LA ACCIÓN SEDAL por Mariano Vílchez

acción sedal

Es mediodía. Tras una densa mañana de clases en la facultad, llego a mi portal.  Tengo ansias de llegar al piso para hartarme de frituras varias sin engordar un gramo por ello, ya que, sin ser consciente de ello, estoy en una época anterior de mi vida donde soy joven y dispongo aún del metabolismo propio de un estudiante universitario.

Saco la llave del portón y abro la puerta que me introduce dentro del oscuro y sucio edificio donde se halla mi piso de estudiante por la zona de la Plaza de toros de Granada.  Prescindo del ascensor -por mi claustrofobia de la época- y subo las escaleras hasta el segundo piso, letra C. 

Introduzco la llave en el cerrojo. Durante unos instantes, más largos de los que soy consciente, intento abrir la puerta. Pero nada. Es en vano. Sólo al cabo de unos segundos es cuando me percato de que no puedo abrir. Por alguna razón desconocida la llave se atasca. Toco la puerta para que, con suerte, alguno de mis compañeros de piso esté en casa y venga a abrirme.

Entonces se abre la puerta y ante mí aparece mí un hombre inesperadamente mayor con bigote. Me mira interrogante y con cara de pocos amigos. Además, vislumbro en el comedor una mujer dando de comer a varios chiquillos en plena ebullición.

Pido disculpas, he debido equivocarme. El hombre me mira con recelo y me cierra la puerta sin un palabra. Compruebo la planta, es la segunda. Compruebo la letra, es la C. Reconozco incluso un rayajo en la puerta.  Durante unos instantes me quedo en suspenso sin entender nada… 

Hoy te voy a hablar de un concepto capital en teoría mágica que acuñó el maestro Arturo de Ascanio: la acción sedal.

Las acciones sedal se pueden definir como unos manejos y acciones que permiten, bien que el espectador asuma una situación inicial falsa como verdadera, o bien que asuma como cierta una condición necesaria para que se produzca el efecto, aunque sea falsa igualmente.

Sé que suena lioso. Vamos por partes, veamos cada uno de los dos tipos.

1. Acciones sedal cuyo objeto es la asunción de una situación inicial falsa.

En este caso nos encontramos ante una falsa situación inicial que en realidad ya es la final, lo que pasa es vamos a usar detalles y manejos que lleven los espectadores a asumir como cierta esa falsa situación inicial.

Te pongo un ejemplo aclaratorio. Supongamos que vas a transformar una baraja de dorso azul en una de dorso rojo. Para ello, partes de una baraja de dorso rojo a la que le colocas encima una carta de dorso azul/rojo por el lado azul (también puedes añadir simplemente una carta de dorso azul).  Además introduces la baraja en un estuche igualmente azul.

Para iniciar el efecto, sacas a la vista el estuche azul con la baraja dentro. Esto constituye la primera acción sedal, ya que los espectadores perciben el color azul del estuche, lo que les lleva a asimilar desde el comienzo –y de un modo inconsciente- que la baraja es azul.

Cuando extraes la baraja del estudio, también se verá el dorso azul de la carta superior (el único dorso azul, los demás son rojos). Esto constituye la segunda acción sedal, los espectadores siguen asumiendo que la baraja es azul, nada les ha hecho sospechar de lo contrario hasta el momento.

A continuación puedes realizar una mezcla hindú estando la baraja de cara, mientras vas comentando algo de las cartas. Al ir señalando los naipes que caen a la mano izquierda, la mano derecha usa su paquete y lo gira al señalar con él alguna carta de las que van cayendo a la mano izquierda. Se ve en todo momento un dorso azul, el mismo en cada ocasión, precisamente por la peculiaridad de la mezcla hindú. Esto sería la tercera acción sedal.

Finalmente revelas la transformación de la baraja, girando secretamente la carta superior de doble dorso, o bien empalmándola, si se trata de una carta azul normal. La baraja se revelará ahora completamente roja (tal y como y siempre estuvo).

