10 IDEAS PARA POTENCIAR LA CAPACIDAD DE ASOMBRO (1ª PARTE: EL ESPECTADOR)

aroni-738302_1280 (1)De pequeños, todo nos fascinaba.

En una ocasión, Luis Arza me contaba que, si bien una actuación de globoflexia no era necesariamente mágica para los adultos, sí que era lo sin ninguna duda alguna para los niños.

La facilidad que tiene el mago para moldear un material que suele estallar a la más mínima, y, no sólo moldearlo, sino transformarlo en espadas, perros y otras sorprendentes formas no puede por menos que ser sorprenderlos a un nivel mágico.

Y sin embargo,  para un adulto, la globoflexia, si bien puede entretener y divertir, ya no tiene ese halo mágico el que sí goza en la infancia.

De niños, todo es mágico y fascinante. Desde un globo que se moldea hasta una pompa de jabón que surge de una varita mágica, se suspende en el aire y desaparece con sólo tocarla. Esa luna que nos sigue por la calle, el arcoíris tras la lluvia o una inesperada estrella fugaz en una noche veraniega.

Pero aunque ya no los percibamos como tales, estos efectos primigenios dejaron su huella en nosotros. Por eso resultan especialmente entrañables que resulta las fabulosas pompas de Finn Jon o la maravillosa magia de globos de Jean Philippe, dos artistas que logran que volvamos a percibir como efectos mágicos los que siempre lo fueron mientras fuimos niños.

Y sí, aún percibimos de vez en cuando alguna magia en fenómenos determinados y circunstancias precisas.

Y sí, podemos experimentar ocasionalmente la sensación de asombro ante el misterio insondable una noche estrellada de agosto, en un cortijo rural donde no haya farolas que eclipsen la luz titilante de esas luminarias infinitas.

Y sí, podemos disfrutar sin palabras de una luna que sale del mar cogidos de la mano de esa preciosa chica con la que acabamos de iniciar un romance no oxidado aún por el polvo de la rutina, con ese contacto fresco del que saltan chispas por la inocente novedad.

Sí, hay momentos y fenómenos mágicos per se, pero es como si cada vez fuesen menos frecuentes. Son reminiscencia del niño que fuimos, y hasta del hombre primitivo que una vez llegamos a ser.

Pero la mayoría de las veces tales fenómenos han perdido por complemento su carácter mágico. Y esto no sólo afecta a los fenómenos naturales y a las maravillas de la naturaleza, sino también a la extraordinaria evolución tecnológica de la que hemos sido testigos en tan poco tiempo.

¿Por qué hemos perdido hasta ese punto nuestra capacidad de asombro?

Responder a esta pregunta es vital para nosotros los magos, que tenemos como misión, entre otras, intentar que nuestros espectadores la recuperen, al menos durante el breve instante de nuestra actuación.

Para mí hay tres razones claves para la pérdida de la capacidad de asombro: sobrevalorar la explicación científica, aferrarse a lógica y haberse acostumbrado a las cosas.

 

1. Sobrevalorar la explicación científica

Te explican algo científicamente y su halo desaparece. En realidad, sigue siendo una maravilla natural o tecnológica, pero tú ya “sabes” como va, y ya no te impresiona tanto.

Te dicen que un arcoíris es el resultado de la difracción espectral de la luz, que el sol sale y se pone porque la tierra gira sobre sí misma, o que la pompa de jabón es fruto de una compleja estructura de moléculas y tensiones.

Y ya está. Se acabó el misterio y la fascinación por tales fenómenos.

Con el ilusionismo pasa lo mismo. El mago enmascarado explica a los profanos algunos trucos rudimentarios, y si algo no cuadra, acuden luego a YouTube para tratar de aclararlos del todo. Y entonces, salvo que tengan alma de magos y empiecen a valorar el ingenio de los secretos, normalmente se desencantan y acaban menospreciando nuestro arte.

Y a veces basta con que pillen o conozcan algo del método para que desprecien la rutina entera.

En una ocasión hice para unos amigos una ingeniosa carta al número que preparé con mucha ilusión. Para aderezarla, se me ocurrió usar papel flash.

