EL ATISBO EN MAGIA por Mariano Vílchez

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El atisbo es un concepto estructural clave acuñado por Ascanio y uno de los principios más potente para que el clímax de un efecto de magia alcance la máxima intensidad.

El este artículo te voy a explicar en qué consiste el atisbo, por qué funciona,  las maneras de propiciarlo y, algo muy importante, algún consejo sobre su timing.

El atisbo es tan poderoso que, si tan sólo pudiera seleccionar 10 principios teóricos para mi magia de los 170 que tengo recopilados, te aseguro que el atisbo figuraría entre ellos.

 ¿Qué es el atisbo?

La definición en sí es bastante sencilla. El atisbo consiste en facilitar que sea el propio espectador quien vislumbre el efecto que se va a producir un instante antes de que se produzca, de modo que el impacto del mismo sea mucho mayor en él.

El atisbo es algo así como cuando, al final de un thriller en el cine, de repente el guionista (y el director) nos van ofreciendo en ráfaga una serie de pistas cada vez más claras acerca de la identidad del asesino e inmediatamente después ésta se nos revela con total claridad. Ese darnos cuenta paulatinamente en un instante tan breve es una sensación intelectual y emocional muy agradable, mezcla de impacto y sobrecogimiento, como un eureka interior que arroja luz sobre toda la cinta previa.

Me viene a la memoria la escena final de Los otros de Alejando Amenábar donde  el personaje de Grace Stewart  (Nicole Kidman) entra en la habitación donde los supuestos fantasmas están sentados alrededor de la mesa. Vemos la médium, cómo interroga a la niña acerca de su muerte. Estamos confusos, no entendemos.

De pronto vemos cómo Grace tira y rompe los papeles de la mesa y, un instante después, vemos los papeles revolotear y romperse solos. Durante un instante no entendemos este cambio de perspectiva hasta que de repente la confusión se disuelve y alcanzamos a comprender lo que realmente ha estado pasando durante toda la película.

 

Primer ejemplo de atisbo, la revelación de un triunfo.

Acabas de mezclar las cartas cara arriba y cara abajo. Ahora te dispones a extender la baraja para revelar que todas las cartas están de dorso salvo una carta previamente elegida.

Entonces comienzas a extender las cartas sólo un poquito y te detienes. El espectador viendo las primeras cartas de dorso tiene el “atisbo” del efecto, comprende y llega a la conclusión de que el efecto va a consistir en que todas las cartas se van a poner en el mismo sentido, de dorso.  En cuanto alcanza esta comprensión, terminas de extender la baraja corroborando su sospecha y revelando que lo imposible se ha producido.

Todas las cartas están realmente en el mismo sentido.

Si lo pruebas, descubrirás que esta simple maniobra potencia enormemente la fuerza del  clímax del efecto, elevando al cuadrado (como mínimo) la reacción de los espectadores.

Antes de analizar por qué funciona, vamos a ver qué pasar SI NO PROPICIAS EL ATISBO en esta revelación.

 

Inconvenientes de no propiciar el atisbo

Si no propicias el atisbo, es decir si extiendes enseguida y de una vez la baraja para mostrar que todas las cartas están de dorso salvo la elegida, entonces los espectadores tendrán que pasar por dos fases antes de reaccionar:

1. En primer lugar tendrán que darse cuenta de lo que ha ocurrido (todas las cartas están de dorso, salvo la elegida).

2. En segundo lugar tendrán que valorar que esta situación supone un contraste imposible en relación con la situación inicial que les hemos presentado antes, la mezcla de cartas cara arriba y cara abajo.

(3). Puede ser incluso que, un vez que han entendido el efecto, algunos espectadores sientan la necesidad de revisar la baraja extendida para ver si realmente todas las cartas están de dorso.

Todo esto ocasiona tres inconvenientes obvios:

1. Se produce un cierto anticlímax en la mente del espectador, ya que, al asistir de repente asiste al efecto total, tiene primero que corroborarlo y valorarlo intelectualmente para poder disfrutarlo luego a un nivel emocional.

Además, puede ser incluso que algunos espectadores sientan la necesidad de corroborar que dicho efecto se ha producido en su totalidad, con lo que empezarán a revisar a fondo la baraja extendida para comprobar realmente todas y cada una de las cartas están ahora de dorso, lo que ensucia el pleno y libre disfrute del clímax. Esta resistencia y necesidad de comprobación final se debe a que el efecto se reveló de forma súbita y sin tiempo de pre-asimilación.