En el ejemplo descrito entra el juego el concepto de autoconvencimiento acuñado por Manu Montes, un concepto directamente vinculado a las acciones sedales. Kenton Knepper también ha acuñado este concepto con el nombre de indirection. Si quieres saber más acerca del autoconvencimiento, consulta las obras de Manu Montes. También tengo un apartado dedicado a este concepto en el ebook que regalo por suscribirse a este blog.

En cualquier caso, el autoconvencimiento nos habla de que el espectador se convence (o mejor dicho asume inconscientemente) algo, siempre que no se lo digamos directamente, sino que, más bien, le permitamos que lo vaya asumiendo mediante una serie de sutilezas. Estas sutilezas son las acciones sedales.

Si sacaras la baraja del estuche y afirmaras que se trata de una baraja azul, automáticamente tu afirmación se vería cuestionada y algún espectador te pediría que probases tu afirmación extendiendo toda la baraja. De no hacerlo, se crearía una sospecha que se cargaría toda la limpieza del juego.

Por el contrario, a través de las acciones sedal (según la metáfora pesquera de Ascanio, quien acuñó el término), vamos dando “sedal” o carrete al espectador para que siga cómodamente agarrado al anzuelo sin la sensación de que lo han atrapado, ya que en ningún momento siente que tiran fuertemente de él. De sentir el tirón -lo que equivaldría a afirmar abiertamente que la baraja es azul al principio del efecto- probablemente el espectador-pez resistiría con fuerza desde el comienzo del juego, rompiendo el hilo, en nuestro caso, cuestionando la afirmación abierta del mago de que la baraja es azul.

Veamos otro ejemplo de acción sedal ajeno a la cartomagia.

Muestras tres cuerdas iguales. Dices que son tres y las cuentas claramente una a una. A continuación realizas un pase mágico y se ve ahora que hay una grande, una mediana y una pequeñita. Se dan a examinar al espectador que queda perplejo ante lo sucedido.

Es probable que hayas reconocido la rutina de la Pesadilla del profesor.  En este caso también partes de una situación inicial falsa, ya que en realidad estás ya en la situación final. En otras palabras, desde el principio estás partiendo de una cuerda grande, de una mediana y la pequeñita. (Hay que señalar que este esquema no es el habitual, en la mayor parte de las versiones de la Pesadilla del profesor se parte de las tres cuerdas mostradas en su distinto tamaño y luego se muestra cómo se igualan.)

A lo que vamos, sacas del bolsillo las tres cuerdas sujetándolas de modo que se vean las tres iguales (si no conoces el manejo, te aconsejo que investigues y lo estudies, ya que esta rutina es una pura maravilla). Esto sería la primera acción sedal, ya que, por el aspecto que presentan las cuerdas en tal posición, los espectadores asumen desde el primer momento que tienen más o menos el mismo tamaño.

Ahora bien, no digas “parto de tres cuerdas iguales”, pues entonces puede suscitar sospechas por parte de algunos espectadores. Repito, dejas que lo asuman.

A continuación, realizas otra poderosísima acción sedal: la cuenta falsa de las tres cuerdas. Esta maravillosa cuenta permite que los espectadores vean claramente cómo se cuentan una a una tres cuerdas de similar tamaño.

El hecho de insistir en el hecho de que son tres y de contarlas constituye una misdirection temática para dirigir su atención sobre un asunto menor e intrascendente (el número de cuerdas) y para que de este modo asuman, sin cuestionárselo, que las tres cuerdas son iguales.

Finalmente, tras el pase mágico, cambias de sujeción y muestras las cuerdas desiguales. (En realidad las muestras tal y como han siempre han sido desde el primer momento.)

Es importante señalar que en ningún momento de estas ejemplarizadas rutinas los espectadores constatan plenamente la situación inicial.

En efecto, la baraja nunca se muestra abiertamente azul al principio y las tres cuerdas tampoco se dan a examinar para mostrar su igualdad de tamaño.