En una especie de ritual, la persona que había nombrado la carta, lo hacía con la bola de papel flash en la mano y luego se lo pasaba al que tenía que decir el número. Entonces, yo cogía el la bolita, la prendía con un mechero y la lanzaba a la baraja, produciéndose una potente llamarada por el camino. A continuación se comprobaba asombrosamente que la carta nombrada estaba en la posición requerida.

Al principio se creó un clímax mágico estupendo. Pero entonces un amigo farmacéutico comentó que sabía cómo iba lo del papel flash, ya que por su formación en ciencias químicas conocía su posible fórmula, y así podía explicar por qué había ardido de esa forma tan espectacular.

Fue decirlo y en ese preciso momento todas las caras fascinadas se recompusieron.

En un segundo, por el simple asomo de explicación científica, se esfumó toda la atmósfera mágica.

¡Ya no importaba la imposibilidad de que una carta nombrada hubiera pasado a una posición elegida! No. ¡Sólo importaba el puñetero papel flash del que alguien sabía científicamente porque ardía de esa manera!

Para mear y no echar gota. Pero así es.

 

2. Aferrarse a la lógica.

Algunos espectadores tienen pánico a dejarse llevar por el asombro. Tienen miedo de lo misterioso, de lo desconocido.

Sólo si pueden analizar y encontrar un método a los efectos que presencian (aunque suponga acudir a YouTube tras la actuación), se quedan tranquilos.

Si no pueden encontrar explicación a una rutina, es igual. Su lógica les dice que tiene que haber un método, que la magia no existe, y éste es el mantra que repiten para no dejarse envolver por la sensación de asombro.

 ¡Algún truco tiene que tener, joder!

 No sé cuál es pero sé que hay truco.

Chicos (a sus amigos espectadores) no flipéis tanto. Esto no es más que un truco.

Afortunadamente no todos los espectadores son así. Eso sí, cuando te los encuentras, resulta bastante descorazonador.

 

3. La costumbre, el dar por hecho las cosas.

Sabemos que amanece, lo damos por hecho, y pocas veces nos levantamos temprano para ver amanecer. Ya no le damos valor.

Hemos visto miles de pompas de jabón en nuestra vida, por lo que ese artista callejero que hace pompas gigantes para niños apenas si nos detiene unos instantes en nuestro paseo por la ciudad.

Estamos acostumbrados a la tele, al móvil y al ordenador. Ya no damos valor a estos milagros tecnológicos.

Incluso en el amor desgasta la costumbre. El roce de unas manos en los comienzos de una relación da lugar a que salten chispas, pero con el tiempo la sensación va perdiendo intensidad, hasta que un buen día, vamos caminando por la calle con nuestra pareja sin reparar siquiera en que estamos cogidos de las manos.

Sólo cuando nos falta algo, lo echamos de menos y lo volvemos a apreciar.

Un dolor de muelas nocturno nos hace valorar el goce y la paz de la salud.

El coche que se estropea nos hace tomar consciencia de la enorme ventaja que supone poder trasladarnos a cualquier sitio en cualquier momento. ¡Eso sí que es libertad!

Una temporada de separación con nuestra pareja (o, mejor aún, una disputa) y las chispas vuelven a saltar cuando se rozan manos y cuerpos.

Y ahora, una vez enunciados estos tres factores, planteémonos la pregunta clave que da origen a este artículo.

¿Cómo podemos volver a potenciar la capacidad de asombro en los espectadores?

Ahí van diez ideas. Espero que alguna de ellas te inspire.

 

1. Blindar nuestros juegos ante el análisis del espectador analítico e informado.

No hay garantías de que, si un juego está blindado ante cualquier intento de análisis, vaya necesariamente a despertar la capacidad de asombro en todos los espectadores, pero al menos es un paso.

Si un efecto es fácil de desmantelar, entonces apaga y vámonos.

Sí, el espectador de nuestros días está profundamente informado pero nosotros tenemos que ir por delante. Debemos optimizar la construcción de nuestros juegos, estudiando y aplicando con inteligencia los conceptos teóricos relevantes y pertinentes para ellos.

