8 CRITERIOS PARA SABER SI UN JUEGO DE MAGIA ES PARA TI por Mariano Vílchez

cartas al pesoSeas amateur o profesional, es capital que llegues a elaborar un buen repertorio de juegos que vayan con tu personalidad y estilo, que además disfrutes haciendo y que impacten en tu público.

Sin embargo, hay tanta información disponible hoy en día que a menudo estamos confusos a la hora de seleccionar qué efectos elegir para practicarlos más en serio y llegar a hacerlos regularmente en público.

A veces empezamos dedicando tiempo y esfuerzo a un juego, sólo para descubrir más tarde que no va con nosotros y no funciona en público. En otras ocasiones, en cambio, dejamos pasar un juego eficaz que encaja con nuestro estilo sólo porque compite en nuestra mente con otros juegos ofrecidos por la sobreabundancia informativa que nos inunda.

En este artículo te voy a dar 10 claves para saber de inmediato si un juego es para ti o no, y si merece la pena dedicarle más tiempo y esfuerzo.

Obviamente, alguna de estas claves responde a mi estilo personal y a mi forma de ver la magia. Otras claves, en cambio, sí que sirven para la mayoría de gustos y estilos.

Allá voy.

Un efecto puede ser para ti, si cumple alguna de las siguientes características:

 

1. El efecto es claro, fácil de entender.

A los magos nos gustan las rutinas más complejas y las variaciones de efectos básicos. Hemos visto mucha magia y hasta cierto punto nos aburre lo conocido.

En cambio, los espectadores profanos no suele tener nuestro bagaje, por lo que van a disfrutar perfectamente de efectos más simples y directos.

Si rutina es muy compleja o es una variación de un tema conocido, puede ocurrir que ganemos en número de efectos o giros inesperados, pero a costa de perder claridad.

Otra cosa es toparnos con espectadores conocedores acostumbrados a ver magia. Entonces quizá si apreciarán la variación dentro de lo conocida.

Otra posibilidad es combinar una rutina que vayan desde lo simple a la variación.

Podrías por ejemplo realizar el triunfo clásico (que la mayor parte de los espectadores no han visto) y a continuación presentar el triunfo de Bannon, que se valorará y entenderá mejor una vez que se ha presenciado el clásico.

¿Y cómo sabe uno si un efecto es claro?

Un efecto claro es aquél que un espectador puede describir a otro con muy pocas palabras tras haberlo presenciado.

¡La carta firmada subía una y otra vez!

¡Las monedas pasaron de una mano a otra y luego desaparecieron!

¡Los ases se juntaron en un mismo paquete!

 

2. El efecto tiene que ser capaz de engañar a la mayoría de los espectadores.

Esto parece una obviedad pero no lo es. Tienes que asegurarte de que el juego funde los plomos a la mayoría de tus espectadores.

Para cerciorarte, sólo hay un camino.

Pruébalo con gente de confianza, gente que no se corte a la hora de decirte cómo va si sospechan algo.

En mi caso, si pasa el filtro de mi mujer (conocedora y sufridora desde hace muchos años) y de mi grupo de amigos, entonces sé fehacientemente que engañará a la mayor parte de los profanos.

 

3. Si el efecto es un clásico de la magia, entonces ya tienes cierta garantía.

En su libro Maximum Entertainment, Ken Weber aconseja a los neófitos que quieren adquirir efectos de magia que compren prioritariamente efectos clásicos afianzados  por el paso del tiempo, y que desconfíen de las novedades hasta que desarrollen un poco más su paladar mágico.

Efectivamente, años (y a veces siglos) corroboran la eficacia probada de clásicos como los cubiletes, los aros chinos, la bolsa de Malini o la carta ambiciosa.

Sabemos que estos juegos funcionan y ahí están dispuestos para que los trabajemos, los renovemos, y les demos nuestro toque personal.

En cambio, las novedades que prometen tanto, a menudo ocultan una desagradable sorpresa, siendo muy inferior a soluciones con métodos clásicos consolidados.

Tal y como twiteé hace poco:

Sin hilos, sin imanes, sin tocar, sin preparación, sin manejos complicados. O sea… una mierda.

 

4. El efecto tiene que sintonizar con tu estilo de magia.

¿Y qué es eso del estilo?

El estilo comprende muchas cosas: tus técnicas favoritas, los temas recurrentes de tus presentaciones, tu discurso, tu tempo a la hora de actuar y hasta tu sentido del humor.

También comprende tus efectos y métodos favoritos, las condiciones de actuación que más te van (por ejemplo, si usas, o no, la descarga al regazo, con lo cual privilegiarás o no la posición sentada), etc.

En el fondo, llegar a conocer tu estilo propio es algo paralelo a construirte un buen repertorio.

Para que entiendas mejor la idea, te voy a hablar de mí.

En mi caso…

Me gusta la magia impromptu. Por ello, cuando me topo con un juego que necesita la preparación de las 24 cartas superiores, automáticamente sé que no es para mí. Sé de antemano que no lo voy a hacer nunca.

Me gusta el mentalismo, así como darle un componente mental a la magia de cerca.