En otras palabras, las acciones sedal que buscan que los espectadores asuman una situación inicial falsa se aplican en rutinas donde, obviamente, no se puede mostrar abiertamente esta situación inicial porque no lo es de verdad.

(En otro tipo de esquema de construcción, donde si se muestra abiertamente la situación inicial y luego, tras una trampa, se deja asumir sutilmente que la situación inicial no ha cambiado, entonces hablaríamos de acciones de continuidad aparente. Las acciones de continuidad aparente muestran la continuidad de una situación inicial que se ha establecido claramente al principio de la rutina, mostrándola abiertamente -incluso a veces dando a examinar los elementos a los espectadores-. En nuestros ejemplos de la baraja que cambia de color y de la pesadilla del profesor no es así, por lo que no hablamos de acciones de continuidad aparente, sino de acciones sedal.)

 

2. Acciones sedal cuyo objeto es la asunción de una falsa condición clave para que se aprecie el efecto.

Este segundo tipo de acciones no apuntan a que el espectador asuma una situación inicial falsa, sino más bien que asuma una condición falsa necesaria para que el efecto tenga lugar.

Vamos directamente con un efecto que te va a aclarar la cuestión.

Efecto: Predicción sedal

Imagina el efecto siguiente. Muestras un sobre con una predicción. Extiendes una baraja y le explicas a los espectadores cómo está formada, hablas de sus palos y números, mostrando algunos de ellos. A continuación buscas abiertamente los comodines y los extraes, explicando que la predicción contiene una carta determinada y no un comodín.

Entonces extiendes la baraja de dorso y le pido a un espectador que recorra la cinta con su dedo extendido hasta pararse en un punto determinado. Se gira la carta correspondiente. Se abre la predicción. Coinciden.

La solución es trivial: cartas repetidas. La cuestión es que la baraja no se puede dar a examinar, sino que hay que hacer que los espectadores asuman la falsa condición de que es normal, compuesta por cartas distintas. Para ello partes de una baraja de cartas iguales, salvo un grupo de 14 ó 15 cartas situadas en la parte inferior de la misma. Este grupo está separado por dos comodines del resto de cartas iguales.

Al principio, hablas de la composición de la baraja extendiéndola de cara por las primeras cartas. Ésta es la primera acción sedal, ya que los espectadores ven cartas indiferentes mientras charlo sobre los distintos palos de la baraja. Dicho sea de paso, tu discurso sobre la descripción de la baraja ejerce de misdirection temática, ya que permite que los espectadores perciban inconscientemente el grupo de cartas diferentes que muestras, sin que puedan cuestionarse la posibilidad de pueda haber cartas repetidas aparte de este grupo, ya que está pendientes de la descripción.

(Dicho sea de paso, es importante señalar que una cierta misdirection temática puede y debería estar presente en algunas de las acciones sedal que realices precisamente para potenciar esta función de convicción inconsciente. La misdirection temática es un concepto interesantísimo que se analizará más adelante a través del blog.)

Vuelves a cerrar la extensión y entonces finges darte cuenta de que tienes que extraer dos cartas que no contempla la predicción: los comodines. Para extraerlos vuelves a extender abiertamente la baraja hasta llegar a ellos, que es precisamente el límite a partir del cual empiezan las cartas repetidas. Aquí entran en juego los conceptos de restricción liberada y restricción ampliada, concepto que se explican en el ebook que regalo por suscribirse al blog. Has mostrado todo el grupo de cartas distintas con la excusa de extraer los comodines. ¿Qué mejor acción sedal para convencer a los espectadores de nuestra condición falsa de que todas las cartas son distintas? Observa cómo de nuevo aquí se da una misdirection temática en el momento de la acción sedal: la búsqueda de los comodines que no son objeto de predicción.

Ahora basta con extender las cartas de dorso y pedir al espectador que recorra despacio la cinta con su dedo extendido hasta detenerse. Aprovechas el momento de darle las instrucciones para que sobrepase el grupo de cartas distintas y pueda así detenerse obligatoriamente en una de las repetidas.