La suerte es que toda esa información es invisible y el espectador no va a encontrarla en YouTube.

La magia es, de entrada, imposibilidad. Luego, ya vendrán los distintos enfoques que queramos o podamos adoptar.

Yo tenía un amigo que veía al mago enmascarado y buceaba horas en YouTube en busca de secretos y trucos. Se jactaba de que la magia había perdido atractivo para él, ya que podía “pillarlo” casi todo.

Un día me lo llevé a una sesión de Daortiz y se quedó mudo. “¿Qué has pillado?” le pregunté con tono guasón al salir de la sesión.

Su cara era un poema. “Absolutamente nada.” KO técnico. Creo que algo de su capacidad asombro se recuperó en aquella velada.

 

2. Cuidar la duración de los efectos, así como las rutinas donde el efecto se repite varias veces.

Ya hemos visto que la costumbre acaba con la capacidad de asombro, por lo que es lógico que si un efecto dura demasiado o se repite muchas veces en una rutina, puede producirse la habituación de los espectadores, de modo que va perdiendo fuerza a lo largo de su estructura.

Una bastón bailarín puede ser lo más mágico del mudo, pero si el número se alarga más de la cuenta, entonces los espectadores se acostumbran al milagro, dejan de valorarlo e incluso empiezan a tramar soluciones para el movimiento. Como sostiene Michael Ammar, las levitaciones tienen que durar lo justo -y ni un instante más- para dejar buen sabor de boca.

Una rutina de repetición de efecto, como por ejemplo una buena carta ambiciosa, tiene que ser muy buena a nivel de construcción. Debe utilizar un método alternativo en cada fase, de modo que su produzca una cancelación recíproca de posibles métodos en la mente del espectador que intente analizarla.

Si por ejemplo una subida de la carta se produce gracias a un enfile (lo que impide que el espectador vea la carta firmada insertada en el centro), en otra fase utilizaré otro método en que sí que introduciré la carta realmente en el mazo para cancelar esta posible hipótesis.

Al mismo tiempo, procuraré que las condiciones sean cada vez más difíciles. Introduciré fases más divertidas, alguna en mano del espectador y alguna otra más visual (el pop-up de Larry Jennings, por ejemplo). Esta variedad –junto con el increscendo de dificultad-  compensará la repetición y evitará la habituación de los espectadores, alejándolos de cualquier asomo de aburrimiento.

Esto es también aplicable en rutinas de repetición basadas en un mismo método.

Si realizo por ejemplo una serie de adivinaciones de cartas basadas en una ordenación en Si Stebbins, iré de menos a más. Al principio, por ejemplo, el espectador cogerá una carta y la adivinaré. Luego, cogerá varias y las adivinaré también.

Al final, un espectador cortará varias veces la baraja en mesa y una serie de espectadores cogerán una carta de arriba, mientras estoy girado. Cuando acaben, acercaré el estuche vacío para que introduzcan el mazo -aprovechando ese momento para ver la carta inferior- con lo que ya estoy preparado para realizar el milagro final de adivinar las cartas de cada espectador sin haber tocado ni siquiera la baraja.

De menos a más, así garantizamos el interés y el máximo asombro.

Dicho sea de paso, este variedad aplicada a las distintas fases de una rutina, también podemos hacerla extensiva a todo nuestro espectáculo.

En nuestro show debería haber todo tipo de momentos, efectos en los que estemos solos en el escenario, efectos con un espectador, efectos hablados, efectos sólo con música, momentos cómicos, otros más trascendentes…

Y una última idea. Si eres aficionado y no profesional, acostumbrarás a actuar repetidamente ante amigos y familiares.

Una vez más, y en coherencia con la idea de este epígrafe, no conviertas tus actuaciones en una costumbre. Si siempre que te ven, actúas, llegará un momento en que dejen de valorar lo que haces. Sé un poco más selectivo. Espera que se genere un clima especial donde realmente encarte magia.

