había llevado incienso, velas, música incidental, etc.
    Al momento de realizarlo me dice el conductor que no se podía prender fuego, que bajar las luces tenía miedo no se viera bien, etc. Finalmente los efectos salieron bien pero con toda la luz del estudio no creó atmósfera suficiente. No quedé conforme. Tomé la decisión de nunca más hacer nada sin que salga como lo preparé; no se puede hacer así? Entonces no lo hago, o realizo otros efectos. Tiene que ver con este tema porque forma parte de la claridad en un caso así también la atmósfera creada. Sin la música y luz adecuada esos efectos parecían trucos nada más, no sentí que quedó claro la idea del programa. Yo agregaría que el argumento y la atmósfera creada nos da también la claridad del mensaje.
    Un abrazo y me encanta tu blog Mariano, se aprende muchísimo sobre teoría que es tan importante.

    • Pues sí, Ángel. A veces no es conveniente una iluminación demasiado intensa cuando se busca crear una atmósfera particular. Siempre que se pueda hay que preparar el contexto de nuestra sesión con todos los detalles: iluminación correcta, situación de los asientos, música de bienvenida, etc. No siempre se puede tenerlo todo al gusto pero hay que intentarlo.

      Un fuerte abrazo, Ángel y gracias por seguir el blog y participar en él con ese entusiasmo.

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