CÓMO ACTUAR ANTE ESPECTADORES IMPERTINENTES (2ª PARTE) por Mariano Vílchez

adivinando número de cartas

 

Vamos a ver hoy una serie de recursos para actuar ante espectadores impertinentes pero ya in situ, metidos en la actuación.

Concretamente vamos a ver 6 recursos y dos secretos finales. Comenzamos.

1. Primer juego matador

Esta es una premisa compartida por muchos magos. Si el juego inicial es un efector matador, de esos que funde los plomos sistemáticamente, entonces los potenciales espectadores impertinentes se relajarán. Desde ese punto aceptarán que la magia que se avecina tiene un cierto nivel,  que se hallan ante un profesional y no ante un simple aficionado inexperto. Esta idea es aplicable tanto a situaciones profesionales como amateur.

Todos hemos experimentado ese clic donde, de repente, tras el momento matador, los ánimos adversos se relajan. Los espectadores asumen que están presenciando magia de nivel y se disponen a disfrutar, bajando un poco –o mucho- la guardia analítica, en el caso en que están predispuestos a ella. Y a partir de entonces la actuación empieza a fluir.

Si eres una persona nerviosa y llevas poco tiempo en la magia –y además te preocupa que te pillen en algún manejo tramposo-, empieza con un efecto automático o semiautomático con pocos manejos, a la par que potente en su impacto. De este modo, los espectadores que no pestañean en busca de resquicios y secretos se toparán con la nada, y tenderán a relajar su mirada de escrutinio durante el resto de la actuación.

2. Abordaje subrepticio

El abordaje subrepticio, término de mi amigo Vicente Mustieles, consiste en empezar a hacer magia sin advertírselo a los espectadores. Sin comérselo ni bebérselo, se encuentran de repente envueltos en la maraña surrealista de lo imposible, y sólo pasado un tiempo caen en la cuenta de que están asistiendo a una actuación de magia.

He aquí unos cuantos ejemplos.

1. El mago se acerca a la mesa y pregunta, mostrando una cartera a los espectadores, si pertenece a algunos de ellos. Apenas obtiene alguna respuesta, la abre y –para estupefacción de los espectadores- echa a arder.

2. El mago llega con una baraja en sus manos y les dice a los espectadores que está cabreado porque le han vendido una baraja muy mal impresa. Entonces la muestra y se ve normal. Pero al mostrarla por segunda vez, ahora se ve blanca por las dos caras (baraja mental photographic).

3. El mago se acerca con aspecto nervioso y comenta a los espectadores que está a disgusto porque hay mucha electricidad estática en el ambiente. Para probarlo –y sin perder su gesto serio- coge una servilleta de la mesa y, de repente, ésta empieza a flotar en sus manos.

El abordaje subrepticio es efectivo para prevenir la aparición de espectadores impertinentes porque éstos no han tenido tiempo de construir un caparazón para protegerse del mago. Al no anunciarse éste como tal, de repente se encuentran envueltos en la magia antes de ser conscientes de ella como tal. Pero para cuando han caído en la cuenta, es demasiado tarde para levantar la guardia y cuestionarse ahora el resto de la actuación.

3. Connivencia fingida

Lo mismo que en magia infantil, el mago usa la estrategia de entregarle al chaval más travieso la varita mágica para que se quede quieto y vigilante, así en magia de adultos podemos utilizar el principio de connivencia –más o menos- fingida para desactivar al espectador que se revela como conocedor de nuestro arte y está dispuesto –acierte o no- a destripar todos los efectos que vamos realizando.

En mi caso, si este espectador aparece –o intuyo su presencia por la forma de mirar mis manejos con aires de superioridad-, interrumpo brevemente la actuación y le me dirijo a él, preguntándole si sabe algo de magia. A menudo me lo confirma, entonces, ya que “está en el ajo”, le pido discreción y “choco esos cinco” con él.

Independientemente de que este espectador sea o no muy conocedor de nuestro arte, he construido una especie de alianza con él, como si yo de verdad supiera -y así lo manifestara ante el resto del público- que participa en cierta medida del conocimiento del arte de la magia.

A partir de entonces, satisfecho su ego de conocedor, el espectador deja de interrumpir y adopta una actitud más respetuosa.

Otra cosa es que, al final del espectáculo, una vez que nos hayamos marchado, le dé por contar al resto de la mesa todos los métodos que, según él, hemos usado.

En ocasiones, lo “cascará” todo, acierte o no. En otras, será más respetuoso. Le bastará comentar los efectos que “ha pillado” pero sin soltar prenda de cómo se realizaron. Si no hemos establecido con él la connivencia fingida, te aseguro que optará por la primera opción, en detrimento nuestro y de nuestro arte.

4. Reto provocado

Consiste en anticipar la posible presencia de espectadores problemáticos y plantear rutinas que tengan previstas la interrupción o la alteración del efecto por tal espectadores, saliendo victoriosos de ellas.

Pongamos que estamos haciendo magia por las mesas en una boda.

En un momento dado, damos a elegir una carta a un espectador y luego cortamos el mazo por la mitad para que la devuelva en un punto preciso. Sin embargo, el espectador se niega y nos pide devolverla en otro lugar donde a él le parezca. Incluso llega a arrebatarnos la baraja, introducir él mismo la carta en la misma para luego mezclar a su antojo.

Esta dramática situación (tanto para el público como para nosotros) tiene la ventaja de que lleva al máximo la atención de todos los espectadores de la mesa. No hay duda de que si logramos resolverla, el clímax tendrá una potencia inusitada.