Y sé preciso en cuanto los efectos que elijas. Que vayan para la ocasión y para el tipo de gente.  Varía los efectos de una vez a otra. Además, guárdate alguno muy bueno y exclusivo (ese que siempre te piden) para las ocasiones realmente muy especiales. Darás que hablar con este efecto porque no todos los amigos y conocidos lo habrá presenciado.

Y cuando lo presencien será realmente especial.

Si sigues los consejos del párrafo precedente, tus actuaciones no sólo no serán tediosas ni aburridas, sino que se harán desear cada vez más.

 

3. Potenciar lo lúdico, el juego y la diversión, aspectos claves de la infancia.

¿Cuantas veces en las actuaciones de Tamariz hemos visto este afán de crear esa jocosa atmósfera de diversión y guasa, sembrada de humor blanco y bromas infantiles.

 ¡Qué esto es “pa” pasarlo bien chiquillo!

Este enfoque divertido, lúdico, supone una cierta regresión a la infancia, idea que el propio Tamariz ha expresado como estado mental deseable a la hora de asistir a un espectáculo de magia.

Y regresar a la niñez es volver a un estado donde la capacidad de asombro aún seguía intacta.

El mentalista Marc Salem también potencia esta actitud jocosa y lúdica en su particular enfoque del mentalismo, como oposición a un enfoque más serio y más propenso generar retos y desafíos intelectuales en los espectadores.

En resumidas cuentas, un ambiente de juego, de humor y de sana diversión propicia que los espectadores se dejen llevar por el mago en sus propuestas de asombro, dejando atrás toda actitud retadora y analítica.

 

4. Encontrar presentaciones que seduzcan la imaginación del espectador: enfoque ficcional.

Si enredamos la racionalidad del espectador y lo seducimos con una idea que rija y envuelva el efecto de principio a fin, entonces desactivaremos en gran medida su tendencia analítica, por más fuerte que ésta sea.

Esta idea o ficción (en términos de Gabi Pareras) -ya sea poética, seudocientífica, lingüística, matemática, filosófica o lúdica- va a suponer una maravillosa y continua misdirection de cuarto grado, que va a envolver al espectador de principio a fin, lo mismo que un cuento o un juego seducen a un niño de manera absoluta.

El enfoque ficcional de la magia es una gran apuesta para potenciar la capacidad de asombro y será tratado ampliamente en futuros artículos vinculados a este blog.

 

5. Encontrar presentaciones que aporten un plus a los espectadores: el enfoque trascendente.

El enfoque trascendente, aparte de seducir profundamente al espectador –lo mismo que el ficcional- también aspira a aportarle un plus al espectador, un impacto positivo en su psique.

Cuando el espectador sienta que el efecto va dirigido especialmente a él, que pretende conectar con su propia vida y hacerla un poquito mejor, es más probable que baje la guardia analítica y se deje llevar para ver qué puede aportarle ese juego a su vida.

 

EN BREVE, 10 IDEAS PARA POTENCIAR LA CAPACIDAD DE ASOMBRO (2ª PARTE).

 

 

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2 pensamientos en “10 IDEAS PARA POTENCIAR LA CAPACIDAD DE ASOMBRO (1ª PARTE: EL ESPECTADOR)

  1. Hola Mariano,

    Como siempre un placer leerte. Permítete una pequeña corrección: en varios artículos, al igual que en este, atribuyes el movimiento de Carta Ambiciosa “Pop-Up” a Larry Jennings. Es seguro que Jennings no pudo ser el creador ya que este pase apareció publicado por primera bajo el nombre de “The Pop-Up Card” en Expert Card Technique (1940), cuando Jennings contaba con la edad de siete años y aun no era aficionado a la magia… Hasta la fecha se desconoce su autor y lamentablemente puede que nunca lo conozcamos. Únicamente se sospecha que este movimiento tan maravilloso puede deberse, como tantas otras ideas geniales y desacreditadas en Expert Card Technique, a Dai Vernon que “casualmente” es el creador de la rutina (no del efecto) Carta Ambiciosa tal y como la conocemos hoy.

    Un abrazo,

    Pedro Bryce.

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