A veces las acciones sedal pueden ser más espectaculares. Recuerdo en una actuación para el Círculo Mágico Granadino en la que vino un mago que mezclaba magia y mentalismo en su show de un modo muy equilibrado.

Al final del espectáculo este mago sacó a un espectador y le pidió que pensase en un personaje de la historia. Sin apuntar nada en ninguna parte (nada de trabajo de papeletas, ni centro roto, para los mentalistas que me estén leyendo), el espectador se concentró en su personaje, sin más. El mago anotó algo en su pizarra. Al preguntarle éste que revelara en qué personaje estaba pensando, el espectador dijo que en Julio César. Acto seguido el mago giró su pizarra. ¡Bingo!

Tras el show, todos los miembros del círculo discutían sobre cómo podía haberse logrado tal proeza. Yo lo tenía claro y así lo expresé: el espectador debía estar compinchado. No había otra. O acaso el mago realmente podía leer la mente.

Todos se opusieron a mi teoría. No podían creer que hubiera habido compadreo en aquella ocasión. Y, curiosamente, no podían creerlo por una razón muy simple. Ese mismo espectador le había hecho la vida imposible al mago en una anterior carta al número donde éste lo había elegido como voluntario.

Mi teoría era que todo aquel conflicto había sido simulado para constituir una insospechada acción sedal cuyo objetivo era convencer al público de una condición necesaria para el efecto: la de que el espectador y el mago no se conocían, ni habían arreglado nada previamente.  En sus trabajos Kenton Knepper habla de este tipo de técnicas que alejan la sospecha del compadreo cuando realmente se usa algún tipo compinche, sea éste consciente de que está siéndolo o no.

La condición de no estar compinchados era básica para que un efecto de lectura de la mente tan directo tuviese tal impacto y sin que suscitase sospecha alguna. Todo el teatro del conflicto en el efecto de la carta al número, donde el espectador había intentado reventar el juego nombrando erróneamente en un par de ocasiones la carta que había visto al principio y su actitud antipática habían establecido una magnífica acción sedal para que los espectadores asumieran la condición de no compadreo.

 

Tras unos instantes en suspenso y de bajar y subir las escaleras sin entender qué hacía aquella familia en mi piso es cuando fue consciente de lo que había sucedido. ¡Me había equivocado de portal! Mi error había sido la falsa situación inicial. Los portales de mi calle de entonces eran muy similares, lo cual ocasionó tal error (junto con mi despiste, muy acentuado en aquella época).

La primera acción sedal fue que ¡¡¡la llave del portón de abajo abrió!!!

Por lo visto, las cerraduras eran muy similares y mi llave también abría aquél portón. Fue entonces cuando recordé el especial trabajo que me había costado abrir pero en aquel momento no me había percatado del hecho. La coincidencia del piso y de la letra constituyeron la segunda y tercera acción sedal. Y luego el rayado de la puerta (cuarta acción sedal), diferente que el de mi puerta como luego caí, pero rayado al fin y al cabo. Todo lo anterior me permitió asumir que todo estaba en orden y que me hallaba ante mi puerta. El sedal siguió tirando suavemente de mí hasta que aquél tipo con bigote me abrió la puerta (efecto mágico, mi piso ya no es mi piso).

Había asumido una falsa situación inicial por una serie de acciones sedal: la de que me hallaba ante mi piso cuando nunca fue así. 

Segundos después entraba en mi piso de estudiante sin okupas a la vista…

 

¡AHORA TE TOCA A TI!

Comparte con nosotros algún tipo de acción sedal clave para alguna de tus rutinas, ya sea una acción sedal del tipo 1 o del tipo 2. 

Y, como siempre, si tienes alguna duda acerca del concepto explicado o acerca de su aplicación en una rutina concreta, si hay algún punto con el que estés especialmente de acuerdo (o en desacuerdo) o si quieres matizar o aclarar algún punto, siéntete libre de realizar cualquier comentario más bajo o por privado (a mi correo potenciatumagia@gmail.com).