2. El segundo inconveniente de no propiciar atisbo es que cada espectador llega a la emoción mágica en un instante diferente.

Algunos espectadores procesan más rápidamente el efecto, llegando antes a su asimilación y a la comprensión de su imposibilidad, mientras que otros tardan más. Esta diferencia de tempos impedirá que se dé una reacción sincronizada de todos los espectadores, lo que va en detrimento de la emoción compartida, factor clave a la hora de expandir el clímax y propiciar el liberador aplauso compartido.

3. El último inconveniente de no propiciar atisbo es que no permitimos que se produzca un posible melacorto en efectos y rutinas que así lo permiten (no es el caso en la revelación de un triunfo). Enseguida introduciré el concepto de melacorto, por si aún no lo conoces.

 

Ventajas de propiciar el atisbo

En contrapartida a todo lo anterior, SI PROPICIAS EL ATISBO, es decir, si a la hora de revelar tu triunfo empiezas a extender un poco las cartas, te detienes  y luego terminas de extenderlas, evitarás los tres inconvenientes citados y ganarás a cambio tres ventajas claves.

1. En primer lugar, al comenzar a extender las cartas y detenerte, das tiempo a todos los espectadores para que aprecien (atisben) el efecto que se va a producir. Todos llegan a esta comprensión un instante antes de que reveles el efecto al completo.

Esto hace que cuando terminas de extender las cartas para mostrar que están todas de dorso, todos los espectadores pueden disfrutar del clímax sin verse empañado por ninguna interferencia intelectual, ya que el efecto y su imposibilidad fueron asumidos previamente gracias al atisbo. Ahora sólo queda disfrutar de la realidad de lo imposible.

Por eso el atisbo desactivará en la mayoría de las ocasiones esa necesidad de comprobar las cartas una y una. Los espectadores tienen una certeza de la realidad del efecto que no hubieran tenido si no hubieran experimentado el atisbo.

2. La segunda ventaja de propiciar el atisbo es que, al reaccionar todos los espectadores a la vez, se produce una unificación de todas las reacciones. Esto da lugar a una emoción compartida que, en la mayoría de las ocasiones, se traducirá por un aplauso potente y sincero, acorde con esta emoción global.

3. La última ventaja es que al propiciar un atisbo se puede asimismo propiciar un melacorto, si el efecto fuese susceptible de él, lo cual no es el caso para el triunfo, ya que sólo cumple una de las cuatro características requeridas para que pueda darse un melacorto.

 

Introducción al melacorto

El melacorto es un término tamariciano que expresa la sensación de imposibilidad experimentada por el espectador cuando vislumbra o atisba el efecto que se avecina.

El espectador puede expresar el melacorto de distintas formas.

¡No jodas que la carta ahora está ahí!

¡No puede ser!

¡Como esté en mi bolsillo me la corto!

Hay que distinguir el melacorto del atisbo. Son dos cosas distintas, si bien ambos suceden consecutivamente.

La secuencia sería la siguiente.

1. El espectador se da cuenta del efecto que se avecina (atisbo).

2. Entonces cae en la cuenta de que tal efecto es imposible y no puede darse bajo ningún concepto dadas las condiciones previas (melacorto).

El melacorto requiere obligatoriamente un atisbo previo, pero puede haber atisbo sin melacorto.

Te pongo un ejemplo de atisbo con melacorto.

Supón que estás realizando algún juego con carta firmada (una ambiciosa, por ejemplo) y que, desde el principio del juego has sacado tu cartera con algún pretexto coherente, con lo que ha estado a la vista en todo momento.

Al final de la rutina extiendes la baraja sobre la mesa. Se ve que la carta firmada ha desaparecido y que hay un billete de 50 euros en su lugar.

Aquí se daría un lógico atisbo deductivo en tus espectadores (si ahora hay un billete en lugar de la carta, entonces la carta tiene que estar… en la cartera). En el momento en que deducen que la carta puede estar en la cartera se acaba de producir un atisbo e inmediatamente después ocurre el melacorto:

Si la cartera ha estado a la vista en todo momento, es imposible que la carta esté ahora en ella.

 

Timing del atisbo

El timing del atisbo es un asunto delicado, casi milimétrico.

Si el tiempo de atisbo es demasiado corto, nos arriesgamos a perder parte de su fuerza potenciadora, ya que es posible que a algunos espectadores más lentos en su estilo de procesar la información no les haya dado tiempo aún de vislumbrar el efecto.