Me gustan las presentaciones ficcionales y trascendentes. Esta característica me lleva a interesarme en efectos susceptibles de expresar tales enfoques.

No me gustan (salvo alguna excepción) las demostraciones de juego.

No me gustan las florituras (no por cuestión visceral, sino por decisión mágica, aunque las pueda disfrutar en otros magos).

Me gusta usar el regazo en mis rutinas de monedas.

Me gustan los efectos donde el espectador siente que hace la magia.

Me gustan los efectos con elementos comunes, objetos cotidianos.

No me gusta ocultar algún elemento extra durante el juego. Por ello, en la mayoría de las rutinas que realizo con cartas y monedas prefiero los llamados métodos “puros” (sin moneda o elementos extra), aunque también hago alguna excepción a esta regla, siempre que el efecto lo merezca.

En cuestión de elementos me gusta el minimalismo.

Si me topo un efecto con dos barajas y cuatro dados, intento simplificarlo hasta quedarme con una sola baraja y dos dados.

Llegados a este punto, si puedo eliminar los dados físicos y conseguir que el espectador lance unos dados imaginarios, mejor que mejor (aquí sale mi preferencia por el componente mental de los efectos).

Me gustan los efectos desconocidos, los que nadie hace porque se esconden en los libros…

Y así…

Dedícate unos momentos en tomar conciencia de cuál es tu estilo, tal y como acabo de hacerlo yo. En cuanto lo hagas, automáticamente desarrollarás una especie de radar que te permitirá reconocer con más facilidad los efectos acordes con él.

Reconocerás mucho antes cuándo un juego es para ti.

 

5. El efecto tiene que tener la capacidad de revelarnos, de mostrar parte de lo que somos.

Eugene Burger afirmaba que, a pesar de que siempre le había gustado el efecto de la Wrapped card, habían pasado muchos años hasta que se había decidido a hacerlo.

Y cuando lo hizo, fue porque se le ocurrió una presentación que hablaba de su visión personal acerca de las religiones. El efecto narraba ahora la tortura de una carta para criticar los excesos de la Inquisición y Eugene no realizó el efecto hasta que dio con esta presentación.

Si el efecto te da fácilmente pie para hablar de alguna pasión, de algún punto fuerte o debilidad personal, adelante…

 

6. El efecto puede llegar a ser de técnica inexistente.

Con este concepto de Luis García se pueden expresar muchas cosas.

Una de ellas es que puedes llegar a dominar técnicamente el efecto, llegando a no ser consciente de las técnicas que usas, sintiendo que haces magia verdadera.

Otra ventaja es que el efecto sea reseteable, sobre todo si actúa repetidamente en restaurantes o cócteles.

Según señala genialmente Tommy Wonder, el hecho de tener que resetear un juego antes de cada actuación te vuelve consciente de la idea de truco, de que no eres mago en realidad.

Si el juego resetea automáticamente, te sentirás mago durante toda la sesión.

 

7. El efecto es del gusto del público.

Sí. Puede que no te guste demasiado el efecto pero lo has probado en público y a la gente le encanta.

Entonces quizá deberías hacerlo.

Cuenta Eugene Burger que las bolas de esponja no son su estilo, que no es un juego que le guste especialmente hacer. Y sin embargo terminó por incluirlo en su repertorio por la demanda insistente de los espectadores cada vez que se ponía a actuar, tan fuerte era la aparición final del montón de bolas en la mano del espectador.

Si los espectadores recuerdan un efecto mucho tiempo, a pesar de que a ti no te guste, plantéate la posibilidad de incluirlo en tu repertorio.

Puede que el efecto no te convenza, pero si trabajas en él, a lo mejor puedes encontrarle una presentación que te seduzca (y de paso al espectador), que hable de ti y de quien eres (punto 5).

Si yo hiciera el efecto de las bolitas, buscaría una presentación que hablara sobre la abundancia, o las múltiples oportunidades que te da la vida.

De este modo hablaría de mi filosofía personal y procuraría dejar una huella positiva en los espectadores.

 

8. El efecto te fascina sin más desde hace tiempo, sin que puedas remediarlo.

No hay más cera que la que arde. Hay efectos así. Efectos que a lo mejor no cumplen ninguna de las condiciones anteriores y que, sin embargo, nos obsesionan.

Es como si nos hubiera elegido ellos a nosotros.

Puede que el efecto nos hechizara la primera vez que lo vimos.

Puede que hasta despertara nuestra vocación de magos.

Puede que esté expresando a nivel inconsciente cómo somos o cómo nos gustaría ser.

Si te encuentras con un efecto así, no lo dudes. Ve por él (de todas formas no tienes otra opción) y encuentra la mejor presentación y enfoque posibles.

Llegará a ser muy especial en tus manos.

 

¡Y AHORA TE TOCA A TI!

 Me gustaría saber qué criterio sigues para elegir un efecto.

¿Cuál de estas claves te parece más efectiva para ti?

¿Hay alguno efecto que te fascina desde siempre? ¿Sabría decir el porqué de esta fascinación?

 

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