Pero y si resulta que, al acercarnos a la mesa, hemos calado al espectador, intuyendo su posible conflictividad. ¿Y si le hemos forzado la carta o llevamos baraja ordenada o incluso marcada? Entonces, al conocer la identidad de la carta desde un primer momento, hemos jugado un poco con él, enfatizando la palabra ahí en la frase “Coloca tu carta ahí”.

Dadas las circunstancias es ahora bastante probable que pueda plantearnos el reto descrito anteriormente, lo que nos permitirá encontrar su carta de un modo especialmente asombroso e inesperado para el resto de los espectadores de la mesa.

¡Y de paso acallar definitivamente al espectador impertinente!

5. Enfoque trascendente

Si adoptamos un enfoque trascendente, la probabilidad de que aparezcan espectadores impertinentes se reduce drásticamente. Y es que, en este enfoque, lo imposible y el asombro quedan en segundo plano, como telón de fondo de la idea o sensación positiva que se quiere transmitir.

Si, para potenciar la sensación de conexión entre dos espectadores -marido y mujer, por ejemplo-, realizo un efecto donde, tras mezclar ambos miembros de la pareja sendos paquetes, resulta que éstos coinciden en su secuencia numérica, entonces la sensación va a ser muy especial para ellos. Con su mezcla, ambos han creado esa “sincronicidad” y en ese preciso instante en el que se revela la coincidencia experimentan un bonito y especial vínculo entre sí.

Como entenderás, es poco probable que a continuación cuestionen la legitimidad del efecto o intenten sabotearlo, ni tampoco el resto de los espectadores. El mensaje expresado a través del efecto es tan bonito para los protagonistas y el público asistente que difícilmente alguien se atreverá a perturbar el ambiente que se ha creado.

6. A otra cosa, mariposa

Por más que sigas los consejos dados hasta aquí, incluidos los del artículo previo destinados a prevenir el problema, inevitablemente, alguna vez te va a suceder. Te vas a topar con una mesa especialmente difícil que, o bien te falta al respeto,  o bien te ignora, o bien te dice de entrada que no quiere magia. En ese caso, con la mejor de tus sonrisas, te conviene despedirte de inmediato y de forma educada. Tal vez quieras intentar seducir a estos espectadores con un primer efecto pero, si la cosa no cuaja, adiós y muy buenas. A otra cosa mariposa.

En ocasiones, los espectadores de la mesa que rechazó nuestra actuación, al escuchar a otras mesas aplaudirnos y vitorearnos, sentirán el deseo de vernos actuar y alguno de sus comensales se acercará para solicitar nuestro servicio.

Dependiendo de tu carácter y personalidad, tú decidirás si les das otra oportunidad o simplemente te niegas educadamente, diciendo que vas con retraso y que te faltan muchas mesas.

A veces dar una lección así puede tener también su impacto “mágico” en el espectador.

Dos secretos finales que pueden resolverlo todo

Y ahora un par de secretillos psicológicos y (¿casi?) metafísicos.

1. Mentalidad adecuada

A la hora de regalar magia, tu mentalidad debe ser la de compartir maravillas con tus espectadores. No estás desafiándolos intelectualmente, ni estás mostrando superioridad en relación a ellos. Tan sólo los estás invitando a entrar en tu mundo por unos instantes.

Si, además, te gusta la gente y sientes fácil afecto por las personas, este rasgo de tu personalidad va a facilitar muchísimo tanto la conexión con tus espectadores como el fluir de la actuación.

Las actitudes que acabo de describir desactivarán la aparición de espectadores impertinentes desde el minuto cero.

2. Los hecklers no existen

Finalmente NO pienses en hecklers, imagina que tales espectadores no existen.

Repítete una y otra vez que el público te quiere y va a limitarse a disfrutar de las maravillas que les vas a ofrecer. Si un espectador muestra una actitud un poco provocadora, piensa que, en su fuero interno, lo que realmente necesita –y desea- es que alguien haga pedazos su lógica, aunque sea por una sola vez. Muchas de las mejores reacciones que he obtenido (risas, carcajadas, abrazos) han sido con espectadores así.

La razón es una herramienta poderosa pero también conlleva un revés tenebroso. Es el origen de preocupaciones, inquietudes y obsesiones que no siempre contribuyen a nuestra felicidad.

Unos de los atributos que tenemos los magos, es poder hacerla saltar por los aires, al menos durante unos instantes.

 ¡TU TURNO!

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5 pensamientos en “CÓMO ACTUAR ANTE ESPECTADORES IMPERTINENTES (2ª PARTE) por Mariano Vílchez

  1. Muy interesante, comparto plenamente estos consejos. Nunca me sentí ni demuestro superioridad alguna frente al público. Y tampoco lo enfrento, ante una actitud negativa. Me pareció un gran aporte.

  2. Gracias, Alex, por pasearte por esta ventana. La actitud que muestras es muy adecuada para presentarse al público. Un abrazo.

  3. Hola muy buenos los artículos , he tenido problemas con chicos de 13 años creo que es la edad mas brava para hacer magia hasta tuve que terminar la rutina antes de tiempo, pero en general salgo adelante con el tiempo voy adquiriendo experiencia, no soy profesional solo me dedico a mis familiares y amigos,,,Un fuerte abrazo gracias por los conceptos…Ricardo

    • Pues sí, Ricardo, la preadolescencia es una edad delicada para la magia. En esta etapa los chavales quieren demostrar su recién adquirida racionalidad y sentido común y no quieren quedar mal a este nivel. Sigue disfrutando de este arte y gracias por seguir el blog.

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