Por otro lado, si el tiempo de atisbo es demasiado largo, nos arriesgamos a propiciar un anticlímax porque entonces el atisbo puede llegar a convertirse en un mero anticipador del clímax. Les hemos dado a los espectadores tanto tiempo que no sólo han vislumbrado el efecto sino que ya lo han dado por hecho, asumiéndolo por completo, por lo que completar la revelación ahora ya no aporta nada.

Para que el atisbo funcione, el espectador tiene que caer en la cuenta de cuál va a ser el efecto e, inmediatamente después, presenciarlo, sin que tenga tiempo de evaluar ni pensar nada más.

Se acaba de producir un desequilibrio psíquico en el espectador provocado por ese reciente descubrimiento de la posibilidad del efecto. Y de algún modo ES ESE DESEQUILIBRIO el que vuelve al espectador más vulnerable al impacto posterior de la revelación final, cuando ésta se muestra en su total expresión.

¿Pero cómo evaluar el timing en la realidad de la actuación?

Aunque sea una afirmación de Perogrullo, el tiempo de atisbo más adecuado es aquél que te dice tu intuición, fruto de la experiencia de probar distintos tiempos de atisbo con distintos espectadores y en diferentes efectos y circunstancias.

La intuición sopesa la situación, el tipo de espectadores y el juego en sí, revelándote con bastante precisión cuál el timing adecuado.

No obstante, te voy a dar una pequeña clave.

A menudo, el primer comentario que escuchas de algún espectador es la señal para terminar el atisbo y proceder a la revelación total.

No puede ser.

No jodas.

¡Qué dices!

¡Qué cabrón!

La experiencia me dice que para cuando algún espectador verbaliza alguna exclamación de este tipo, es muy probable que la mayoría de los espectadores ya hayan  experimentado el atisbo. Y ES EN ESE PRECISO MOMENTO cuando conviene terminar de revelar el efecto.

A veces nadie verbalizará nada pero por la expresión facial de algunos espectadores sabrás que han experimentado el atisbo, con lo que en ese mismo instante procederás a rematar la revelación.

 

Formas verbales y gestuales de propiciar un atisbo

Una vez estudiado teóricamente las ventajas del atisbo, su funcionamiento y timing, veamos un último apartado práctico.

¿Cuáles son las distintas maneras de propiciar el atisbo en tu magia?

Distingo maneras de expresar el atisbo: las verbales y las gestuales.

Modos verbales de propiciar el atisbo

Dentro de los modos verbales destacaría dos técnicas.

1. Sugerir paulatinamente

Se trata de dar en entender el efecto verbalmente, de forma vaga, genérica e indefinida, para luego ir concretando y detallando más y más, hasta llegar a la alusión completa –o casi- en el punto final del discurso al mismo al final de la frase.

Tu carta no está aquí porque ha viajado a otro lugar… un lugar cerrado… que siempre estuvo cerca de ti…  sí… la cartera  (versus simplemente mirar la cartera).

Observa como con cada pausa vas dando la oportunidad a los espectadores de vislumbrar o atisbar el efecto del viaje a la cartera. Además, cada vez vas concretando más para ir facilitando el atisbo a los espectadores que aún no lo han experimentado.  Algunos espectadores lo pillarán en la primera pausa, otros en la siguiente y el resto lo hará en cuanto soltemos la expresión “cerca de ti”. Quizás unos pocos no caigan hasta que nombremos o miremos la cartera.

El caso es que has permitido que cada espectador, en su propio tempo, se fuera subiendo al carro del atisbo de forma paulatina.  Al final, cuando nombras o miras la cartera, todos los espectadores se han sumado al unísono al entendimiento del reto del efecto que se avecina.

En la citada escena de Los Otros sucede algo parecido a lo explicado aquí. Se van acumulando pistas cada vez más claras hasta que el espectador sale de su presupuesto y descubre fascinado la verdad de lo que ocurre. Sáltate el párrafo siguiente si no has visto la película para disfrutar de la intriga hasta final.

En la citada escena entra Grace y ve gente sentado alrededor de la médium (pista 1). La médium empieza a hablar dando datos reveladores (pista 2). Los niños empiezan a gritar que no están muertos (pista 3). La propia Grace empieza a chillar que no están muertos (pista 4). Grace empieza a mover la mesa y enseguida vemos un plano donde la mesa se mueve sola (pista 5). Luego Grace coge los papeles de la mesa y los rompe, a continuación vemos como los asistentes a la sesión ven los papeles volar y romperse solos por el aire (pista 6). Finalmente vemos la escena desde el punto de los vivos y la dueña de la que se anuncia que definitivamente va a mudarse de la casa y que no soporta más la presencia de los fantasmas (pista 7).  Para rematar, vemos a Grace abrazando a sus hijos y confesándoles su horrible crimen.