 
¡Y si te ha gustado especialmente el artículo, compártelo!

NOTAS FINALES
1. La anécdota es totalmente verídica y sucedió en mi época universitaria. Eso sí, la he optimizado un poquito para que reflejara mejor el concepto (el rayado de la puerta es producto de mi imaginación).

 

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4 pensamientos en “LA ACCIÓN SEDAL por Mariano Vílchez

  1. ¡Por fin he entendido el concepto de la acción sedal (AS)! Leyendo a Ascanio no me quedaba claro del todo, porque se me mezclaban las AS con las acciones de continuidad aparente (ACA)… pero más o menos intuía que eran un tipo de sutilezas que ayudaban al engaño ante una situación inicial falsa, pero… claro, pensaba que eran lo mismo que las ACA y me hacía la picha un lío.

    Hace dos años, tras haber leído “La depuración constante de lo mismo” de Gabi, resurgió el tema… y me pareció haberlo comprendido, pero aún estaba muy difuso el concepto en mi cabeza, porque ni siquiera Gabi sabía delimitar las AS y se apoyaba en una carta de Javier Piñeiro, quien copiaba lo que decía Ascanio, que las AS se diferencian de las ACA en que son propias de los juegos de suspense, que se diferencian en su “ánimus”, que las AS se proyectan hacia el futuro… Pero el tema del autoconvencimiento me jugó una mala pasada. De lo que había leído, deducí que as ACA eran físicas, materiales (como una carta de cubierta), que recordaban mostrando una situación inicial (SI) (ya distinta antes del momento mágico) y que las AS eran gestos o acciones que se hacen como sin importancia, para que el espectador se autoconvenza de que la SI sigue igual (por ejemplo, tras haber sido firmada por la cara una carta doble, soplar, voltearla y empujar la sup -¿un dummy?- a la punta de los dedos mientras la mano derecha palpa por la cara esa carta a ver si deja mancha o ya está seca). Luego, una noche cenando con Gabi y Pedro Bryce tras un seminario, le pregunté a Gabi a ver si me lo podía aclarar y se abrió debate. Pedro me comentó (al igual que tú en tu artículo) que las AS eran para autoconvencer al espectador de una SI falsa desde el inicio. Yo, autoconvencido en mí mismo de que las AS eran sutilezas gestuales, inmateriales, que no dejan huella… no me conseguí quedar mucho con la copla de lo que Pedro hablaba, porque mi mente iba por otros caminos. Tras tu artículo, ha quedado todo más que claro. =)

    Aún así, me asalta una duda. Llevo entre manos una rutina de agua y aceite con cuentas elmsley en la que tras el primer efecto, cuando ya están separadas rojas y negras, quedan los paquetes como un paquete de 4 cartas rojas (una de ellas en realidad negra) y el otro de 4 negras (una era roja). Intento ver dónde están en esta rutina, con tres separaciones de los colores, las ACA y las AS y no me aclaro en definir cada momento, porque la situación final de cada efecto constituye la situación inicial del siguiente… y ahí encuentro difuso el tema… ¿podría considerarse la corroboración del efecto anterior (las elmsley) como una AS que logra asumir la condición falsa de que los paquetes son de cartas del mismo color?

    Muchas gracias y genial el artículo.

  2. Gracias, Luis por este interesante comentario.

    Tanto las ACA como las AS pueden ser de índole física (si se pueden constatar con los sentidos) como de índole psicológica (si se sugieren sin que intervengan los sentidos). En el efecto del cambio de color de la baraja las AS son físicas, ya que se pueden constatar con los sentidos: El estuche se ve azul, la carta top se ve azul y luego la mezcla hindú muestra aparentemente dorsos azules.

    En el efecto de ejemplo del artículo, Predicción Sedal, también se ven cartas indiferentes (con la excusa de quitar los comodines), con lo que es un AS física. Otra cosa es que yo cogiera la baraja de cartas repetidas y, viendo yo las caras, nombrase mis cartas favoritas del mazo como si las estuviera viendo, quedando en el recuerdo de los espectadores que esas cartas indiferentes estaban en la extensión. Esto sería una AS de índole psicológica.