Todo se acumula milimétricamente para que cada espectador a su tempo y ritmo caiga en la cuenta de lo ocurrido. Yo no lo entendí hasta ver los papeles romperse solos por el aire. Una maravilla de escena y un ejemplo insuperable de atisbo.

2. Sugerir por deducción

Se trata aquí de dar a entender el efecto de forma deductiva, invitando al razonamiento del espectador para que llegue por sí mismo a la conclusión de cuál va a ser el efecto.

Recuerda el juego citado previamente en el que, como final de ambiciosa, un billete en una cartera se intercambia con una carta.

Se empieza extendiendo las cartas, apreciándose que la carta firma ya no está en la baraja. A cambio se ve que hay un billete de 50 euros en su lugar. Entonces dices lo siguiente:

Si aquí hay un billete de 50 euros,  entonces…  es que…  tu carta… está… (tras unos instantes miras o nombras la cartera).

Una vez más, con esta frase les has dado a los espectadores la oportunidad de que se anticipar al efecto, cada uno a su tempo, hasta que llegan todos a la conclusión del tremendo efecto final que se avecina.

 

Modos gestuales de propiciar el atisbo

Supongamos de nuevo que quieres que los espectadores atisben que una carta firmada ha viajado a una cartera situada a la derecha del tapete (desde tu punto de vista).

He aquí algunas opciones que podrías seguir.

1. Señalar mirando

Esta maniobra es la menos sutil de todas y es poco adecuada para propiciar  atisbo alguno. Es demasiado directa. Miras y señalas. Todos caen en la cuenta en el acto.

2. Mirar moviendo la cabeza

Aquí miras la cartera desplazando ligeramente la cabeza hacia ella. El movimiento es más sutil que el anterior. Darás tiempo a que se produzca un cierto atisbo.

atisbo3. Mirar sin mover la cabeza

Esto es aún mejor, tu ojos miran de pronto a la cartera, AL TIEMPO QUE TU CABEZA PERMANECE FIJA. Esta estrategia es aún más sutil, ya que algunos espectadores no se darán cuenta del propósito de esta formar de mirar hasta que pasen unos instantes. El tiempo de atisbo (que va desde miras la cartera hasta que todos los espectadores caen en la cuenta del efecto) será aún mayor que en el caso anterior.

A la derecha tienes una foto que le saqué a Rubiales en pleno atisbo. La rutina acaba con una carta firmada dentro de un estuche que ha estado a la vista en todo momento. Rubiales se queda mirando el estuche. A partir de ese momento los espectadores van a ir entrando en el atisbo (como apreciarás en ese preciso momento hay alguno que aún no ha entrado).

4. Señalar sin mirar

Esta estrategia es exquisita y una de mis favoritas.

En nuestro ejemplo mirarías fijamente las cartas y, sin apartar nuestra mirada de ellas, la mano derecha se movería lentamente para señalar la cartera.

Esta división de atenciones, por un lado hacia las cartas con nuestra mirada y, por otro, hacia la cartera con la mano que señala, da lugar a una confusión momentánea muy propicia para el atisbo.

Esta técnica que designo con el nombre de mirada contenida ya te la describí en artículo previo de 9 FORMAS DE POTENCIAR UN CLÍMAX EN MAGIA.

Obviamente puedes jugar con combinar todas estas estrategias, siempre ordenándolas desde la más sutil hasta la más obvia, lo que te permitirá una gradación que, como en el caso del atisbo verbal, facilitará que los espectadores se vayan subiendo uno a uno al carro del atisbo de forma paulatina hasta que el atisbo sea global.

En nuestro ejemplo podrías señalar la cartera sin dejar de mirar las cartas, luego mirar hacia la cartera sin girar la cabeza, y un instante después girarla. En cada gesto habrás ido metiendo más espectadores en el atisbo.  Experimenta combinando distintas estrategias y recuerda que no tienes que usarlas todas necesariamente. Tal vez basta con usar una o dos y lograr el atisbo adecuado para el efecto que te preocupa.

Si recuerdas, en el artículo anterior de comenté la forma de potenciar un clímax con la mirada contenida tomando como ejemplo la presentación de Daryl del Chicago Opener (conocido la dama que se ruboriza en el libro de Vicente Canuto).

En su presentación de este juego Daryl tiene un detalle muy interesante para propiciar el atisbo en la segunda parte del efecto.

Recordemos que el juego empieza dando a elegir una carta que se pierde en la baraja (de dorso azul). A continuación se extiende la baraja de dorso y que se ve que una de las cartas ha cambiado de color. Ahora es roja. Se voltea y se ve que se trata precisamente de la elegida.

La carta se aparta a un lado y ahora viene la segunda fase.

Se dice que se va a repetir el efecto. Una vez más eligen una carta y ésta se pierde en la baraja. El mago extiende finalmente las cartas para mostrar que, de nuevo, la elegida ha cambiado de color pero, al extender ahora, no se ve ninguna carta roja.  El mago cuadra las cartas de nuevo y las vuelve a extender de nuevo pero sigue sin verse ninguna carta roja en la extensión.

En ese momento Daryl dice:

¿De verdad que no veis ninguna carta roja? Yo sí…

Al cabo de un rato los espectadores caen en la cuenta de que Daryl se refiere a la primera carta elegida que, tras cambiar de color, se apartó a una esquina del tapete.

El melacorto posterior es demoledor, si has probado el juego lo sabes.

Combinando todo lo visto, podrías intentar optimizar aún más el atisbo  probando en público la siguiente secuencia.

1. Miras fijamente la extensión y recurres al atisbo verbal de Daryl.

¿De verdad que no veis ninguna carta roja? Yo sí…

Y al decir “Yo sí…”, señalas de lejos con la mano derecha la carta roja que se apartó en la fase previa, PERO TU MIRADA SIGUE FIJA EN LA EXTENSIÓN DE LAS CARTAS.

2. Ahora tus ojos, SIN MOVER LA CABEZA, se giran para mirar la carta.

3. Finalmente permites que se gire la cabeza para mirar más de lleno a la carta.

Ésta es una combinación que he usado las últimas veces que he hecho este juego y es muy potente para los espectadores. No obstante cualquier otra combinación más acorde con tu estilo y personalidad puede resultar igual de fuerte, siempre que sigas la orden correcto  de gradación de las pista (de más a menos sutil).

 

NOTAS

1. El manejo del juego Chicago Opener, también conocido con el nombre de Red Hot Mamma, viene perfectamente descrito en el libro Cartomagia Fundamental de Vicente Canuto.

Es uno de los juegos de más impacto que conozco, a pesar de que sólo requiere un doble lift y un forzaje hindú, siendo además una excelente opción como su nombre indica para abrir una sesión, ya que suele rendir de inmediato a los espectadores más racionales.

Aunque la idea original es de Al Leech, parece que fue modificado por otros dos autores hasta popularizarse en el libro de Frank García, Million Dollar Card Secrets.

2. La foto de cabecera está sacada del blog cineoxidometalchivilcoy.blogspot.com y pertenece a la citada película Los otros de Alejandro Amenábar.

 

¡Y AHORA TE TOCA A TI!

1. ¿Propicias el atisbo en alguna de tus rutinas?

2. ¿Qué estrategias utilizas para provocarlo, verbales o gestuales?

3. ¿Alguna de tus rutinas conlleva un melacorto final? Cuéntanos cuáles.

 

Si te apetece contestar a alguna de estas preguntas o preguntar tú mismo sobre éstas u otras cuestiones, deja un comentario más abajo.

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3 pensamientos en “EL ATISBO EN MAGIA por Mariano Vílchez

  1. Excelente tu blog. Me encanta, he aprendido mucho sobre teoría. TE FELCITO!

    Sobre este artículo, en una parte dices que el MELACORTO tiene 4 características, y que en el triunfo sólo se da una de esas cuatro. La duda es: supongo que una de esas características es el atisbo? Y cuáles son las otras 3?
    Y por qué dices que en el triunfo sólo se pueda dar una de esas 4?
    Gracias , espero tu respuesta amigo!
    Un abrazo desde Uruguay!

    • Muchas gracias, Ángel. Permíteme que me guarde esos factores para un próximo artículo, ya que esa frase era un gancho para despertar la curiosidad y hacer pensar a los lectores. Y sí, el atisbo es uno de esos factores.

      Venga, uno más. El melacorto requiere más de un efecto, suele ser la culminación de una rutina con dos o tres (en ocasiones más) efectos. Y además suele ser un efecto más fuerte que los previos. Los otros dos factores en un próximo artículo.

      Un fuerte abrazo.

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