    También hay que recordar que el tipo 2 de AS es importante. Muchas AS de este tipo permiten que asuma una condición necesaria para que exista efecto y no se encuentre solución al misterio. Ahí tienes el efecto Predicción sedal en el que las AS están pensadas para hacer asumir que todas las cartas son diferentes, condición relevante para que se aprecie (e impacte) el efecto de la predicción.

    Otro ejemplo de AS tipo 2 son, por ejemplo, todas las acciones sedales de Joaquín Matas en su estupenda versión de la ranita. Al final es impensable que se usen cartas repetidas en la rutina, de ahí su fuerza.

    En cuanto al interesante debate que citas de Ascanio, Gabi, Piñeiro y Bryce, comentas un par de cosas ciertas y que encajan con lo dicho aquí:

    Las AS se proyectan hacia el futuro y son más propias de efectos donde prima la sorpresa y no puede ser de otra manera. Si no se ha dado a examinar inicialmente la situación inicial y sólo se ha dado a entender o sugerir mediante AS, no podemos afirmar que un efecto se va a producir de antemano porque enseguida los espectadores van a querer corroborar físicamente la situación inicial. Imagina que sales con el estuche azul, sacas la baraja con carta top azul y después dices que la baraja se va a convertir en roja. ¡Pues van a querer corroborar cada una de las cartas para ver si son azules de primeras! Se entiende que estos efectos de cambio aparente -como yo les llamo- donde se parte ya de la situación inicial y se usan AS para dar a entender otra situación, realmente sólo pueden transcurrir como sorpresa si quieren ser eficaces.

    Las ACA pueden ser propias del juegos de suspense (aunque también se pueden usar en juegos sorpresa). Esto también encaja, ya que para que se dé una ACA tiene que haberse constatado claramente con los sentidos (vista, oído si hace falta y lo que se tercie) la situación inicial, dando incluso a examinar los elementos en ocasiones. Luego viene la trampa principal (a veces hay varias) y luego se establece la ACA, mostrando que nada ha cambiado. A partir de ese momento se puede anticipar el efecto, ya que estamos en situación final y el espectador no se lo puede imaginar, ya que constató todo claramente al principio y ahora lo vuelve a constatar con la ACA (a lo mejor no con tanta claridad pero el recuerdo de la constatación inicial le vale). Podemos ahora avisar del efecto y tras el oportuno gesto mágico hacer que ocurra. ¿Qué más se puede pedir?

    Finalmente en el juego del agua y aceite que comentas, una vez que se mezclan los colores y, tras la trampa, muestras con una elmsley que se han separado, esa enseñada elmsley en realidad un efecto aparente, ya que los colores no están realmente separados (a no confundir con el falso efecto, concepto que viene explicado en otro articulo del blog y que consiste en un efecto aparente inmediatamente seguido de una trampa en relajación que transforma ese efecto en real). A lo que vamos, ese enseñar los colores separados mediante cuentas elmsley es un efecto aparente desde el punto de vista del final de esa primera fase, al tiempo que es una acción sedal en relación con la fase siguiente. Y es que en esa segunda fase los espectadores asumen falsamente que se parte de cuatro rojas y cuatros negras cuando en realidad no es así. Es acción sedal porque se muestra una situación de partida falsa que se sugiere visualmente (de forma maravillosa, eso sí ¡viva la elmsley!) pero que no es tal, lo mismo que en el cambio de color parece partirse de una baraja azul y no es así.

    Madre mía la que he liao.

    Gracias por obligarme a explayarme. Seguro que tu comentario y la respuesta aclararán las dudas de muchos lectores. O al menos así lo espero.

    Un fuerte abrazo.

  3. En el siguiendo la reina de gaby pareras (buscar en youtube), hace una acción sedal cuando muestra una carta indiferente a la reina, tratando de transmitir de que todas las cartas que la acompañan no son reinas.

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